¡EStUvo TrEmEnDo!

PUNTOS SUSPENSIVOS ESCRITOS EN EL CIELO

¿Quiénes tocaron?: Carlos Negro Aguirre (piano, guitarra y voces), Jorge Fandermole (guitarra, bombo legüero y voces) y Juan Quintero (guitarra, bombo legüero, udum, caxixi y voces) ¿Dónde?: Teatro Municipal de Bahía Blanca ¿Cuándo?: Martes 17/10/06, a las 21.30

01. Teatrino

Quien no haya visto un concierto en el Teatro Municipal de la Bahía debería hacerse el viaje y vivirlo.

En plan de aseverar cosas, tal vez no se pueda confirmar en un cien por ciento si a la gente del Bahía, habituada al sitio, el marco referencial de ese teatro tan bonito la pone en trance y bien predispuesta a disfrutar aún más cualquier buen concierto; pero si se puede confirmar que a este cronista el teatrino simétricamente italiano, cargado de clasicismos arquitectónicos, madera, alfombra y bronce... lo puso y lo colocó en una situación especial.

Pero ojalá que sí, ojalá que a la gente de Bahía el teatro la mesmerise tanto como al que pasa de visita; porque realmente es un lugar mágico dentro de la geografía cultural toda del país.

Vueno, si quieren en otro artículo seguimos hablando del tema del teatro, o de los lugares que los lugareños debieran jerarquizar sin "acostumbrarse" demasiado a tenerlos tan cerca que terminen perdiendo brillo y magia. Realmente da para largo. Mejor ahora vámonos al concierto del martes.

02. Cíclico

Lo primero que hay que destacar antes de comenzra con la crónica es que la presentación de estos tres hombres está dada dentro de un ciclo que todos los martes se lleva a cabo en el teatro (sí, ¡los martes!... tal vez el día menos salidor de la semana). El ciclo es ooootra de las actividades que se organizan desde la administración del teatro mismo, que viene laburando a destajo y pasión a pesar de la negativa municipal de jerarquizar sus sueldos hasta llevarlos a las categorías que corresponderían. Delicias habituales de la vida de la cultura entendida por nuestros "brishantes" estadistas al gobierno como un "gasto permanente", ¿no?

Pues sin estar demasiado cerca de la movida cultural bahiense -ni mucho menos- fue realmente sorprendente ver como con ese esfuerzo hecho, la sala iba llenándose de a poco hasta quedar completa, al menos en la parte de abajo y en los primeros palcos del teatro todo. Un martes, quiséramos recordar eso: era martes.

03. De allá (acá)

Los primeros en salir a escena fueron los numeros locales. El primerísimo primero fue el trovador Franco Barberón (guitarra y voz), acompañado para la ocasión por el saxofonista Raúl Soto. Entre los dos entregaron un par de canciones que bien pudieran ser inscriptas en el saludable cúmulo de composiciones urbanas y sensibles que nuevos trovadores (Filio, Cabrera, Serrano, Feliú, etcétera) han comenzado a estamparle a la música popular desde hace un par de décadas.

Inmediatamente fue el turno del dúo conformado por Gustavo Van Waarde (guitarra y voz) y Marcelo Martínez (voz) con un pequeñillo repertorio de dos canciones extrañas en su género (canciones de testimonio, trova o como quieras bautizar a la corriente que antes te enunciábamos), que se alejaban de lo arquetípico a causa del peculiar y potente timbre de voz de Martínez y de los recursos compositivos de Van Waarde, quien pareciera (recuerden que solo fueron dos canciones) ser un artista que tiende a mezclar el viejo rock nacional con la trova sin dejar de lado otros ingredientes de otros paisajes sonoros (blues, algo de barroco, escalas menores provenientes del flamenco...); algo tal vez no tan habitual cuando se compone la trova tal como ha sido heredada en los últimos 20 años.

04. Se larga

Más los actos locales invitados terminaron y llegó el turno de los invitados. El teatro a esa altura estaba colmadito.

Era de esperarse un recital fino, delicado, en cambio el trío dio mucho más que eso. Pero mucho más, eh.

La noche se abrió bajo el rojo propuesto por los iluminadores del teatro, duchos en climas, eso se notó durante todo el show. Sobre ese rojo casi de Poe, el trío escribió una versión memorable de "Cuatro vientos", demostrando la primera gema que iba a exponerse en escena durante toda la noche: los arreglos de voces que -dicen- capitanea Juan Quintero, un tipo que trabaja solvente y sorprendentemente en esas lides; un joven director coral (más allá de las medallas compositivas e interpretativas como guitarrista que pueda colgarse con orgullo). El Fander la cantó -también según él mismo exponía en la prueba de sonido- aquejado por un malestar en las cuerdas vocales... que ni se notó. Sin sonar solemnes, habría que rescatar que los años de experiencia, el respeto por la interpretación y un corazón hecho para la música hicieron que nadie se enterara el martes por la noche que la voz del Fander iba tal vez al 70% de lo que puede dar habitualmente.

