Fui a la terminal a buscar una encomienda y como el paquete era grande tomé un taxi para regresar. Le dije la dirección al taxista, y arrancó.
- ¿Vos no sos de acá, cierto?
- No, soy de Neuquén.
- Sí, se nota, me di cuenta apenas subiste - me dice con la mirada clavada en el retrovisor, y sosteniendo el volante con una sola mano - la otra vez llevé a uno que era del sur también. De Bahía Blanca era el guaso.
- Mirá vos - respondo, algo desorientado por su relación geográfica.
- Uh, me acuerdo que el guaso sube y me dice “llevame a tal lado rápido” porque parece que estaba apurado el loco. Já, a mi juego me llamaron. Al rato me dice “loco, podés ir un poco más despacio, porque quiero llegar, viste?”. Yo creo que él veía los autos más cerca de lo que yo les pasaba, porque tenía unos culos de botella así, mirá.
El taxista me hace el gesto con la mano que llevaba sobre la ventanilla, y gira todo su cuerpo, cabeza incluída, para cersiorarse de que entiendo que los lentes eran gruesos. Mientras tanto, con la otra mano esquiva a otro taxi que carga pasajeros en la mitad de la calle.
- ¿Doblo por San Lorenzo? - pregunta mientras dobla por San Lorenzo, y me mira de nuevo.
- Si, está bien.
Hay silencio durante unos segundos, pero veo por el retrovisor que él quiere seguir hablando. Yo no tengo muchas ganas de hablar, pero pienso que más tarde tendré ganas de escribir. Entonces pregunto:
- ¿Es complicado manejar acá en Córdoba?
- ¡No! ¿Vos sabés manejar? ¿Querés manejar? En serio, tomá, manejá, yo estoy repodrido de manejar - me dicé mirandome nuevamente y soltando el volante, a la vez que frena un poco.
- No, está bien. Sé manejar, pero no. Mirá si pasa algo.
- Qué va a pasar si acá son todos unos giles - se ríe - Con lo único que tenés que tener cuidado es con los taxis y con los colectivos porque a ninguno le calienta si raya el coche, porque no son suyos los coches ¿entendés?. Por ejemplo este que va acá adelante, por ahí te para de golpe sin baliza ni nada y te lo comés de atrás. Y tampoco le vayás a tocar bocina, porque son capáz de bajarse con un fierro y agarrete el capó negro. Las demás normas de tránsito son las de todos lados, o sea las que vos quieras.
- ¿Son bravos los tacheros? - digo, un poco socarronamente
- Y sí papá, acá porque es re facha este barrio, está lleno de estudiantes y de minitas, pero mandate para los barrios. Hay que tener para meterse para allá...¡Uhh! ¡mirá lo que es esa minita! ¡Chichisisón!
Dobla cerrado por Independencia y acelera para pasar en amarrillo el último semáforo. Llegamos a destino, me da una moneda de vuelto y me insiste:
- ¿En serio no querés manejar?
TiN
Lunes,18 de septiembre de 2006
La importancia de llamarse inclasificable
Tábanos molestando:(2)
Sr. Martín:
Usted siempre fue y seguirá siendo un tierno incurable
Un beso
[Molestá con algo]Esto merece estar acá, junto a los tábanos. Un texto Pinchilón Fonseca
DÍA 1.
Me digo man, los tacheros tienen la posta. No sé por qué me hablo así cuando me miro al espejo. Me creo cool. Creo que mi forma de hablarme hace juego con la barba buena onda que me he dejado crecer y que de vez en cuando corto cuidadosamente y con el claro objetivo de que luzca descuidada. Me digo man, los tacheros tienen la posta y encaro. ¿Cuánto gastaré en este experimento? No importa. Lo importante, lo fuckin importante, es el arte. Me convenzo. Apago la afeitadora eléctrica y salgo como para atropellar el mundo. Cuatro siete tres cuatro cuatro cuatro cuatro. Una vez quise negociar un número de teléfono piola para la revista: me sacaron cagando. Pensé que se debió a que soy un don nadie y la operadora de Telecom, en cambio, ocupa una posición de poder. Pero no: lo que sucedió, man -me digo- es que yo no era tachero. Los tacheros consiguen números de teléfono muy piolas.
