
El único hecho incontrastable en la vida de Pablo Scatizza es que nació.
El resto es de los acontecimientos en torno a la vida de este moderno pensador son más extraños y tambiñen más cuestionables.
Scatizza es un tipo que escribe "serio", pero él no es tan serio como parecen sus escritos. Ni por asomo.
Por eso en esta web lo hemos retado para que aquí deje un poco el academicismo de lado y se anime a escribir cosas más mundanas.
Y como buen tano aceptó el convite.
Scat nació en La Plata hace como 34 años, y siempre dice que lo hizo un domingo a las 4.30 de la tarde, justo cuando la Bruja Verón (padre) clavaba un gol en el arco de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Asegura que eso es lo que le contó su abuelo (por más esfuerzos que hace, él no se puede acordar) y que por eso es hincha de Estudiantes.
Como muchos de los que quieren incursionar en los medios de comunicación, Pablo encaró por el lado de la radio, pero después de muchos intentos se dio cuenta -¡lo hicieron dar cuenta!- de que era mejor escribiendo que hablando. Es por eso y solo por eso que salió del aire para sentarse frente a una computadora.
Fue voleibolista, gimnasta, triatlonista, paracaidista y guardavidas, vida sana que abandonó por los libros, una banda de rock y "el buen vino" (dice él, nosotros lo hemos visto beber "Mansero" carlón en caja tibia).
En la segunda mitad de los noventa, una década de la que todos hablan pero nadie hizo nada al respecto para que no sea tan despitucada, se tomó un año sabático en Europa. No imaginen al típico nene de clase media acomodada. Primero porque Scatizza ya no se cuece al primer hervor desde hace rato, y segundo porque se fue sólo con pasaje de ida y una mochila.
Detrás de esta experiencia trasatlántica llegaron otros barcos a su vida: el matrimonio y los hijos, con quienes descubrió que el actual mundo de los dibujos animados iban más allá de Meteoro y Astroboy.
Cuentan las malas lenguas que cuando egresó de la secundaria no sabía muy bien qué hacer de su vida, y como le tenía pánico a la electricidad se anotó en Ingeniería Eléctrica, para perderle el miedo “científicamente”.
Años más tarde, y mientras cursaba el quinto año (lerdo, tano pero lerrrrdo...) se dio cuenta: la ingeniería no era lo suyo.
Luego de esquivar los garrotazos de su padre se metió de lleno en el mundo de la Historia.
En sus horarios libres, y mientras termina la tesis que lo hará Licenciado en Historia (ya díganle Licenciado, por favor), Pablo escribe para (8300) y otras publicaciones de distribución nacional.
Su tesis está re buena, pero él es un verdadero pelmazo para explicarla. Así que si se lo cruzan (virtualmente o en vivo) ni se les ocurra tocar el tema.