Almodóvar... dedicate a otra cosa

JEITOSINHA (del XVII al XX)

Capítulo XVII - Los ETes

Condenados a salir de la historia por los miles de lectores que saturaron nuestra casilla de e-mails con pedidos en este sentido, los ETes se preparan para finalmente abandonar nuestro planeta en busca de otros mundos.

- Qué anduviste haciendo en toda la tarde? - le preguntó el jefe del equipo al científico de la expedición

- Nada especial... encontré los restos de un humano descuartizado y, de aburrido que estaba, lo traje de vuelta a la vida... - contestó el científico, señalando a la figura que estaba en un ricón del laboratorio.

Toda la avanzada tecnología de los hombrecitos verdes no fue, sin embargo, suficiente para impedir que, visualmente, el resultado final fuera una visión horrible. Pero era posible reconocer, en aquel monstruo lleno de cicatrices, los rasgos de Ambrósio.

- Mmh... recuperó la memoria y la razón?

- Está un poco confundido todavía - dijo el científico - tal vez nunca vuelva a ser el mismo de antes, pero fue divertido jugar el papael de Dios Superior e invertir el orden natural antes de abandonar este planetucho atrasado. Vaya uno a saber qué hará este pobre diablo en su retorno a la vida...

La nave deja al resucitado Ambrósio al costado de un camino desierto y levanta vuelo rumbo al infinito. No muy lejos de ahí un cabizbajo Bruno va de regreso a casa, aún atontado por descubrir que su dulce Jeitosinha era ahora un gato.

Como si eso no fuera suficiente, sentía la confusión mental causada por la certeza de que su experiencia con el travesti no le dejó una conclusión clara. Hasta el momento en que Jeitosinha irrumpió en la habitación no había sentido ningún placer. Pero era difícil saber en qué podría haber terminado la cosa.

Bruno no tenía apuro por llegar a ningún lugar en especial. Necesitaba pensar y, tal vez involuntariamente, acabó frente a la casa de Jeitosinha. Sintió un nudo en el corazón al contemplar la ventana de la habitación de su amada, nostalgias de un pasado perfecto y el dolor de saber que el futuro feliz que habían soñado ya no era posible.

- ¿Bruno?

Por un momento pensó que se trataba de Jeitosinha, pero la voz que venía de la galería oscura de la casa era más grave.

- ¿Adenair?

- Si... - contestó el suave hermano de la rubia, acercándose - me parece que algo te procupa, querés hablar? Bruno observó perplejo a Adenair, nunca se había dado cuenta de cuánto se parecía a su Jeitosinha!

- No creo que me puedas ayudar...

- A lo mejo si puedo... - respondió el muchachito con la voz llena de emoción y deseo.

Capítulo XVIII - Bruno y Adenair

Ambrósio no conseguía recordar exactamente quién era. Im;agenes confusas de un travesti rubio con una motosierra le venían a la mente, mientras reconocía algunos trechos del camino. Terminó, naturalmente, frente a su casa, pero no tuvo el coraje de entrar, especialmente porque no tenía ni idea de qué lugar era ese.

Vio a dos hombre jóvenes conversando sentados en un banco de la galería del frente. El día estaba naciendo. Del otro lado de la calle, Ambrósio reconoció algo familiar en aquellos rostros.

Pero quiénes eran? Además, quién era él mismo? Súbitamente el hombre se dio cuenta que no podía recordar siquiera su propia cara. Buscó un vidrio, un espejo, algo donde pudiese ver su propio reflejo; en un charco de agua pudo finalmente ver su semblante mostruosos. Con un grito aterrador corrió a esconderse en unas matas del baldío próximo, estaba confuso y con miedo.

Bruno y Adenair oyeron el grito, pero no le dieron importancia.

- Podés contarme todo, Bruno. Se todo con respecto a Jeitosinha.

- ¿Todo? - se sorpredió

- Si... ella es una vícitma, igual que vos...

