
Este ha sido un año en el que los ecos del treinta aniversario del golpe han traído imágenes que hace solo cinco años (y por que no decir sólo dos) hubieran sido impensables en los canales de televisión abierta argentinos.
Si bien el cine, la literatura y la historieta nacional se han ocupado desde 1983 hasta esta parte del tema dictadura con mayor o menor amor al cliché, la tele hasta ahora había vivido en un silencio casi total. Ese desinterés pareció romperse este año, con la llegada del trigésimo aniversario del golpe, una efeméride de fecha exacta que sedujo a más de un realizador y generador de contenidos. Así se llevó a cabo documentales y especiales que los dos canales más grandes de la Argentina pautaron cerca del 24 de marzo.

Estos trabajos no desentonaron para nada con los lineamientos oficiales del gobierno nacional, que impulsaba desde su cúpula un revisionismo de los acontecimientos de los años oscuros con la siguiente premisa: mucho sobre desapariciones, torturas y apropiación de personas, muy poco sobre procesos políticos. Esto, que a priori puede sonar peyorativo, no es más que el reflejo del revisionismo mass mediático al que estamos acostumbrados los argentinos, con cierta necesidad de acercamiento a la verdad, pero de una manera casi fenomenológica; donde los procesos históricos no estén demasiado presentes y sí se destaquen los acontecimientos más dramáticos y “resaltables” en pantalla.
El tema es que -en términos estrictamente relacionados con el proceso- estos aspectos fuertes (diríase “televisivos”) significan en este caso ni más ni menos que la difusión de muchos de los crímenes de lesa humanidad más atroces que se hayan realizado durante el siglo XX. No es menor, entonces, que esa información -aunque fragmentada- se de al aire por los canales de televisión que más ve el país todo.

En ese sentido, de las dos megaempresas de televisión abierta del país más vistas, la que se animó a apoyar contenidos relacionados con los años más oscuros de la Argentina fue la que menos se esperaba: el grupo Telefé. Con una grilla habitual enraizada en los programas más pasatistas que puedas imaginar (no olvides que Tinelli es un invento de la línea estética de ese canal...), Telefé fue quien este año apostó a las producciones de su recientemente incorporada productora 4 cabezas y a diferentes programas del ciclo “Humanos en el camino” para mostrar algunos aspectos relacionados con los crímenes sucedidos durante el proceso, casi siempre con esta premisa fenomenológica que hemos mencionado en párrafos anteriores, salvo cuando el tema que se abordaba en los documentales estuviera relacionado directamente con alguna organización de las que siempre han tejido trabajosamente para que la verdad surja completa y no aislada en episodios de maldad aparentemente inconexos (estamos hablando de Madres, Abuelas e Hijos puntualmente); en esas oportunidades sí asoman algunos conceptos sobre la trama política y económica que apoyó la maquinaria de destrucción y muerte capitaneada por la junta militar. Pero son casos casi aislados.

Lo sorprendente fue descubrir que la mega anticipada (con campaña previa a su lanzamiento de más de seis meses de antelación) producción ficcional del año de Telefé sería la encargada de la más grande repercusión social sobre uno de los temas más aberrantes de todos los sucedidos durante la dictadura: el robo de bebés por parte de militares y agentes civiles de aquel Estado. Sin embargo pasó.
La tira se llama “Montecristo”, y es una adaptación muy argentina de “El conde de Montecristo”, el folletín de aventuras que Alejandro Dumas publicó seriado en diarios franceses durante 1844. En este caso, el personaje de Edmundo Dantés es reemplazado por el de Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri), un joven bien porteño al que sus enemigos creen muerto y que vuelve al lugar de los hechos para vengar la muerte de su padre y la seducción ejercida por esos mismos enemigos sobre quien era su mujer y su hijo. Las similitudes con el folletín van y vienen, pero se rompen tajantemente cuando entramos en el tema de la motivación: en Dumas Dantés es víctima de una vendetta política, en este Montecristo argento Díaz Herrera es víctima de un complot silenciador efectuado por un médico que robaba bebés durante la dictadura (Oscar Ferreiro, impecable en su papel), su hijo Marcos (Joaquín Furriel) y un siniestro torturador que trabaja para ambos (Roberto Carnaghi, descomunal como siempre). En ese complot había que matar al padre de Díaz Hererra, un juez ocupado en la investigación de una causa por apropiación de bebés y a su hijo para que no investigue. Sí, sí: todo eso a las 22.30, por televisión abierta y frente a más de cuatro millones de espectadores sólo en Buenos Aires.

Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño son quienes están escribiendo el libro diario de esta tira. Ella trabajó en la construcción autoral de “Costumbres argentinas” (éxito de la productora de Tinelli en el 2003) y él en “Resistiré”, otro tanque de audiencias masivas también protagonizado por Pablo Echarri. Ambos están de acuerdo en algo, y cuando Camaño lo afirma, Lorenzón asiente: “Montecristo comenta, constantemente, la dictadura: no teme al tema que espanta audiencia”. Lo dicen porque, al menos Lorenzón padeció las restricciones empresariales (censura, bah) sobre la temática relacionada con el proceso cuando intentó meter algunas menciones en “Costumbres argentinas”.
En el caso de “Montecristo” ellos admiten que el tema del robo de bebés llega como un recurso narrativo. En una nota publicada en mayo en La Nación, Lorenzón decía abiertamente: “De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún transfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar”. Claro como el agua, pero ¿es tan así?

Si tenemos en cuenta que en el equipo de trabajo que acompaña a la dupla Lorenzón y Camaño se encontraron y se encuentran -entre otros- nombres como el de Bruno Luciani y Marcelo Nacci, autor y director respectivamente de “La Entrevista”, la obra del Teatro para la Memoria que trata el tema de la recuperación de la identidad desde el humor, es posible que esta “casualidad” de descubrir a la dictadura como un mero resorte narrativo no sea tan casual. Actualmente la dupla autoral trabaja en conjunto con Abuelas y la temática recién está planteada
Aquí les dejamos entonces los audios que les habíamos prometido. Son las opiniones con respecto al fenómeno posible que pudiera desatar Montecristo. Ellas son Nerea Monte, militante de la Asamblea por los Derechos Humanos de Neuquén (APDH) y la otra entrevista es ni más ni menos que con Inés Ragni, que es una de nuestras tres Madres de Plaza de Mayo aquí en Neuquén. Prsten mucha atencíón a las dos notas, pero pongan particular atención en la anécdota que cuenta Inés y dígannos luego si la realidad no supera a la ficción...
Pimero les va la de Nerea
y ahora la de Inés
Fernando
Lunes,10 de julio de 2006
Preguntas como balas
Tábanos molestando:(4)
que estupideces que ablan zurdos putos
ya llegará la novela en la que cuenten la verdadera historia del país y triunfaremos para siempre
la verdad siempre sale al sol
zurdos resentidos
[Molestá con algo]la pucha que de gente facha que hay en este pais...y que seguido frecuentan esta pagina
abrazo tabaneroooo
[Molestá con algo]Montecristo es una caca!
[Molestá con algo]Holisss!!!!! como tan?? les keria decir que Montecristo i todo ese tema es una garcha es lo peor del planeta Putos!!!!! putitos!!!! chiao MIERDAS!!!
[Molestá con algo]