-Teletaxis buenos días, Mabel atiende. ¿En qué puedo ayudarle?
-Mandame un taxi, por favor. Que el chofer sea poeta.
DÍA 3. Es muy fácil hablar con los taxistas. Ellos siempre tienen algo para decir. Lo difícil es resultarles interesante. Que los tipos lleguen incluso a dudar si te cobran el viaje o no. Eso quiero: que el tachero piense que la conversación que ha tenido conmigo ha sido tan interesante que no me va a cobrar lo que marca el taxímetro.
Subo a uno en pleno centro. Conduce una mujer de mirada piadosa. Veo su reflejo en el espejo retrovisor y pienso en cómo fue que los ojos de esa mujer se entristecieron tanto o si acaso esta mujer jamás sonrió.
-Dura, la vida, digo.
Me siento mal. Ninguna conversación interesante puede comenzar por una frase como dura, la vida. Y siento que no tengo nada para decirle a una mujer con ese dolor en los ojos.
-Usted en qué trabaja- me dice. El tono no es de pregunta y por eso que cuando escriba este diálogo no pondré signos de interrogación. Más bien está afirmando, esta mujer, que soy un imbécil.
-Soy periodista y escritor. Le digo.
-Cuál es la diferencia.
-Asumo que ninguna.
-Y entonces diga “periodista”, o “escritor”. Si dice las dos suena... agrandado.
-Pedante.
-Eso.
Me mira agradeciendo que encontré la palabra que ella no.
-¿Hace mucho que trabajás en el taxi?
-Veinticinco años.
-Yo tengo veintisiete.
-Dura, la vida.
DÍA 8.
Estimo que el 80% de los taxistas apoyaría un golpe de Estado si lo hubiera en este mismo momento. Son un gremio reaccionario. En general intentan cagarte si notan tu desconcierto. ¿Voy por Juan Oca Balda? Y qué mierda sé yo dónde demonios queda la calle Juan Oca Balda. Le digo que sí, que vaya por donde quiera, o por donde sea más corto. Por acá es más corto, pero por Juan Oca Balda es más rápido. Además, me dice, por Juan Oca Balda no hay tanto negro. Con morbo jafético insisto en el tema. Me explica que yendo por no sé que calle de tierra se corre riesgo de que te roben te violen y te maten por dos pesos esos negros hijos de puta hay que matarlos a todos. Me divierte su odio. Me da culpa mi pretensión de periodista progre y pienso en decirle que no, que la cosa no viene por ese lado. Pero ¿para qué? Al fin y al cabo no soy periodista. Soy escritor. Lo aprendí arriba de otro taxi.
DÍA 10. Le digo al tachero que escribo en La Voz del Interior. Me las arreglo para que el tema salga. Como cuando quiero resultar interesante en cualquier reunión social y no sé de qué hablar y entonces digo: Hoy en el laburo me mataron, tuve que escribir como cuatrocientas notas. ¿Notas? ¿En dónde trabajás? En un diario. ¿En cual? En La Voz del Interior. Demoro la información para generar sorpresa. Que primero piensen que trabajo, no sé, en un diario pedorro de esos que cuestan un peso. Después les hago sentir el poder. El taxista se sorprende. Aunque noto luego su desilusión cuando le digo que escribo en el suplemento cultural. Nunca lo leo, confiesa. De deportes no me saques. Y un poco de política. Y los clasificados cuando busco auto o repuestos. Y los chistes.
-¿Y el horóscopo?
-¿Sabés que no? No creo en esas cosas.
DÍA 14.
