
Decidí pasar por alto Honduras y dedicarme a Nicaragua que es mas barato, y hasta mas seguro. La elección estuvo bien porque aquí la gente es mucho mas abierta y pila, me siento muy cómoda y tranquila, a diferencia de Honduras.
Tegucigalpa es una ciudad fea me atrevería a decir. Al llegar al hostel recomendado como el mejor, feísimo, atendido por un viejo yanqui mañoso y mala onda, le pregunto a la piba que trabaja allí con todo mi entusiasmo "¿y, que onda Tegus??!!" a lo que ella me contesta sin movérsele un solo músculo de la cara "...mas o menos..." (¿la horchatia de nuevo?)Ok dije yo, y mi siguente pregunta fue "¿a qué hora salen los buses mañana para Nicaragua?".
Como ella no sabía (aunque trabaja en un hostel donde TODO el mundo está de pasada hacia o desde Nicaragua) le preguntamos al viejo, y me dió dos opciones:
Bus directo a Managua, y de allí otro bus a León (que queda arriba y hay que subir de nuevo).
No bajar hasta Managua pero hacerlo por tramos pasando por pueblitos que tuve que anotar sus nombres porque sabía que no recordaría.
Como me parecía mas aventurera la segunda opción, además de económica, opté por esa que consistía en:
un taxi hasta la terminal Mi Esperanza,
de allí un bus a Choluteca
ahi un van que me lleve a la frontera
de allí cruzar la frontera caminando y del otro lado cojer otra van hacia Chinandega,
de alli finalmente otro bus o combi a León, y allí un bus urbano al centro.
La bueno estuvo en la frontera y el lidiar con los tricikleros que te abruman para cruzarte ellos en bici, pidiendote cualquier precio esperando confundirte, y los cambistas, que con calculadora en mano me preguntan directamente "¿cuantas lempiras serian?" y yo lo miro con cara de, ya te dije 3 veces que "no" flaco. En un momento se apartaron y dije "ok, resultó, los espanté" pero al rato cuando monté mi mochila y me disponía a caminar porque sabía que era cerca, cuan moscardón sobre la miel me rodearon totalmente, hablando todos a la vez, para peor era la única turista en el combi asi que todos para mi. A todo esto miraba de reojo a las señoras allí sentadas vendiendo no se qué, tamales pongamoslé, y hacian un "no" con la cabeza como diciendo te estan mintiendo.

Cuando avanzaba lentamente y ya queriendo arrancar la caminata pensé en ese instante que quizás se "enojaban" estos muchachos por no querer cojer la bici, y como iba a caminar sola no me gusto, y decidí tomar una, pero justo la seño que venía conmigo en la combi me llama y otros me dicen "ándate con ella" asi que ahi nomás me senté con la vieja que era local y obtuvo buen precio. Por supuesto que era re cerca, y no los 3 km que decias los otros chantas.
Cruzando el puente estaba migraciones, una ventana al lado de la otra claro, pero los nicas no aceptan lempiras para pagar la entrada, solo dólares o córdobas, su moneda. Ah claro le hacen el negocio a los cambistas!! les reclamaba, no puede ser, en todas las fronteras aceptan ambas monedas!!!! pero ya tienen sus curros ahi con los cambistas y sus comisiones. La cosa que eran supuestamente 7 dólares (esto no esta escrito y tambien varía) y yo para variar no llegaba con la guita, pero dilaté hasta el final el momento, me cambío ahi mismo un tipo todo lo que tenía y eran tres dólares, y el tipo le dijo al de migraciones..."ahi están los 3 dólares" bah dije yo que onda... me dió el pasaporte, lo agarré y rajé antes que cambie de idea.
El tema es que quedé con... ¡2 lempiras nomás! (bueno, mas 3 billetes de 3 pesos cubanos con la cara del Che pero no sumaban mucho creo) y necesitaba para el bus. Asi que la señora otra vez me salvó pagándome el boleto y en Chinandega buscariamos un cajero para devolverle.
El bus estaba estacionado en un lugar, como explicarlo, un barrio muy pobre de alli de la frontera con calles de tierra. Mientras esperabamos que saliera el chicken bus y el chofer y otra señora acomodaban abajos de los asientos unas 20 cajas de contrabando para entrar en Nicaragua, busqué un baño, donde pagué con las dos lempiras que me quedaban. Era una letrina en el patio del fondo de una casa de alli, un lugar para nada agradable. Piso de tierra, camas sin colchon, paredes de madera, lleno de cachibaches, oscuro, en el patio unas gallinas, unos perros, aguas estancadas y sucias, y ese calor...
En el viaje, largo por cierto pero mas por las paradas que por el recorrido como suele suceder, subieron creo yo mas vendedores que pasajeros. Alli desfilaron de todo: agua, aguita, rojitas, mango con limón, chicharones, tortas de maiz, plátanos fritos, quesillos, ¡lo que quieras! Y la señora que me auxilió era evangelizadora y me daba charla.
Llegué finalmente al hostel de León, empapada de sudor y cansadísima despues de dos dias de viaje.
El hostel tenía toda la onda, un patio lleno de plantas, verdísimo, buena música, toda la onda. Así que me duché y no me dió ni para salir a dar un paseo, y me quedé allí cenando y tomando un par de chelas refrescantes y merecidas con un nica que conocí allí mismo. A las 9 y media de la noche ya estaba soñando con los angelitos.

Viernes,28 de julio de 2006
La importancia de llamarse inclasificable
Tábanos molestando:(5)


