
La película fue dirigida por nuestro amigo Clint Eastwood y está basada en la batalla de Iwo Jima (en japonés La Isla de Azufre). Para resumir la historia: Iwo Jima es una islita al sureste de Japón que el ejército estadounidense ocupó en 1945 para usarla como base de operaciones aéreas. La resistencia japonesa estaba compuesta por 21.000 soldados pobremente armados, y recibieron a una fuerza invasora de 250.000 soldados estadounidenses, 70.000 de ellos marines. ¿Alguna relación con la historia de los 300 espartanos? Y si: a los estadounidenses les llevó 35 días de durísima batalla tomar la isla, colocar su bandera en la cima del monte Suribachi y sacarse esa foto que casi todos hemos visto. La película cuenta el lado japonés de esta batalla.
Cartas desde Iwo Jima cuenta muchas historias: las de los soldados japoneses y su visión de la batalla, contadas a través de sus cartas, ya que la inmensa mayoría no sobrevivió para contarlo. Si hay una historia central, es la del Teniente General Kuribayashi (interpretado por Ken Watanabe, muy parejito y consistente) quien estuvo a cargo de coordinar la defensa de la isla, tarea que se vuelve insufrible cuando se sabe que la derrota y la muerte son inevitables.
Clint Eastwood también filmó, casi simultáneamente con ésta, otra película llamada La Bandera de Nuestros Padres, que cuenta la misma historia, sólo que del lado estadounidense. Como no he visto La Bandera de Nuestros Padres no podría decir si el viejo Clint tomó partido por uno u otro lado; en Cartas desde Iwo Jima no se ve parcialidad: es más bien una mirada que se agudiza en lo personal. Ejemplo: la tradición dice sobre esta batalla que la férrea resistencia de los japoneses fue quizás el motivo por el cual los Estados Unidos luego lanzó la bomba sobre Hiroshima, pretendiendo asi "cortar por lo sano" en vez de meterse en una serie de interminables batallas pírricas.
Uno luego se imagina que los japoneses eran todos unos locos suicidas y que podian despacharse a 20 yanquis a puro sablazo con diez balas metidas en el cuerpo... y lo que se ve en esta película (que a mi me parece que se acerca más a la verdad) es que no es tan así; que los japoneses fueron capaces de defender su islita basados en la desesperación, el miedo y en la ineludible necesidad de improvisar atando todo con alambre y no reculando ni para tomar impulso. Y esto, para mi ver, habla de un gran heroísmo.
El punto de vista de Clint evita muy elegantemente caer en cualquiera de los dos clisés de las películas histórico-bélicas estadounidenses: el de los gringos superhéroes que pueden con todo, o el de los gringos fanáticos, ignorantes y malos. No hay críticas a las banderas, sólo a la estupidez y a la falta de sentido de las guerras a través de los ojos de los pobres diablos que tuvieron que verla de frente. En esta película los malos parecen ser los altos mandos que, desde lejos y desde uno y otro lado, mandaban al matadero a los soldados.
Qué quieren que les diga: a mi la película me gustó mucho. El viejo Clint nos viene regalando películas muy buenas, que apelan a la sensibilidad sin la grasada de los golpes bajos, y ésta no desentona. Una nota sobre la fotografía: muy al tono con lo emotivo de la película y con la época, el filme se ve en colores muy aguados, rayando en el blanco y negro.
Rococó
Martes,15 de mayo de 2007
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