Noviembre...

Entró como siempre; desenvuelto y feliz. Repartió cabezadas y se aproximó con aire petulante hasta donde estaba yo sentado.

Herr Baumann; -saludó pomposo- Le ruego absuelva mi demora, usted comprenderá mi olvido. Me entretuve contemplando el verdialegre prado donde los mundos giran y se besan atrevidos entre sí... Observando la suave corteza del paño avisándose, oyendo a cada fibra dar la voz de alerta a las demás, convertidas en cascada que fluye anticipando la fricción del planeta superior...
Su elocuencia tomó un respiro y se acercó a mí como para compartir un secreto:
El paño desprende notas... -susurró (y su voz tembló)- Cada carambola trae consigo posibilidades armónicas distintas; derivaciones de ritmos, aromas y colores únicos; exóticos. Y yo meramente voy fijando en mi memoria el pentagrama detallado de ese maravilloso universo...
Se rió de golpe, estridente, y atrajo la atención de las otras mesas. No pude evitar sonreír al verlo impartir cortesías a quienes lo observaban.
La realidad del Café penetró de nuevo con sus típicos aromas.
Se alejó unos pasos para retirar un taco, y consideré que ya podría intervenir, entonces me quité la pipa que colgaba inerte de mi boca, enfriándose.
Konstanze y yo jugamos un poco en casa -prosiguió sin darme tiempo- Pude ganar uno de tres. Habría vencido en más, pero su gracia y movimientos impidieron mi concentración.
Creí que iba a sorprenderse avergonzado por el comentario, pero su atención ya estaba en otra parte.

Un sirviente acercó bebidas, y comenzamos un juego que llevé pausado, estirando el tiempo. Había reservado la mesa para recrearnos sin pagar impuesto. Difícilmente le evitaría más problemas, su genio era su genio y es por ello que tanto lo apreciaba. Al verlo así, parareando un son misterioso, concentrado en el próximo golpe, sentí una repentina y rara nostalgia pues la cercanía física me evidenciaba aún más el distante vuelo libre espiritual... Y me dolió comprender su terrible soledad; rodeado de egoístas, ignorantes, incapaces; y del amargo veneno de la envidia.
Nos retiramos ya de madrugada. Caminamos bamboleantes unas cuadras, parodiando en falsete una burda ópera italiana. Nuestra gracia rebotaba suave y adormecida en la humedad.
Me separé de él una manzana antes de llegar a la imperial, le invité mi vino pues el suyo ya era vidrio abandonado atrás.
Herr Mozart -le dije con toda la seriedad que pude- fue un gran honor para mí ganarle, espero volver a disfrutar de este placer pronto.
¡Oh! El placer ha sido todo mío Herr Baumann. Mi alma es feliz cuando veo su alegría al permitirle vencer.
Su saludo fue tan exagerado que perdió estabilidad, y evitó darse un golpe apoyando sus manos en el suelo. Enseguida se limpió en las ropas y nos reímos alejándonos uno del otro.
Volví a verlo seis noches después, en el Café de Jüngling. Aunque lo noté más delgado y pálido que de costumbre, su estilo inquieto y exuberante seguía siendo el mismo. Encontrarse entre Hermanos parecía permitirle, si cabía, mayor desenvoltura. Disfrutaba del banquete y bailaba el minué como si ya no volviera a hacerlo más.
Para nuestro divertimento, sentado al clavecín, dirigió una orquesta improvisada en un vivaz rondó, valiéndose de la pipa como extensión inusual de su mano. Por momentos avivaba la brasa del tabaco y lanzaba columnas de humo hacia los cielos. Era un deleite verlo. Semejaba un niño incansable en un mundo lleno de juegos y juguetes, inventando historias inagotables para su propio entretenimiento.
Con esa habilidad para ir y venir, no me percaté de su salida hasta que la demora me intrigó. Terminé mi juego de cartas y excusándome me retiré. No fue sorpresa ver a su esposa sentada sola en un rincón del salón; cabizbaja, su rostro oculto, y el pañuelo apretado firme entre las manos. Las noches eran cada vez más frías, por lo que recorrí en coche las casas más frecuentes.
Decidí aguardar en el Café de Lang, pronto aparecería. Entretanto aposté por un golpe y gané. En el lugar se hallaban entremezclados personajes públicos y anónimos de Viena, olvidados momentáneamente de su cotidianeidad histriónica, pero disfrazados ahora de otra parte de sí mismos.
Un nuevo grupo ingresó festivo a voces plenas, y ocuparon la única mesa libre. Wolfgang pareció no reconocerme, sus ojos brillaban consumidos por un siniestro fuego interno, y en los labios, se hallaba congelada una curva obscena. No alcancé a imaginar el por qué de un cambio de ánimo tan repentino.
Me senté alejado a observar el juego. Monedas y papeles cambiaban de manos, el licor fluía, la atmósfera bailaba un remolino denso, y las mujeres se mostraban cada vez más atrevidas.
En una de las mesas el juego se transformó en una discusión, y ésta en brutal pelea que fue sofocada pronto por algunos comedidos.
Milagrosamente, mi amigo estaba ganando. Reconcentrado en cada golpe, sus tiros eran precisos, infalibles. Su inspiración atrajo al público y no tuve más que valerme de mis codos para ganar una posición, y así admirar la inusual destreza de la que estaba haciendo gala. Animado por el giro en su talento deportivo, invité bebidas para toda la mesa, y la fiesta continuó por un buen rato, hasta que terminado el juego, levantó la vista hacia dónde estaba yo, y con un gesto me indicó salir.

