
El disco se llama: Yusuy Es de: Alejandro Franov Tocan: Alejandro Franov, Santiago Vázquez, Ernesto Snajer, Pablo Ramos, Dante Yenque y Edgardo Cardozo Se consigue: en diaquerías especializadas, en conciertos y a través del Club del Disco
Yusuy es blanco. Es un disco tan delicado que por momentos es imposible de escuchar sin la auténtica "suma atención" puesta de cara al equipo de música.
Esta, la última placa de Alejandro Franov es una escultura de arenas de diferentes colores. Una niña de quince, una preciosidad de fragilidad extrema.
Hay un momento en el que te engancha. Prendido al disco, lo escuchás una y otra vez y puede que hasta te diviertas imaginando las distendidas sesiones de grabación que lo originaron, las anotaciones espirituales que puede que hayan quedado plasmadas en algunos cuadernos que Franov debe haber utilizado como hojas de ruta para conducirse en la autopista del estudio de grabación. Fantasías, bah.
Yusuy es estimulante. Hagan una prueba: verifiquen vuestro pulso y latidos del cuore durante la audición de Parque, pequeña obra que te abre los sentidos como en una vieja calesita en abril. Es un juguete espiritual chiquito, una petit dimensión que se abre para que las almas urbanas cierren filas en la tranquilidad, materia casi desconocida para los que no paramos de correr.
Imagino un porteño mirando por la ventana del alquilado departamento "f" del doceavo piso, entrando en la mesmerizante propuesta de La rural y escapando más allá de la barrera del smog, a caballito del armonio de Franov y la simpleza casi invisible de la guitarra de Snajer.
La primera canción del disco aparece recién en el track cinco, y te sorprende. No por el grado de impericia que Franov pudiera tener para componer una canción; más bien todo lo contrario: luego de mecerte el reloj del hipnotizador frente a la cara con instrumentales etéreos, Franov te despierta del semisueño meditabundo con una canción liviana pero placenteramente ganchera. Esto es -si se me permite la cursilería- como despertarse de un buen sueño, y que allí estén, trayéndote un desayuno a la cama.
La sensación de estar entrando a un disco de canciones se desvanece inmediatmente, en el track seis, un Franov multinstrumentodo vuelve a saludarte con otro de sus pases de hipnosis. Detrás, o por sobre encima, o tal vez adelante (vaya uno a saber...) se encuentra Santiago Vázquez de Puente Celeste tocando todo lo que sea sutilmente percutible. Vázquez es un copiloto, es también (quien lo haya escuchado en cualquiera de sus proyectos lo sabrá) un auténtico colgado. Es decir: dos potencias se saludan.
Sutileza. A esta altura del disco sutileza es una palabra que resulta casi demasiado obvia para calificar; pero no debe haber una mejor para nombrar una placa en la que... ¡reina la sutileza!.
Si ya entraste a Yusuy, track siete del disco, perdiste tu partida y el control de todo: ahora el tiempo es de Franov. ¿Estabas apurado, estabas estresado?... es tarde, ya no hay tiempos habituales que te rescaten. Quizás un timbre o un teléfono puedan sacarte ese estado de mesmerización que te han puesto. Pero si no... has caído en la red. ¿Hay un bit electrónico en Yusuy... o será otra jugarreta ilusionista franoviana?
El disco avanza y hay como un aura gismontiana que te sigue transportando (¡en Huemules si que hay bits!), es como si Iván Lins se hubiese fumado un porro gigante y ya no le calentara ser taaaaaan prolijo. El sonido del acordeón es insistente. Increiblemente no cansa.
Dice Franov que Yusuy es su "disco histórico" (porque compila temas de diferentes partes de su vida), y también dice que esas canciones eran "música recurrente", música que le "venía a la cabeza todo el tiempo". Yo suscribo muchísimo más al segundo dato que al primero. No me importa cuando compuso Franov estos temas, lo que más me asombra es lo felizmente parecidos que son entre sí, y como con un disco de estas características (¡parecido!) consigue meterte en una paleta cargada de coloraturas, sea a través de la caja de música que es Dentro o en el paseo agrícola de Prepampa.
Hipnosis y viaje son dos términos que bien podrían utilizarse luego de usar hasta el cansancio el de sutileza
¿New age?, ¿étnica?... a nadie puede interesarle demasiado una definición para este pequeño disco gigantesco que puede ponerte en oriente y en Brasil al mismo tiempo (Para la Mbira) o en un pequeño sega vendido en un mercado de pulgas de la India (Ritmosha). Franov tiene todo bajo control y para él pareciera no importar demasiado adonde está la barrera: puede ser existencial (pasando el mar), puede estar enredada en Africa (como en los coros iniciales de Flan) o en la piedad budista (Memoria, una canción preciosa).
Franov te devuelve recién el track diecinueve. Ya te dio Gismonti, te dio Hermeto, un poco de Beatles intimista, folklore argentino camflado, arreglos de... ¡corno! y un uso del Korg 01 que nadie hubiese imaginado fuera de una habitación.
Si, este disco te quita el protagonismo, te empuja a hacer lo que él quiere. Es Fantástico. Altamente recomendable para seres urbanos sobrepasados del smog espiritual que venden en cualquier esquina.

