
Si le decís a Rulo Salvi que La Moto es toda una empresa familiar se sonríe y te mira fijo; por un lado sabe que tenés razón, pero por el otro hay códigos naturales y rebeldes del rock que lo hacen huir del concepto de empresa. Al menos entre los rockeros de su generación se conservan esos credos.
2005 ha sido un buen año para la familia Salvi, pudieron equiparse, encarar un postergado disco (“Aguante Corazón”) tras seis años sin grabar. Aseguran que la llegada final de los hijos (Jonás y Fito Salvi) al escenario terminó redondeando un sonido grupal y consolidando a La Moto allí: dónde y cómo tenía que estar. “Nuestra pausa no fue por falta de temas -dice Rulo- Nosotros teníamos siempre como para grabar cinco o seis discos de estudio; pero realmente estábamos esperando que la banda se solidifique y que el sonido que escuchás en el disco sea el mismo que te vas a encontrar en un concierto nuestro. Hubo que armarse de paciencia, esperar que los chicos crezcan y encontrar gente copada en el camino. Esto nos sirvió como personas, para templarnos como humanos. Si vos me preguntás si en todos estos años vivimos de la música yo te puedo decir que vivimos para ella”.
Tradición renovada

“Aguante Corazón” es un disco absolutamente digno del estilo ya conocido de La Moto. Musicalmente es una profundización del rocanroll clásico, el blues y el hard rock que siempre cultivó la banda. Temáticamente tampoco se traiciona, continúa en la veta de las letras sencillas (“barriales” dicen algunos críticos tratando de desprestigiar), pero hay que reconocer que la madurez alcanzada por el viejo Salvi eleva las letras de La Moto por sobre la media de la lírica de bandas nacionales similares. Rulo tiene una fibra sensible que lo diferencia de otros pares suyos más jóvenes, algo nerviosos por contarlo todo y demasiado apologistas. Salvi va por esos caminos pero con más cuidado, se ubica en sitios más centrados que algunos buenos escritores del rock, figuras consagradas que por ahí pecan un poco de grandilocuentes, aunque toquen en bandas... “barriales”.

“Acá se produjo algo bárbaro -dice Rulo- y también se lo agradezco a mis hijos. Ellos están parados en esta época y nosotros (lo dice por él y por el Mono, su hermano y corista de la banda) venimos de otra. Entonces nos tuvimos que abrir y dejar que entren las influencias de los pibes. Yo sigo diciendo las cosas de siempre, pero también hemos metido en la banda algunos rasgos de sátira, como el que escribió mi hija Saloa para ‘En la punta del colchón’ o tocamos algunas cosas nuevas que traen como sonido ellos, que son los que siguen la tradición pero la renuevan”. Es cierto, si algo diferencia este disco de su predecesor, “Astral”, es precisamente un aire de renovación que le hace muy bien a una banda firme como la banda de la familia Salvi.
Clave

“Este momento que vamos a vivir es clave” dice Salvi, y se mira las manos mientras piensa. El -como cacique de su familia- sabe que deben dar pasos certeros, de poco bardo, porque esta es una encrucijada positiva para La Moto y hay que saber aprovecharla. “Hay sellos interesados en tener el disco, hay una probabilidad concreta de ponerlo en todo el país, tenemos fechas pautadas en varios lugares...” ¿Puede ser éste el momento de encontrar una estabilidad artística y económica para la banda? “No se negro, si vos me preguntás si yo se como se hace la guita en el mundo del rock yo te voy a contestar honestamente que no tengo ni idea. Pero lo único que te digo es que este momento es especial, estábamos todos esperando este disco, porque es el disparador de una cosa necesaria para que a mi edad conserve el ímpetu y para mantener vivos los sueños de los chicos, fijate que Jonás a los 21 años está grabando su primer disco con el padre... (piensa y sonríe) creo que ese es un documento para el alma de puta madre eh...”. El tiempo pasa, ¿los pibes piensan en armar algo fuera de La Moto? El viejo se ríe con una carcajada rasposa: “No, estos pibes están locos pero los adoro. Mirá que muchas veces hemos tenido charlas de sobremesa en la que yo les digo: ‘chicos, yo ya tengo 52 pirulos y alguna vez voy a colgar los guantes’ y a ellos no les interesa pensar en otras cosas, porque están pensando siempre en torno a La Moto. A mi me alegra, porque cuando los viejos armamos La Moto deliramos con que sea como Zeppelin, como Floyd, que no muera jamás. Y por ahí lo que mis hijos están haciendo es precisamente eso”.

ASÍ FORMAN
Esteban Rulo Salvi voz Rodolfo Mono Salvi coros Saloa Salvi coros Rodolfo Fito Salvi bajo Jonás Salvi guitarra Guillermo Mariani guitarra Eduardo Peñi Figueroa batería Luis Vázquez percusión

Viernes,8 de septiembre de 2006
Lo vimos
Tábanos molestando:(3)


