
Sus callecitas atestadas de gente y niños. Un bullicio constante. Las plazas y el casco histórico ahora dentro de un programa de restauración hace unos años, el malecón con su ancha avenida. Autos viejos pero todos impecables. Tabaco. Un aroma que llega de los que por ahi fuman, pero rico, agradable, no como el cigarrillo tradicional super procesado. Negros hablando en voz alta. Madres regañando a sus niños. El museo de la Revolución. El museo de Arte Cubano. Una Bucanero con Eric en el Malecón mientras escuchamos el cañonazo de las 9. BiciTaxis que se te aparecen de pronto por cualquier lado sin siguiera avisarte. El parque central. El Capitolio. Las 133 banderas negras frente a la embajada de EEUU. el Vedado. La Rampa. Copelia, con sus múltiples colas para sus múltiples espacios. El Prado. Y al final, el recorrido a la casa, que haré durante todos mis días en La Habana: Agramonte hasta Luz, de allí hasta Damas, donde estaba el bar de la esquina, que atendía a veces un negro profesor de inglés y donde tomé mi primer ron en Cuba, y de ahi a la derecha hasta Acosta, donde doblaba a la izquierda media cuadra, frente a la iglesia de Sancti Spiritu, la mas antigua de La Habana, Acosta 162 Apto 4. La casa de Hector y Eric.
Dos cabras “pastan” en el patio arenoso de una iglesia destruida donde queda solo la fachada.
Uno me ofrece llevarme a Santiago por 50 dólares en su taxi que se caia a pedazos. A los 15 minutos estaba viajando en otro taxi por 5 dólares (luego de negociar porque pedia 10).
En una parada de la guagua los vendedores ofrecen malta fresca y helados. Las cucharitas que vienen con el helado son un pedazo de cartón recortado.
Un manto de moscas cubre un pedacito de carne cruda del tamaño de un maní, sin dejar ver a través de ellas, que está tirado en el piso en sala de espera de una parada de micros.
A todos los perros se les notan las costillas de lo flacos. Un paquete de fideos cuesta un dólar.
Un sueldo promedio es de 10 dólares mensuales.

Los únicos carteles de publicidad que se ven en ciudades y carreteras son los de publicidad de la propia Revolución.
Un campesino remueve la tierra de un campo de un par de hectáreas con asada, a mano.
Un arquitecto que trabaja en el turismo porque “deja mas” se descarga contra el sistema y Fidel porque estamos solos, alejados del resto de la gente en la parada de bus.
Ese mismo arquitecto me confiesa al rato, mirando alrededor nuestro, que aún estando solos estaba hablando con miedo.
Al subir a la M7 (gran bus de dos cuerpos) entregas un carton que dice escrito con birome “1 a Pie”.
Una espera de 2 horas para un bus urbano es normal.
Una mujer me pide que si tengo algo para regalarle o algo para escribir, una lapicera.
Hay tantos niños jugando beisbol en cada cuadra de habana vieja que hasta dificultan el paso.

