
El otro día ví una película mediocre en Telefé. El tema central era el tiempo. Se trataba sobre un padre y un hijo que se hablaban por radio, solo que uno vivía a 30 años del otro.
El “chiste” de la película era que las auroras boreales servían para ese truco de la energía, entonces el pibe desde el “hoy” le hablaba al padre en el “ayer”. Se comienzan a hablar, y el pibe le dice “vos no podés ser mi papá, porque mi viejo murió hace 30 años, en un incendio”. El papá era bombero. Bueno la cuestión es que el pibe le dice como se va a morir y así le “salva” la vida en el pasado. Esto hace que cambie la Historia porque la modificación de ese hecho “pasado” modifica el “futuro”, es decir “este presente” del pibe.
Me había olvidado del asunto, ya que por lo general me quedo regulando con las cuestiones del tiempo, digamos que para mí son un entretenimiento mental que me mantiene “despierto”. Pero ya había olvidado la película berreta del siete. Ahora estaba esperando ser atendido en el hospital público. Me duele mucho la mandíbula, de noche muerdo como los perros con parásitos. Una cuestión nerviosa que creo no se cura.
Espero pacientemente sabiendo que no me darán más que un ibuprofeno o algo así, que me tendré que comprar algún medicamento terminado en “flex” que tenga miorelajante pa’ los nervios. Digamos que me dope un poquitito. También sé que la solución esta en ejercicios, en un mordillo para dormir, cosas que no me van a dar en esta guardia.
Es así que espero y comienzo a jugar con mi imaginación, me pregunto si seré capaz de ver “fantasmas", entes. Ver más allá de lo real de los cuerpos, de la materia.
Ver la energía. Me imagino que si soy capaz, este es un buen lugar: el dolor y la muerte se pasean por todos los pasillos del hospital. Cierro los ojos y me concentro en el asunto.
Como sobresaltado abro los ojos de golpe. Sentí que me caía y me asusté.. Me doy cuenta de que abrí los ojos como para tomar referencias, como para que de esta manera todo vuelva a la normalidad. Me pongo contento porque siento que estaba dando resultado el experimento. Pero siempre la conciencia me sabotea, se caga toda y exige una mínima seguridad.
Empiezo el ejercicio de nuevo, cierro los ojos y me prometo que esta vez pase lo que pase voy a abrir los ojos lentamente.
Comienzo como un viaje mental y trato de convencerme de que al abrir los ojos voy a ver gente que quizás no sea “real”. Me lo repito y lentamente abro los ojos. No pasa nada. Están los mismos de antes. Se acerca uno medio zombie, pienso que quizás él...pero un médico lo toma del brazo y se lo lleva mientras le susurra a otro “profesional”: sicosis. No es, está de este lado, desesperado, pero de este lado.
Pasa una mujer embarazada y me mira. Empiezo a fantasear que quizás esta mujer con su panzota que va de la mano de una nenita paseándose por los pasillos del hospital sea alguien que no es lo que parece ser.
Vuelve a pasar la embarazada, lleva un buzo de Zanon. Ahí comienzo a pensar que quizás me miraba porque nos habíamos visto antes por nuestra militancia. Otra vez la conciencia resuelve la adivinanza antes de que pueda seguir creyendo. La conciencia razona y me demuestra que lo que acababa de imaginar no era así, que todo era completamente lógico, pues todo tiene una explicación lógica en el mundo “real”.
Ya hace como una hora que estoy sentado en este banco y no ha pasado nadie a la guardia. Me digo que para creer que no existe el tiempo estoy bastante ansioso. Se asoma el que me tomo los datos y me llama por mi apellido.
Paso, y me indica que a la vuelta está el médico esperándome. No entiendo que es lo que me quiso decir, me doy media vuelta como para que me explique mejor y me dice que en el consultorio tres espere que ahora viene el médico. Otra vez a esperar. Esta vez algo más cómodo: sentado sobre la camilla. Empiezo de nuevo a jugar con mi imaginación y me pregunto si me estaré volviendo loco, o lo que es peor; si el día que pase me daré cuenta.
Ya no me concentro más y me comienzo a aburrir de esperar. No hay nada como para robarse como para convencerme de que no estoy perdiendo el tiempo acá, digamos como para ganar algo, pues mi tiempo vale y en el capitalismo: el tiempo es oro.