Las de 22 son todas putas. Lo dice con la seguridad de un tachero. Los tacheros no dudan. Ése es su secreto. Doblan por la calle equivocada con una seguridad tal que nos convencen de que ése debe ser un camino alternativo totalmente válido. Y no vacilan en sacar leyes generales sobre el funcionamiento del campo social. Las de 22, por ejemplo, son todas putas.
El chofer lo sabe porque anoche estaba esperando en la puerta de un boliche cerca del abasto. Salió una piba. Llorando. Y la minifalda cortita cortita se le veía toda la coneja.
-Sabés cómo me puse.
La piba cuenta que el novio la engañó con una forra del orto justo en frente de sus narices. Que le dijo que iba a buscar un trago y que apareció bailando con esa forra del orto y chapándosela y tocándole el culo y las tetas.
-¿Las que?
Las tetas. Y se las toca. Se las señala. ¿Me entendés? Se pasa el dedo por los pezones y repite.
-Las tetas.
El tachero opina.
-Qué hijo de puta ¿hace cuánto que estás de novia?
-Un mes. Nos íbamos a casar.
Y no se saca las manos de las tetas. Entonces le digo que cómo puede ser que te hagan esto a vos, una chica tan linda, una chica tan preciosa, una chica tan hermosa. Me dice que gracias y no se saca las manos de las tetas. Por el espejo veo su bombachita. ¿Cuántos años tenés?
-22.
Le digo que si quiere vengarse, yo conozco un lugar.
-¿Qué lugar?
-Mi casa.
Y viene. ¿Sabés por qué?
-¿Por qué?
Porque las de 22 son todas putas.
DÍA 15.
Por azar. Por que lo odié. Porque me había enamorado justamente de una chica de 22 años, me tocó el mismo tachero. Me pasa a buscar por casa. Me dice que la pendeja del otro día lo llama al celular y no lo deja tranquilo. No le creo una palabra. No le creo nada.
Mi chica, le digo, tiene 22. ¿Ya te la culiaste? Le digo que pare. Que detenga el fuckin taxi. Que soy un hombre enamorado.Sos un boludo. No. Tomá. Quedate con el vuelto.
Obviamente este tachero de mierda no vio Punch Drunk Love. O no me cree. Pero yo, man -me digo- estoy enamorado. Veo dónde estoy. Llueve. No consigo otro taxi ni a palos. Llamo a Mara y le digo que el mundo es un lugar maravilloso a tres centímetros de su boca.
DÍA 20.
De lo que más les gusta hablar a los taxistas es sobre sexo. Son expertos cogedores, todos. Saben dónde hay que tocar a una mujer para que explote de placer y qué hay que decirles para que acepten ir a bailar con uno, un tema de José Luis Perales. Saben qué decir al oído de las mujeres. Saben también qué decir para parecer interesantes.
-¿Vos qué estudiaste?
-Letras.
-¿Leés mucho?
-Si. Bastante.
-Yo hago otro tipo de viajes.
DÍA 21.
Son dos y están todos los días en una esquina. Un taxista me lo explica con la crueldad de la verdad desnuda. Hacen petes por diez pesos. La más grandota es tremenda.
-¿Probaste?
-Claro. A mi la chuparon todas las putas de Córdoba.
-Todo un presupuesto.
-A la guita hay que gastarla.
Le cuento que George Best dijo una vez una frase que sé que le va a gustar.
-¿Qué dijo?
-Al 80 por ciento de mi fortuna me lo gasté en mujeres, autos y alcohol. Al resto simplemente lo malgasté.
-¡Qué grande!
Detiene el taxi y escribe la frase en un anotador.
-Voy a hacer una calcomanía con esta frase y la voy a pegar en la luneta. Miro la luneta. Jesús salva, dice.
-¿Cuánto es, maestro?
-Nada, nene. Nada.
DÍA 30.
Termino el mes con miedo. El infierno son los otros, y sobre todo si los otros son taxistas. Mañana tendré mi primer auto y pondré un Marroc en el asiento del acompañante. Actualmente, man -me digo- soy un hombre feliz.
[Molestá con algo]