
- Concentración total
01) World
Que algunos avivadillos mercachifles de la industria del disco hayan encontrado la veta salvadoramente salvadora en lo marketineable de la world music no quiere decir que no existan artistas capaces de sacarte de viaje por el planeta con el solo barco de su música y sin la colorida parafernalia publicitaria que rodea a este tipo de "sucesos".
Pedro Aznar sabe, cultiva y vive la música del mundo desde hace muuuuchos años; muchos más de los que tienen muchos de esos sellos que viven de hacerse la plata con lo exótico. Eso quedó demostrado el jueves, cuando todos -hasta los más ajenos, los que fueron porque sus novias se lo pedían o porque "queda bien" ir a verlo- paseamos fascinados en el barco de Pedro
02) Sus chicos
Pedro Aznar suele campear temporales solo, con su bajo, su set de guitarras, sus secuencias, la caja challera y esa voz que el señor (en el caso de que éste exista) le ha dado. Para él no es problema salir de gira solo.
Pero si sale con sus chicos la fiesta es total.
Acompañado en la percusión por su socio de años, Facundo Guevara, el tipo que es capaz de transformarte el bombo de Domingo Cura en la batería de Oscar Moro (¡o en la de Paco Sery¡) y en los teclados por Andrés Beewsaert, el equipo Aznar es absolutamente demoledor. Rockea allí donde es necesario (Flores horizontales, donde Aznar... ¡hasta agarra la púa!), matiza al punto del susurro cuando la sala menos lo espera (Farewell, amo el amor de los marineros) y hasta te pone a bailar en plan rave cuando ya contabas con tristeza que el concierto había terminado (Fe ciega, faca afilada)
Para lograr todo esto Pedro cuenta con estos dos tipos, que por momentos parecen -y disculpen el lugar común- amigos de toda la vida.

- Andrés lleva la trutruka al viaje
Andrés Beewsaert no solo es un gran tecladista (lo ha demostrado ya con Malosetti y con Salinas), capaz de darte groove del más citadino y pasar sin escalas a lo que mi hermano con la boca abierta definió como "folklore a lo Jarret" (quien haya escuchado su participación en la versión que hicieron el jueves de María Landó no tiene dudas al respecto...).
Pero hay una faceta menos conocida del pequeño Andrés, quizás un poco oculta detrás de los egos escénicos de Malosetti y Salinas (cosa que Pedro no tiene, no tuvo y a esta altura dificilmente tendrá): el tipo es un excelente cantante. Lo ha demostrado en el último disco de su trío de folklore, Aca Seca Trío y sobre las tablas del jueves lo confirmó: puede ser el susurro que complemente a "A cada hombre, a cada mujer" o puede "hacer de Pedro Aznar" (mientras este "hace de Suna Rocha") en "El seclanteño".
Y Guevara... que decir, ah

- Facundo: mil manos
Que se va al mar con la canción de Aznar/Neruda, que vuelca las uñas y las hace cascabelear a la vez que el hi-hat suena como en si fuera un sample de Fat Boy Slim, y con la mano que queda castiga el cajón peruano creando una sonoridad tan demoledora que el mismísimo Bonzo Bonham hubiera largado el chupi solo para que se la enseñara. Guevara es un tipo tan formado como iintenso, tan técnico como brillante, tan medido como desaforado (su solo fue para aplaudir de pie). Es decir: el colega ideal de Pedro.
03) No es lo mismo

- ¡A ver esas manitos!
Si bien aquí se ha hablado demasiado de los talentos personales, ahora tendrán que olvidar todo lo dicho.
Sí, sí... los tres son estupendos instrumentistas. Sí, sí... Pedro es capaz de hacer la estridente y melódica trompeta de "El faro de los ahogados" (solo incluido) ¡con el bajo! y eso es imprsionante.
Pero nada de eso importa demasiado cuando lo que uno busca es el resultado final
Aquí lo importante es loque se transmite. Lo importante es que el Cuchi abandone la plaza de snobismo rococó que le han puesto muchos lavadores de la música folklórica argentina. Y eso pasó en la intensa versión de la "Zamba del carnaval" que tocaron. Lo importante es que el rock recupere simpleza emotiva, que fue lo que pasó con las versiones de "El rey lloró" (Los Gatos), "Tu amor" (La más hermosa canción de amor honesta del rock argento) o con las desesperadas y enérgicas versiones de "Ideología" (un Cazuza auténtico) y "La carne" (de Seu Jorge).
Aquellas son las cosas que importan: que brillen las décimas combativas de la chilena Elizabeth Morris Keller, o que sobrevuele la poesía cósmica de la luna de Atahualpa, que Lennon vuelva a recitar el libro tibetano de los muertos en una "drumática" versión de "Tomorrow never knows".
En fin: que te saquen de viaje, y el paisaje sea tan hermoso como intenso.

Lunes,24 de julio de 2006
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Tábanos molestando:(12)