En Copelia, las únicas heladerías en moneda nacional del país, hay cola de mínimo 15 peronas constantemente, desde que abre hasta que cierra.
Un pseudo taxista se frena en medio de la ruta (no baja a la banquina), apaga el auto, y se pone a charlar de la vida con el policia de tránsito que allí parado estaba, un amigo de él.
El conductor de un taxi colectivo, se detiene en medio de la ruta (este no apaga el auto), mientras bajan varios a tomarse unos jugos de frutas en un puestito al lado de la ruta.
Una conversación sobre homosexualidad, a raiz de la novela cubana, que dan Martes, Jueves y Sábado (Lunes, Miércoles y Viernes dan la brasilera), se lleva a cabo entre gente mayor, en un carrito tirado a caballo donde íbamos 9 pasajeros muy amablemente apretaditos.
Un tipo en un solitario pueblo un Domingo a mediodia se me acerca para invitarme a conocer a su hija y saber que dicen sobre mi vida los dioses y me muestra fotos al altar de santa bárbara, en una celebración de diciembre.
Una señora de unos sesenta y tantos años expresa con total convicción que no quiere el sistema capitalismo, aún con todas las desventajas y problemas del actual. Ella lo vivió de niña y se acuerda lo duro que fue.
Una negra de punta en blanco atendiendo en una farmacia se enciende un cigarrillo. Dentro de la farmacia. Atendiendo y donde hay gente.
Un negrito divino de rastas cuidadas y finitas, me ofrece un trago de ron dándome la botella en plena terminal de óbnibus (que obviamente acepté, luego de cerciorarme si no pasaba nada con la poli).
Las vidrieras son grandes cubículos vacíos donde hay 3 bulones y 7 sepillos de diente expuestos de forma que ocupen mas lugar.
Dos viejos decrépitos que no se de donde salen y de golpe los tengo al lado mio, con dificultad me piden un peso para el café. Acto seguido un tipo los manda “para adentro” que ya habian salidos dos veces esa mañana, era un hospital psiquiatrico. Y ahi marchan los dos viejos, juntitos, flacuchentos, que parecian mas borrachos que locos.
Una mujer cose mis sandalias rotas en su casa arruinada por el huracán, mientras espero en sillón traido para tal motivo al medio del dormitorio. “nos falta ahora aquel techo”. Un colchón viejo y dos tanques de agua hay en la habitación y una mesa.

Los sandwiches se exhiben del lado que tienen la mortadela o jamón, que solo ocupa 3/4 del pan.
Tres tipos le cortan el pezcuezo a un ave tipo pato al lado del mar en el malecón de La Habana vieja mientras cantan. Estaba todo bien porque el animal ofrendado no volvió sino que el mar lo tomó.
Un negro enorme, en zunga, se mete al mar con la botella de Habana Club hasta donde esta su mujer para que tome un trago.

En plena Habana Vieja lo único que se escucha a las 2 de la madrugada es un grupo de negros tocando unos tambores y cantando a lo lejos, y un gallo.
La gente pide una porción extra de helado en Copelia, y al irse lo menten en una bolsita de nylon o vaso plástico (cuidadosamente lavados ya y reutilizados muchas veces, hasta que se rompan) para llevarle a alguien de la familia.
Me deleito en todo el pais, en cualquier esquina o en el campo, con el aroma del café tostado, que se mezcla a veces con el maní tostado, que tanto se vende en las calles en conitos de papel.
mumm
Viernes,16 de junio de 2006
La importancia de llamarse inclasificable
Tábanos molestando:(5)
el "vamos bien (?)" me recuerda el "siganmEN".
nada.
[Molestá con algo]bonitas grajeas. Esta chica tiene un ojo muy agudo y una sensibilidad muy delicada.
[Molestá con algo]Muy lindas descripciones se leen en esta nota. Me gusta el detalle del negro enorme llevando el trago para su mujer, me gusta que cada tanto uno pueda ver otras culturas... otra vida. En la variedad se halla el gusto, ¿verdad?
En fin... que sigas con esa sensibilidad que el muchacho de aquí arriba notó que tenés.
Saludos
[Molestá con algo]Me alegra montones que los disfruteis... (estoy viajando con un andaluz y ya se me pego el gallego jeje) gracias tabano timido, gracias ale y los que se animan a comentar... porque la idea no es mas que compartir para evocar otras experiencias.
[Molestá con algo]Despues de leer el texto y los comentarios, me da la sensación que a quien escribe no le alcanza solamente con ojo agudo y sensibilidad. A lo mejor supongo que mucha gente debe tener esas virtudes, pero sospecho que no alcanza. Si de alguna manera, esto que leemos nos causa cierta sensacion, es que hay detras otra cosa. Galeano tiene un cuento corto muy lindo que se llama la funcion del arte, alli cuenta la historia de un chico que no conocia la mar, y utiliza esta imagen para expresar la funcion que segun él tiene el arte: el de ayudar a mirar. Si uno tiene cierta veta artistica, es usual que ese arte, no de una mano para ver de manera distinta, lo que a lo mejor pasa delante de nosotros y que no alcanzamos a transformar, a traducirlo en arte. A lo mejor estamos frente a un arte que nos ayuda a mirar.
[Molestá con algo]