Como de la nada aparece un médico joven, no tiene casaca blanca. Tiene una medio azul, pero la verdad que no me acuerdo bien. No le presté mucha atención a su ropa, solo quería que me hiciera las preguntas de rutina y me diera mi medicina. Se me quedo mirando y me impactaron sus grandes ojos azules, no eran celestes, eran de una azul profundo, casi insondable. Tiró los papeles que traía en la mano sobre una mesa pero no me preguntó ni mi nombre, ni mi edad, barrio, obra social, nada.
Me preguntó que me pasaba. Le dije que me dolía la mandíbula porque muerdo fuerte mientras duermo. Me preguntó por qué estaba nervioso. Yo la verdad que me había preguntado eso mismo a la mañana cuando amanecí con la mandíbula dura, pero no había encontrado respuesta. Le dije todo eso.
¿Te preocupa qué le pueda pasar a tus hijos?- me preguntó.
No me dio tiempo a pensar demasiado, lo miré intrigado como para preguntarle como sabía que tenía hijos además de por qué suponía que estaba preocupado por ellos, pero sus ojos me enmudecieron; su mirada atrapó a la mía cuando iba a mirarlo, me envolvió en su mirada a medio camino de mirarlo, fue como si nuestros ojos hubieran sido animales y nuestras miradas esos animales en movimiento. Mis ojos, como una pantera se abalanzaron al ataque de los suyos esperando una respuesta, pero él antes de que los míos se pusieran en movimiento me los había atrapado y amansado con su mirada. No atiné más que a responderle:
Claro que sí.
Y ¿qué es lo preocupante?
No sé, que crezcan y no poder ayudarlos lo suficiente, que el presente los aplaste, que lo que nos pasó los perjudique para siempre, que se yo...
¿Crees que lo que pasó les va a afectar mucho?- me interrogó.
Sí, creo que sí. Encima la madre les ha contado tantas historias en mi contra que deben pensar que soy un monstruo a pesar de que sé que me aman.
¿Entonces que te preocupa?.
Eso, que sean lastimados -dije sin demasiadas precisiones.
¿Crees que el pasado es estático, monolítico?
No -respondí.
¿Crees verdaderamente en el tiempo?
No, pero nos regimos por él, es casi como que somos esclavos del paso del tiempo, es muy fuerte. A veces me obsesiona ese tema.
Te propongo una cosa. No como en las películas, pero vamos a viajar en el tiempo. Recordá un hecho intrascendente de tu pasado”, me dijo.
Eso es prácticamente imposible, si fue intrascendente no lo voy a poder recordar- le dije.
Está bien- indicó y comenzó como a buscar palabras en su mente.- “Si yo te dijera- susurro finalmente- que cuando niño te interpusiste entre tu madre y tu padre cuando éste la estaba golpeando. Que con tan solo cinco años enfrentaste a tu padre y le gritaste que dejara a tu madre en paz. Que sucedería si te dijera que entonces tu padre se abalanzó sobre vos y que tu madre le partió un palo en la cabeza. Luego todos se escondieron en tu pieza para después escapar en auto a Mar del Plata.
Nada, diría que no recuerdo nada de eso. Que lo tendría que recordar si hubiera sucedido.
¿O sea, que te estoy hablando de un hecho que para vos no existió en tu pasado?.
Exacto -respondí, y comencé a preguntarme de donde había salido este monigote que en lugar de darme un ibuprofeno se me hacia el Tu Sam.
Tu madre se operó luego, pero a vos te han quedado rastros de aquello. ¿Acaso ese ruido en la mandíbula no comenzó después de haber apretado horas y horas tus dientes escondiéndote en el ropero de la pieza antes de escapar a Mar del Plata? ¿Acaso no sentís desde entonces esa bronca y apretás los dientes ante cada injusticia y crees que no haces lo suficiente?, ¿qué pasaría si te dijera que sí hiciste lo suficiente y que fuiste muy valiente en aquella ocasión y en todas las que siguieron?, ¿sí te dijera que no apretarás más los dientes porque más de lo que has hecho no pudiste ni podrás hacer?. Sentí el olor a este hospital-dijo- que huele igual que todos los hospitales del mundo, ¿no viajas a través del tiempo cada vez que olés este perfume? ¿no volvés ha ser un niño?

