
“El analfabeto político es el lacayo de los explotadores del pueblo” BERTOLD BRECHT.
El miedo al mensaje que existe por nuestros días es infernal y a esta altura del partido no es para nada nuevo. Desconfiamos o desacreditamos todo lo que nos dicen, no queremos saber nada con “ideologías perimidas” o “ideas polítizadas”. Vamos por la vida llenos de prejuicios en contra de los mensajes (y las ideas que ellos contienen), mientras los escaparates del mercadeo del “no-mensaje” se mantiene cada vez más bien cuidado y lleno de ofertas inútiles en las que se nos invita a ser “nosotros mismos” sin reparar en ningún momento en los otros. Eso es lo que le conviene a quienes sostienen este mercado. Eso es lo que terminamos aceptando, y encima nos creemos muy listos por temerle al mensaje.
Por eso hay que agradecerle infinitamente a Walter Salles que haya introducido el mensaje de manera tan sutil en su última película.

Camuflado entre lo anecdótico y lo divertido, entre lo sentimental y lo superfluo, sobrevuela toda la película (y sobre todo en la segunda mitad) el mensaje, entidad temida y negada por los grandes públicos del planeta.
Quienes tuvieron un acercamiento al guión original de José Rivera, admiten que el trabajo de Salles por no recibir el descrédito inmediato de estar demasiado apegado al bronce del Che fue realmente exhaustivo.
Los colegas no acostumbran a citar a otros colegas en sus artículos críticos. Todavía no se si esto es por una cuestión profesional o simplemente de egos.
Estas cosas dicen que no se hacen, pero confesaré abiertamente aquí mismo que Rolando Pérez Betancourt escribió una crítica sobre esta película y hay un pasaje que es citable, sintéticamente perfecto. Describe muy bien la tarea "desapegadora" de Salles, y dice: “Ni subrayados políticos ni grandilocuencia. El triunfo de este filme hay que buscarlo en la aparente ‘no intencionalidad’ de su intencionalidad”. Tal cual.
Quizás este desapego a la estampita le resultó más fácil al escoger el género que eligió (inevitablemente) para contar esta historia: la road movie. Una película de viaje siempre ha servido para contar los cambios internos que sufre una persona a medida que viaja. Cuando parte es uno, cuando llega es otro. Eso es una fija y siempre ha dado muy buenos resultados. La road movie es la artífice por excelencia de las peripecias/catarsis moderna: los héroes nunca serán los mismos al culminar el viaje que han emprendido. Obviamente que el asidero y la verosimilitud del cambio interior de una persona en tránsito no es un invento privativo del cine o la literatura, más bien es una verdad de la vida misma y por eso es automáticamente aceptado por cualquier espectador en cualquier parte del mundo en el que se le plantee en una sala de cine que alguien ha cambiado luego de viajar.
Y más si ese viaje es por este continente todo.
EL CHETITO CON ASMA

A más de un historiador le ha preocupado mucho enfatizar sobre la “conversión” de Ernesto Guevara Lynch De la Serna, el pibe de clase media acomodada casi sin conciencia de clase, en el revolucionario comandante Che Guevara. En este sentido hubo siempre infinidad de apologistas y críticos de ese cambio, y a casi todos les ha seducido demasiado contar el específico momento del cambio sufrido por el joven médico argentino, haciendo hincapié en un antes y un después demasiado marcado, casi instantáneo, una suerte de catapulta que sirve para enaltecer y santificar a este luchador. O para desmerecerlo. Este cambio siempre se viste de “milagro” o de "pecado", dependiendo del enfoque ideológico que se le de a la visión.
Lo mejor de la película de Salles es que le escapa a este falso dilema de reflejar un cambio radical en la personalidad de Guevara. Es decir: ni sube a la moto en Buenos Aires un chetito con asma, ni sube al avión del final en Venezuela un guerrillero consumado. De cabo a rabo en la narración que plantea Salles vemos al mismo chico tímido, atento a su entorno, jugado en sus ideas más íntimas, pendiente de muchas de las decisiones que pueda llegar a tomar su compañero de viaje (un tipo unos años más grande que él). Aunque a Ernesto el viaje lo transforme, en esencia es el mismo Guevara al principio que al final del film.
CON O SIN TI... ROS

El cambio interno de Guevara que se muestra en “Diarios de motocicleta” tiene la sutileza que agradecíamos al principio de esta crítica. No se explicita demasiado en diálogos recargados o escenas redundantes.
Esto (por suerte) no es Hollywood.
Aquí hay pincelazos sueltos para configurar un todo. Si prestamos un mñinimo de atención a los detalles vemos que Guevara lee durante todo el viaje. Eso no es casual.
Guevara interpela a Granado casi como al pasar en medio del encantador silencio del Machu Picchu: “¿Una revolución sin tiros?, vos estás loco”. Eso es decisivo.
Guevara no quiere usar guantes para tratar con los leprosos. Eso es pristino.
Guevara aprovecha la extroversión de su amigo para tomar contacto con la gente en el camino, y escucha atentamente todo. Eso es clave.
Es esta sucesión de pinceladas bien mostradas la radiografía de una personalidad jóven y solidaria en tránsito hacia el compromiso social más difícil de aceptar: una revolución. Por eso -porque la radiografía es buena- entra como trompada en el espectador la secuencia en la que en la noche misma de su cumpleaños, en un leprosario en pleno Amazonas, el joven Ernesto levante su copa y brinda con sinceridad (y un lógico pelín de grandilocuencia) por una república única y gigantesca: Latinoamérica toda.
Bien por Salles, bien por sus actores, bien por un guión original que trasunta el cambio pero no te lo tira por la cara. Bien por el amor al mensaje en tiempos poco propicios para alentarlo. Bien por la sensación final que te queda al salir de la sala, ese sabor a que vivimos en una sociedad global que no está demasiado interesada en pensar en el otro, que se conforma con pensar de manera individual, a lo sumo familiar e intimista.
Esta es una película de aventuras, eso es cierto. Pero hay aventuras más interesantes y útiles que otras, ¿no?


Jueves,10 de febrero de 2005
Cuadrito x Cuadrito
Tábanos molestando:(9)