Dos hechos llamaron mi atención: que hubiera advertido mi presencia, y que decidiera sofocar su buena estrella. Ya fuera, caminamos según su deseo. Llevaba una mano apoyada en el bolsillo lleno, e inclinaba el torso fijando la vista en un destino lejos. Cuando le pregunté por que abandonó el juego teniendo tal ventaja, me dijo: -Quiero llegar a casa... -y se retrajo-
Iba a rogar para que el fantasma que lo asediaba tuviera piedad por un momento, cuando percibí algo detrás nuestro y quise dar un giro; pero ya era tarde...
Desperté con un escalofrío. Mis dedos estaban casi insensibles, la nieve caía liviana y distraída cubriendo mi cuerpo y los fríos adoquines de una calleja silenciosa. Mis pies dolían espoleados... (mis pies descalzos)
Una contracción abdominal me hizo expulsar un vómito ultrajando la blanca pincelada celestial. Oí a mi cabeza crujir y me llevé la mano hasta la herida de mi nuca. Aún desorientado, traté de encontrar en vano mi peluca; y estando de rodillas, vi a diez pasos de mí un bulto que trataba de ponerse en pie.
¡Wolfgang!-pensé, y me acerqué no sin caerme una o dos veces.
Tenía sangre en su boca y la mirada perdida. Estaba ligero de ropas al igual que yo.
¡Wolfgang!-grité.
Me apoyó una mano helada en el pecho, y miró más allá de mí.
..¿Konstanze?...-balbuceó- Y un acceso de tos le arrancó sangre y jadeos difíciles.

La nieve se tornó aguanieve y el alba se anunció con un aire más helado. Fuimos abrazados sosteniéndonos a duras penas, con la soledad y el abandono de testigos. Reconocí una esquina y giramos, mis pies no resistían más y mi amigo pesaba otro poco a cada paso.
Caímos.
Su pechera era escarlata. Lo golpeé en la cara marmórea y mi mano dolió, y el dolor me dio otras fuerzas. Las escaleras de mi casa nos desafiaron con mofa, pero las sorteamos y ganamos el abrigo del estudio donde alcancé a encender un fuego antes de caer en un sueño de pesadilla por un rato.
Cuando desperté, tiritaba agitado de fiebre. Mis oídos captaban finos la eufonía interna, el sonido cíclico de mi respiración me hechizaba mientras arrastraba a Wolfgang hasta el canapé. Su camisa se movió lo suficiente para ver los moretones en las costillas y el abdomen, y mi memoria liberó retazos de la lucha; su cuerpo menudo recibiendo patadas, y yo siendo arrastrado hacia atrás, hacia la embestida de la oscuridad.
Busqué unas mantas y lo arropé.
¿Joseph...?- susurró.
Sí, -respondí- soy yo. Ya estamos a salvo.
Que no se entere mi padre de lo sucedido... no quiero verlo enojado...
No supe que responderle, mientras volvía a dormirse agregando palabras que no entendí.
El sueño me venció sin que opusiera resistencia. Me dejé llevar por un sendero sinuoso en medio del bosque, atado a un silencio espectral... Debajo, la tierra dura de invierno, encima una bóveda gris sofocante. Debajo, tumbas mirándome interrogantes, arriba esqueléticas copas de árboles hartos.

Tres hojas secas rondaban juguetonas a los pies del árbol que las vio nacer. Vibraban sus cuerdas infantiles por sobre el ronroneo de raíces añejas. Fui acercándome sigiloso buscando desenmascarar sus rostros ocultos, pero me descubrieron antes y se silenciaron de repente volviendo a quedar estáticas como hojas simplemente muertas. La imagen se difuminó en un blanco cegador que atravesó mis párpados, y me salí del viaje onírico. Supe que no estaba. El silencio de la habitación me lo hizo saber sin necesidad de abrir los ojos.
Me aproximé a la mesa para recoger la esquela con que se había despedido.
Sus trazos eran torpes y erráticos:
Frío y estático es el cielo de hoy, suspendido como el hacha del verdugo instantes antes de bajar. Tomó distancia prudencial el sol, y percibo la nieve inevitable amortajando helada gramo a gramo mi carne extenuada y pálida. Tinta y sangre manchan mis dedos extendidos suplicando piedad, mi sudor escapa llevándose brillantes reflejos de precioso calor vital.
Joseph; nos veremos pronto para otro juego. Ya no te dejaré ganar.
Nos reencontramos algunas noches en el Café de Lang, es difícil superar su nueva habilidad, se convirtió en un digno rival. Me contagia sus ganas de vivir, y me ayuda a descubrir poco a poco cómo me rodean armonías todo el tiempo. He aquí que ahora comienzo a “ver” la diaria sinfonía que él oía, el perfecto acople de los sonidos terrenales; tacones aquí, un carruaje allá, gestos, mímica, voces, risa, y llanto. Por momentos mi cabeza estalla de música, y lo veo irse caminando hamacado en el compás.

Lástima que hay noches en que no aparece. Son las noches del licor amargo y compañías vacías, de cacofonía apática y arena en la garganta. Son las noches que preceden a mis madrugadas silenciosas y solitarias volviendo a casa esperando encontrarlo para compartir un tramo caminando...
Fabián H Delaloye
Domingo,30 de abril de 2006
Ficcionarios
Tábanos molestando:(3)
Quiero enviarles una foto de Decio tocandole el culo a un perro, pero no se como hacerlo, me dicen? Gracias €€€€€€€€€€€€€€
[Molestá con algo]nos las mandas a efectotabano@argentina.com y nosotros la colgamos aquí mismo
Ahora... ¿es un perro grande o chico?
Adieu
El Comité
PD: ¿¿¿¿¿Quien es Decio?????
[Molestá con algo]ma ra vi llo so!
[Molestá con algo]