
Vinieron unos magos de oriente, es decir, de la Banda Oriental, del Uruguay. Aunque uno era japonés. El negro era negro y se llamaba Tabare Washington y estaba a punto de saltar cuando le sacaron la foto. Él quería hacer el viejo truco de aparecer levitando.
Se cruzaron el charco porque vieron las luces y creyeron que se trataba de una milonga.
Luego de remar y remar, y con las patas llenas de barro, se encontraron con el pesebre donde recién había nacido el gurí, el Cristo gaucho. Mazamorra, torta frita y uva chinche fueron los regalos que le dejaron, pero se quedaron al bailongo y le dieron duro a las empanadas de charque, al vino semillón y a la milonga hasta que los flecos de las alpargatas les dijeron basta.
Se durmieron abajo de un árbol, ahí los encontró la mañana. Se depertaron porque los poyos les picoteaban las canillas buscando las migas de las empanadas.
Y ya se quedaron pa’l asado, después la siesta, el mate, el asáu de nuevo, y para qué se iban a ir si el año nuevo estaba ahi nomás.
Y se quedaron.
Todavía están por ahi, el japonés se hizo padrino del gurí, que terminó de 9 en la selección. Qué goles que metió, mamma mía.

Viernes,5 de enero de 2007
Ficcionarios
Tábanos molestando:(2)


