
Tengo una sensación que me recorre el cuerpo todo, como en una cosquilla molesta y ácida. Algo así como cuando uno es chico e inconsciente y pone la lengua en los bornes de una batería de nueve voltios (no me vengan con que de chiquitos no se les ocurrió hacer esa u otras boludeces similares...).
Ese cosquilleo me lo produce un pensamiento que vengo abrigando desde hace años. Un pensamiento que tengo maniatado en algún rincón de mi cerebro, y es un pensamiento al que siempre relegué. Por incómodo, claro.
Es que -salvo aquellos filósofos que se atreven y lo ejercitan el esfuerzo de pensar lo dificil como alimento diario- la humanidad siempre ha sido un hato de tontos que se las pasa esquivándole el bulto a las ideas más incómodas. Todos. Siempre.
Y ésta que les cuento (la que cosquillea, quema un poco y es ácida) es una idea incómoda.
Igual, desde hace unos años medio como que le empecé a poner el cuerpo, me empecé a hacer cargo. Mi tía, la más hincha pelotas diría: “ahhhh... estás creciendo nene”, y yo me trenzaría contra ella en una de esas eternas discuciones que solemos tener, en las que yo le digo que en Latinoamérica nacemos adultos a la fuerza y ella me dice todas esas cosas de la "experiencia inevitable del vivir" que a mi me parecen un tanto inasibles.
Pero ese no es el tema que me trajo hasta esta Edito Real. No.
Decía que desde hace unos años empecé a ponerle el cuerpo a esta incómoda idea y que no tiene nada que ver con estar creciendo -en los parámetros de mi tía al menos- ni con el desarrollo positivista de alguna "conciencia ciudadana" en especial. No.
Tiene que ver (lo pensé anoche durante horas, eh...) con el crecimiento sí, pero el inevitable crecimiento de nuestras crisis económico sociales como continente, como Tercer Mundo, como país, como provincia, como comunidad y -más acá en el bolsillo- como núcleo familiar.
Hay una ecuación casi irrefutable. Apunten:
crisis económico social + disfraz consumista colocado para no “sufrir” = atraso en el pensamiento
Muy mala mi ponencia, ¿no?. Acabo de sintetizar todo lo que iba a decirles en una sola ecuación. ¿Y ahora de qué me disfrazo?
Bueno, pensándolo bien, no está tan mal... ya que solo me resta explicar cada uno de los factores y posiblemente la implicancia del resultado final. O no, el resultado final lo mastica cada uno como pueda, ¿les parece?
a) Crisis económico social

Es el factor más fácil de explicar. Quienes vivan en el Tercer Mundo (o en lugares del primero que se parecen al tercero) saben perfectamente bien de lo que estoy hablando: hay un plan de agotamiento de todas nuestras riquezas y recursos naturales, y lo están llevando a cabo un puñado de canallas que dirigen todo en este planeta. Igual que hace quinientos años (probablemente igual que hace miles).
El problema para nosotros es que en los países más castigados, esa puja del “pocos te quitan lo que muchos no podrán retener” se nota mucho más que en otros lados más "ricos". Muchísimo más que más.
b) Disfraz consumista colocado para no "sufrir"
Esta capaz que es un poco más difícil de explicar. Más no de entender.
Paradójicamente, mientras más se profundiza la crisis socio económica, más pareciera que necesitamos profundizarla en nuestras vidas, hacerla carne real para sentirnos verdaderamente sojuzgados.
Y ahí vamos: queriendo comprar cosas inútiles, como si tuviéramos que abarrotarnos de imposibles metas absurdas (nota: no estoy hablando de los que ya se cayeron del sistema, ellos están peleando una guerra bestial, y es por comida).
Digo: a medida de que la crisis continúa ramificándose sobre nuestro mapa social, nosotros parecemos más entusiasmados por esos temas innecesarios propuestos por los medios masivos de comunicación.
En Argentina el claro ejemplo es la archi mediática “inseguridad”.
Todos -en mayor o menor medida- danzamos tras la propuesta inmediata de una "inseguridad instalada a fuego en nuestra sociedad", y seguimos diariamente cuanto caso de secuestro salga por la tele. Luego le echamos cerrojo a todo, hasta a nuestros hijos.
¿Inseguridad de qué?... ¿cómo está compuesta esa inseguridad?, ¿cuáles son los factores que la convierten en algo real? No nos importa. Nunca nos preguntamos esas cosas. Preferimos la coyuntura: escogemos decirle que sí a una “inseguridad” previamente digerida por las noticias, preferimos ahogarnos en el facilismo de Hadad, en la anestesia de Tinelli. O en la izquierda sabihonda e inmóvil, que a veces es peor que mil concursos estúpidos de la tele.
Así es como pareciera funcionar la anulación de nuestros potenciales de disconformidad combativa frente a lo injusto de vivir en este planeta despitucado: más padecemos, más desvariamos.
c) El resultado final
El resultado final es -recuerden- “atraso en el pensamiento”.
Pues bien, hay poco para aclarar al respecto, porque la expresión resultante es bastante elocuente ¿no?

Quizás la clarísima visión de ese resultado tan pero tan claro fue lo que me hizo dejar de esconder el razonamiento que llevaba oculto y anestesiado muy dentro mío. Al ver tan claramente ese resultado, traje de inmediato ese pensamiento a la primera fila de mis preocupaciones. Y luego lo expuse sin miedo:
"Los latinoamericanos estamos atrasándonos en el pensamiento"
Ese fue mi pensamiento aflorador.
Paren, paren, no se enojen todavía: no estoy diciendo que nos estamos quedando DETRÁS de los países del Primer Mundo. Estoy diciendo que la crisis nos distrae (a veces lógicamente, a veces innecesariamente) y que nos quedamos sin pensar en muchos de los temas que nos deberían preocupar como especie. Que son muchos.
En esta carrera de descarte de temáticas, simplificamos TODO hasta anular TODO.
Si el pensamiento es ecológico decimos: ¿son más importantes las ballenas que las personas cagándose de hambre?
Si el pensamiento tiene que ver con algo relacionado a las nuevas tecnologías comunicacionales decimos: ¿pero por qué estamos hablando de computadoras cuando hay miles de chicos que no tienen ni siquiera luz?
Si el pensamiento es sobre clases lo desoímos porque tenemos miedo a encontrarnos con una verdad tajante, si es de género decimos que es demasiado europeo, si es sobre distribución de riquezas más justa lo tildamos de meramente capitalista. Y así sucesivamente.
Basta che, porque así vamos: naufragando en un barco del no pensar.
La crisis nos frena... eso es cierto. Pero guarda: no nos tiene que dejar ciegos.
Necesitamos ver, porque el reloj sigue detonando tic y tacs sin parar, y si el fondo de todo (el sentido de nuestras vidas) es superar las crisis, debemos treparnos a las agujas de este reloj y no temerle a las ideas concretas.
En definitiva nosotros somos el poder, y el reloj ciempés... no sabe nada.


Miércoles,20 de octubre de 2004
Edito Reales
Tábanos molestando:(7)