Y el extasis de lo sutil comenzó a bajar de las tablas. El trío -circunstancialmente juntos para este proyecto- prometía dar con candidez lo mejor de cada uno.

Claro que es dificil acertar al decir qué es lo mejor de cada uno.

Del Negro Aguirre podrá decirse que es uno de los pianistas más inspirados de la Argentina, pero aseverando sólo eso, se dejaría de lado su fascinante faceta como cantante y su poder zen para escribir canciones realmente emotivas.

De Fandermole podría levantarse hasta el cielo su cualidad para componer de las más bonitas canciones de la nueva música popular argentina; pero así no hablaríamos de la mística que utiliza para hacer sonar su guitarra, o de su potencial como cantante.

Y de Juan se señalaría en primer lugar su sonido, por ahora único en el panorama del nuevo folklore; pero dejaríamos en segundo plano el ya mencionado potencial como arreglador de voces, o su sutileza (disculpen, pero la palara "sutileza" se leerá mucho en este artículo) para tocar la percusión, o -también- su increíble capacidad de escribir letras despojadamente sinceras.

Los tres son como quince, tal vez veinte. Y no solo el público lo nota esa noche... deberían haber visto la cara de éxtasis que puso Quintero cuando escucha sobre el escenario lo que sus dos amigos eran capaces de hacer con su composición "Al papuyo", convertida en una suerte de blues rural y paranaense realmente hipnótico.

La sorpresa inicial fue menguando para darle paso a la complicidad intimista con los tres artistas. Allí ya fue el turno de "El limonero real", canción romantico/existencial en la que el Negro Aguirre juega como el chico sideral que es y toca el piano como sólo él es capaz de hacerlo: sin red. Sutileza tras sutileza, claro.

Promedia el show y en "La palabra y la música" es Fander quien toca el bombo legüero de Juan. Sus hombros hacia adelante y la decisión de ir hasta el hueso mismo del parche llenan el teatro de beats de cuero. El sonido (una obra maestra de los técnicos del teatro) ayuda a que ese festival casi de latido llegue hasta la última de las butacas. el público recibe la magia, y al finalizar la canción sube al escenario la primera ovación de la noche. La ovación volvería una y otra vez, ahicito nomás, sobre el final de "Coplas del agua", versión batallada sobre un acorde en ostinato de la guitarra de Juan, y con un final en voces tan sencillo como preciso (infidencia: en la prueba de sonido trataron erráticamente de "abarrocar" ese final, pero la decisión de hacerlo de la manera más sencilla durante el show fue un verdadero acierto estético)

Pero nadie debía perder la atención prestada, porque todavía faltaba el sutil toque minimalista (¡¡¡¡de una sola nota!!!!) que Aguirre le "regala" a "El diamante" de Fandermole; o el testimonio social de milonga preciosista que te deja "En la frontera" cada vez que la escuchás (y sobre todo si la escuchás en la versión que aquellos tocaron esa noche...); o el contrapunto vocal entre Juan y Aguirre en "Equipaje"; o la afabilidad de "Viejo Cantor", la canción que Quintero le dedicó a su padre y que Fandermole cantó con el cuerpo todo para asombro de todos.

05. Finale

Cuando todo parecía hecho, el trío entró en la recta final con una mesmerizante versión de "Sueño de arena", la canción/devenir del Negro Aguirre. Sutileza, sí, claro (¡es que esa es la palabra justa!). Luego el contrapunto piano y voz (Juan versus Aguirre) en "Carcará" y como luz final una versión demoledora del "Navega" de Fander en la que la guitarra de Quintero parecía extraída de un viaje acústico de King Crimson, el piano del negro era de lo más contundente de la noche y la convicción narrativa del autor para cantar esa, su letra, fue realmente conmovedora.

Por eso no se pudieron ir así nomñas y tuvieron que volver para tres bises, en los que siguieron demostrando la impronta de este casual trío de talentos: sutileza, simpleza, fineza, capacidad para conmover.

Es decir: puntos suspensivos escritos en el cielo.



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  • #1 ..··. MARIBEL ··..· 24/10 .·.. 09:23

    ESTUVE AHÍ Y ME ENCANTO ESTAR PORQUE FUE REALMENTE MAGICO!!!!!!!!!!!!

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  • #2 ..··. Gerardo ··..· 24/10 .·.. 17:59

    Hola soy de Bahia Blanca y no conocia la pagina que me la recomendo una amiga que leyo lo del fantasma. El martes estuve en el show de estos tres monstruos y estoy de acuerdo con fernando: son de lo mas sutiles que puede haber

    maestros!!!!!!!

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  • #3 ..··. jaja ··..· 23/11 .·.. 06:26

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