Cuando cientos de policías estaban concentrados en velar por la seguridad de 8 presidentes reunidos en Escocia, miles de habitantes londinenses fueron víctimas de los atentados terroristas.
La campaña de desinformación es tal, que hasta el mediodía de este jueves se reconocen sólo 47 muertos y unos mil heridos. Nadie puede creer que entre cinco y seis bombas colocadas en otras tantas estaciones de subterráneo, en una hora en que se mueven habitualmente 6 millones de personas, pueda tener un saldo tan exiguo.
Es la misma política de complicidad que adoptaron los medios de comunicación del primer mundo para desinformar sobre la masacre de Irán. O sobre la matanza de Afganistán. Bush acaba de ratificar que la guerra contra el terrorismo continuará. Pero olvida hablar del terrorismo norteamericano, el inglés, el español, francés o italiano contra las naciones subdesarrolladas. Incluida la Argentina.
Este silencio mediático es el que necesitan los gobernantes de estas naciones para perpetuar sus políticas de dominación mundial. Una versión aggiornada de la expansión nazi de los ’40 en la vieja Europa.
Los atentados de hoy son la respuesta natural (pero injustificable) de esas políticas, como lo fueron el 11S y el 11M. Y como serán los ataques por venir en el resto de las capitales de aquellas naciones que apoyan la avanzada capitalista. Ahora se habla de que Paris y Roma podrían ser víctimas de ataques terroristas.
Lo que no se puede justificar es la muerte de personas que nada tienen que ver con las decisiones de los 8 grandes miserables líderes mundiales. Es posible que muchos hayan votado nuevamente a Blair, aun después del escándalo de la inexistencia de las armas de destrucción masiva. Pero ni siquiera eso justifica sus muertes.
Los habitantes de Europa (muchos de ellos argentinos) jamás volverán a vivir en paz. En nombre de la seguridad, sus derechos serán conculcados, como ocurrió en Estados Unidos. Los gobiernos manejarán la vida de todos ellos. Tendrán vía libre para llevar adelante cualquier desastre. Incluso replicar con más ataques a los pueblos musulmanes, africanos o de cualquier otra nación, siempre que sea del último mundo. “Que pase el que sigue”, dirán.
¿Cómo detenerlos? Es lo que invitamos a debatir desde esta página.

Jueves,7 de julio de 2005
Edito Reales
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