Era verdad, cada vez que entraba a un hospital, los olores de los pasillos, de las salas, de las enfermeras, de los guardapolvos me hacían acordar a cuando era niño e iba a visitar a mi papá al hospital. Era una sensación extraña, creo que verdaderamente odiaba los hospitales, yo suponía que era porque estaban llenos de dolor, ahora este fulano me hacía dudar de ello. Luego recordé que siempre había tenido este ruido en la mandíbula, suponía que era una cuestión de nacimiento y de nervios, ya que cuando andaba nervioso se me ponía más dura, casi se me agarrotaba de tanto morder, sobretodo en las noches mientras dormía; pero nada recordaba de haber estado apretando los dientes escondido de mi padre en un ropero como decía él.
No entendía como este desconocido sabía más sobre las peleas de mis viejos que yo. ¿Cómo era que sabía eso del viaje a Mar del Plata?, viaje que yo tengo traspapelado en mi memoria, que sé que existió pero que no recuerdo con claridad..
¿Me creerías si te dijera -continúo- que resignificando ahora, hoy cosas de tu pasado, muchas cosas que sucedieron luego cambiarían de significado?. Que incluso este presente, en que sos quien crees ser, este en el que tu mamá es tú mamá y tu papá es quien es: todo y todos cambiarián. Digo, si ahora, con solo recordarlo, si cambiando una pequeña pieza, solo un detalle del pasado de lugar cambiáramos todo lo que le siguió. No digo como en una película en la que las fotos comienzan a borrarse, digo en este mundo real en el que “nada es verdad ni mentira todo s según el cristal con que se mira”. Supongamos que vos siempre creíste que nada habías hecho por tu madre, por frenar la violencia, que nada pudiste hacer por tus hijos, por frenar la violencia. Supongamos que recordás un hecho hasta ahora intrascendente que cambia toda tu forma de ver este presente. Ese hecho que vemos y modificamos cambia como en las películas este presente, aunque siempre es hoy, aunque siempre estamos recordando quienes somos ahora, en este mismo instante y después. Entonces ese pequeño hecho que ahora recordamos hace que tengamos que “resetear la máquina mental” para que los nuevos valores se actualicen. Es decir viajamos en el tiempo, siempre desde el presente que estamos recordando permanentemente que somos, pero al fin de cuentas hemos cambiado el presente yendo al pasado, lo que obviamente modificará lo que vendrá, pues ya no somos los mismos que éramos antes. Entonces vos estás entre tu mamá y tu papá así como luego estuvieron tus hijos entre vos y tu ex, y eso los aproxima más, los hace comprenderse, entenderse, casi adivinarse por decirlo de alguna manera.
Tenés que entender que el tiempo es en definitiva una experiencia psicológica, es totalmente subjetiva, por eso algunos momentos son eternos aunque pequeños. Ustedes tienen por eso un mambo terrible con las dimensiones de tiempo y espacio, tanto que quedan atrapados en jaulas invisibles. En nuestra psiquis no existe el tiempo, el inconsciente es atemporal, por lo que el psicoanálisis no hace otra cosa que viajar en el tiempo en definitiva. Pero en estos momentos con vos hemos viajado verdaderamente”.
Hizo una gran pausa como si volviera a ser el médico, como si dejara atrás al personaje que me había hecho “viajar en el tiempo”.
Pero bueno, no te preocupes más, toma estos ibuprofenos, uno ahora y otro dentro de ocho horas, y anda a un odontólogo a que te haga un mordillo, porque acá en el hospital público solo hacen extracciones.
Por eso andan todos sin dientes- atiné a decir con el reflejo que me quedaba mientras al mismo tiempo intentaba procesar mentalmente todo lo que me había dicho este tipo.
...y porque no se cuidan. Acá en Neuquén la gente no se cuida la boca, no sé qué es lo que hacen.
Me di cuenta por el comentario que no era de acá. También entonces me di cuenta que no era tan joven, es más empece a dudar que realmente fuera médico. Como si sintiera que mis sospechas despertaban, giró sobre sus talones, pegó media vuelta y salió del consultorio. No vi que llevara la carpeta con los datos de los pacientes, miré hacia la mesa rápidamente como para acercársela pero tampoco estaba allí, me levanté y presuroso junté todos mis abrigos para ir detrás suyo. Al salir al pasillo no había nadie. Aún deambulaba el psicótico, pero ni rastros del doctor.