El disco se llama: Otra Sanata Es de: Tango Crash Tocan: Daniel Almada, Martín Ianaconne, Marcelo Nisinman, Gregor Hilbe, Marcio Doctor, Rodrigo Dominguez, Christian Gerber, Yosvany Quintero, Lopecito, y Nicolás Nobili Se consigue: en diaquerías especializadas, en conciertos y a través del Club del Disco
Ojo: no hay que engañarse con la fanfarria inicial de Balbón. No sean impacientes, esperen al track dos: Otra Sanata llega para certificarte que éste es un disco negro. Ostinato
Tango Crash no es ni por asomo otro proyecto más de los que ya se suman al caballito de batalla del tango electrónico. Tampoco es miembro del club de los hijos clonados de Don Astor . Ni siquiera es parte de la más respetable nueva camada de tríos y agrupaciones que tocan el nuevo tango como si fuera viejo.
Tango Crash es un proyecto inquietante. Demasiado sincero... descarnadamente sincero. Bajo la capa musical de sofisticación en bits, cellos y bandoneones en permanente ostinato, Tango Crash te muestra muy poco de la Buenos Aires del glamour tanguero, y te estampa en la cara la impronta bestial de esa megalópolis sofocante que es hoy la que antes llamaban Reina del PLata
Puede que el disco te de un respiro de esa humedad smog impregnante con un instrumental como Ojos negros (un dulce responso de Martín Ianaconne y sus cellos stereo sobre la vieja idea de Greco y Porteño), pero inmediatamente volverá a lanzarte al calor del asfalto y el tufo de las alcantarillas con el obsesivo tronar de Milonga Parque Aguirre.
Este disco está grabado en tres ciudades diferentes del planeta. Pero siempre es Buenos Aires. En ese sentido es mucho más tango que muchos discos de neo-puristas que andan dando vueltas por allí.
Otra Sanata es una placa cargada de obsesiones musicales. Y de las otras también. Posee frases sueltas que son más porteñas que el puesto de Paty de la 9 de Julio. "Te guardás un par de días", "escuchame, ¡te estoy hablando!", "aflojale un poco al pucho", "hasta acá llegaste...", "No griten, acá no pasa nada", "Que frío, mejor me tomo un taxi" Y la lista sigue.
Pero como... ¿hay canciones? Sí. Muñeca fallada es la mejor. Una poesía de amor tan universal que podés trocar la mina y poner en su lugar un tipo, una ciudad, un proyecto de país. Eso tienen de bueno las letras así... tan descarnademente abarcativas. "Caliento las palabras hasta dejarlas rojas" escribe Nicolás Nóbili para que Lopecito cante con ese don histriónico que calza justo (es muy pituco, pero un pelín más histriónico y bardeaba...)
Los planos sonoros que se majena en el disco todo son estupendos (esto será mérito de Almada, Ianaconne, Marcio Doctor y Gregor Hilbe, cuarteto productor del disco). Las cosas que pasan en el disco, pasan con estilo... el bandoneón puede venir de otra dimensión, montado en histéricas triadas (como en Lightning rod tango), o puede ser el hijo de un relato existencial (como en Desintegrados... ¡que buen saxo que tiene este tema!). Siempre hay de por medio una sutil programación electrónica, a veces no es tan sutil que digamos, más bien imponente (Tensión eterna, lo más cercano al tango jazz del disco) se alza con el tono y pinta aún más de negro a este pequeño huracán de tango negro que es este disco. Los pianos están grabados con un sonido bien pero bien clásico y los cellos... re dark.
Y también hay testimonios. Del porteño bohemio medio (las conversaciones sueltas de La última curva... "Son estos los reflejos de la Ciudad Lúgubre/ que me llegan acá, a este/ este es el mundo lustrado./ Noche oscura/ letra torcida/ ciudad sorda/ charco.../ Aunque grite acá no pasa nada" Por otra parte: ¡que buen piano el de Almada!), o de quienes nos han llevado adonde estamos (Balbón, Evitalos... en este último caso la base electrónica es re Zooropa, y el saxo: salvaje).
El disco cierra con un casi atonal intermezzo (El balero de Daniel) y con el mejor tema del disco: Milonga para Alberto, una canción que sella el intenso tenor de esta placa, aguas turbias en una BUE que es una jungla. En medio de este desmadre de cartoneros y backlights se levanta un fantasmal viejo tanguero y desde el link de los emoticones del MSN sonríe fatalmente e interpreta como puede una ciudad que no entiende del todo: "Me se escapa el barrio/ en este paisaje foráneo/ deja vu de tango/ resucito confundido/ Porque el ritmo de moda/ que me lo bailan todos/ y no entienden nada/ y como se divierten/ Bestias... tilingos.../ el dolor es un boliche que nunca pisaron/ Hay miseria en las discos/ los tilingos toman agua/ se apagaron el bocho/ y están a la chapas". Si esa no es LA confesión de un disco negro...
Sorprendente. Como lo fue un proyecto como Hal 9000 (Samalea, Nalé y Gianinni, ¿se acuerdan?) a finales del siglo XX, pero ahora: en el XXI. Menos etéreo, por el contrario: sumamente concreto. Una porción de pizza ácida clavada en el Uggi de Av Belgrano y Santiago del Estero un martes a las tres de la mañana.
Fernando
Martes,15 de noviembre de 2005
PICANDO EL DISCO
Tábanos molestando:(1)
Han hecho juntada de tabaneros alguna vez? Estaria poner un dia y hora y juntarnos a tomar unas buenas birras no? digo, se me ocurre, de repente, en este día gris... alguien se prende?
[Molestá con algo]