Supuse que estaría en otro consultorio, así que encaré para la puerta de salida olvidando el asunto. El tipo de la entrada me dijo algo así como que esperara, que los disculpara, que ahora venían los médicos; que esperara un ratito más, que no me fuera. Yo le respondí que ya me había atendido un doctor joven. Me miró como si hubiera dicho una locura.
Al salir del hospital todo me parecía diferente, estaba como más tranquilo, más seguro de mí mismo, me sentía en paz conmigo, sentía como que formaba parte del cielo rojizo que se iba oscureciendo y del viento que comenzaba a darme en la cara y me abrazaba como para que no me separara de la tierra. Sentí que estaba recordando este momento, sentí que todo esto había ya sido y yo solo lo recordaba. Entonces sentí que avanzaba y que el Universo me pasaba por arriba, que me introducía en su corriente. Fue como una corriente marina, como una energía superpoderosa. A pesar de lo que dije del tiempo, sentí como que el tiempo se había detenido. En realidad como que se había hecho a un lado. Sentí que transitaba en el terreno del no tiempo. Sentí que el tiempo se volvía en contra de sí con toda ansiedad. Sincronicidad que dice Jung; aquí estoy en tiempo y espacio coordinados exactamente al unísono pero, totalmente perdido.
Ahora, recuerdo como mi mente se aceleraba en ese instante en la puerta del hospital, y mi cuerpo iba despacio, ahora recuerdo como sentía revoluciones y revoluciones en mi cabeza mientras mi cuerpo se movía en cámara lenta. Ahora lo recuerdo, y ahora que lo escribo siento que voy tan en cámara lenta como mi cuerpo. Volví a ser uno. Entonces recuerdo que soy este que soy y vuelvo a estar tranquilo, seguro.
Recuerdo que “soy este” y no siento ese vértigo de “estar siendo”, de ir a miles de miles de revoluciones por “segundo”. El mundo ya no palpita y todo yo con él volviéndome loco porque no puedo comprender que el Universo este en mí -aquí dentro-.
Toda una gran inmensa energía parece que me va a estallar en la cabeza porque aún pienso en límites espaciales, entonces pienso que el universo no puede entrar en mi cabeza o en mi cuerpo porque creo que el Universo es más grande, entonces colapso imaginando esa imagen que estoy seguro por algunos instantes sentí como reales, siento que me muevo bajo el agua caminando contra la corriente.
Me subo a mi bicicleta y aún siento el Mundo palpitando junto con el latir del Universo. Me acomodo los guantes y veo a mi alrededor y pienso que quizás sea real que este Mundo que ven mis ojos este eternamente recordándose, seguro entonces de sí mismo, pues ya fue hace rato.
Recuerdo la sensación recién experimentada de que la vida era como una trifásica del Chocón directa que se me metía en la cabeza y de repente, luego de no aguantarme ni a mi mismo, veo -como si me viera desde afuera- que me voy “frenando”, y voy llegando acá, a este espacio, a este tiempo, a estas coordenadas, pero ya no creo que sea el que era. Siento que soy otro y entonces veo todo distinto y me nacen ganas de llamar por teléfono a mis viejos aunque no se que les voy a decir. Aunque me siento otro recuerdo que soy yo.
Antes de salir busqué los comprimidos que me había dado el joven médico y no los encuentro. Supongo que me los habré olvidado en el consultorio por el apuro de seguirlo. No me importa demasiado, ya no me duele la mandíbula, creo que me ha hecho bien hablar con ese extraño doctor medio loco. Me siento otro, como si algunas cosas dentro mío ya no fueran como eran antes. Me subo a la bicicleta y siento que no pedaleo si no que solo espero que gire el mundo debajo mío.
Guido Sangiacomo
Sábado,1ro de octubre de 2005
Ficcionarios
Tábanos molestando:(3)
este pibe está reloco pero me gustó su historia es muy genuina
[Molestá con algo]Muy bueno!
[Molestá con algo]UHUHUH Me mande todo un mensaje filosofico y no se dodn de esta!!!! Quedo barado nel limbo!!!!
Bueno si te llega en algun "momento" de la vida espero lo puedas leer...era muy filosofico como para recordarlo...
Me gusto muchio este relato Don. Cuidese, besotes
[Molestá con algo]