Por el comentario Bruno percibió que tal vez Adenair no supiera que su hermana era una prostituta. “Si ella me lo ocultó a mi, por qué no se lo ocultaría a su hermano?“, se preguntó. Quebrado bajo la presión, Bruno lloró convulsivamente.

Adenair lo atrajo a su pecho, abrazándolo y acariciando su cabello. Bruno notó que la mano y el suave perfume del muchcacho le recordaban mucho a su hermana. Se sintió confortable por algunos minutos.

Secándose las lágrimas, Bruno vio bien de cerca los ojos de Adenair, tan parecidos a los de Jeitosinha. Sólo entonces se dio cuenta de que algo extraño estaba ocurriendo: el apoyo que estaba recibiendo, más físico y callado que un simple diálogo, no es común entre dos hombres.

- Adenair, ¿por qué me abrazás de esta manera? - preguntó Bruno con miedo de la respuesta.

En los matorrales cercanos, Ambrósio comenzaba a darse cuenta de quién era. Tal vez por un bloqueo, causado por la muerta violenta o el proceso con que se lo trajo de vuelta a la vida, no asociaba al travesti rubio con su amada Jeitosinha.

Pero ya sabía que él era el jefe de la familia que vivía en esa casa, y que estaba deformado por alguna terrible razón, la misma que lo obligaba a mantenerse escondido. En la galería de la casa, Adenair comenzaba a revelarse. Cada palabra pronunciada dolía como un parto.

- Bruno... yo también tengo un secreto...

Capítulo XIX - La confesión de Adenair

- Bruno, yo siempre te amé...

La declaración de Adenair, un golpe disparado por su corazón angustiado, dejó al sufrido enamorado de Jeitosinha más perplejo que antes.

- No Adenair, ¡no es posible! ¿¿Vos sos...??

¿Cómo completar la frase? ¿Qué era Adenair? ¿Qué era Jeitosinha? ¿Quién era él? ¡Cuántas certezas se desvanecián! ¡Cuanto quilombo junto, transformando su vida en una película de Almodóvar!

- Durante mucho tiempo sufrí en silencio. Creí que nunca juntaría el coraje para poder expresarme. Pero desde que supe la verdad sobre Jeitosinha, y percibiendo que vos aún estás enamorado de ella, vi que por más difícil que sea, mi sueño tal vez no sea imposible. ¡Dame una oportunidad! ¡Vos vas a amarme también!

- ¡No entendés nada, Adenair! ¡Con Jeitosinha es diferente! Ella es una mujer casi completa!

- No te engañes, Bruno - respondió - ¿Estás seguro que en el fondo no supiste siempre lo que ella es? ¿Podés decir con total seguridad que sos heterosexual?

Todavía traumatizado por la experiencia reciente, Bruno pensó que quizás Adenair tuviera razón. Pero no se sentía listo para bucear en el lodo de sus emociones. Reaccionó rechazando de plano la posibilidad de ser gay.

- Si Adenair, soy heterosexual. Además estoy harto de tanta farsa y disimulación. Quiero encontrar una mujer de verdad, que no me sorprenda con ninguna protuberancia antinatural! Bruno ddejó atrás un Adenair lastimado y arrepentido. Sabía que deseaba a aquél hombre, se sentía mal por haberlo provocado verbalmente y estaba dispuesto a cualquier sacrificio para tenerlo a su lado.

- ¿Vos querés una mujer, Bruno? - murmuró para sí mismo, mientras el muchacho se alejaba - entonces seré una. ¡La más bella, completa y exhuberante que jamás hayas visto!

Adenair durmió poco aquella noche. La mañana siguiente fue a ver a Doña Nair, partera y amiga de la familia. Sin pelos en la lengua, el muchacho le contó su drama y le hizo un pedido inesperado:

- Necesito cambiar de sexo, convertirme en una mujer. Pero no tengo dinero, ¡por favor ayúdeme doña Nair!

- No se, m’hijito... - la vieja negaba con la cabeza - no consigo hacer una cesárea, menos voy a poder extirparte la pindonga.

Adenair cubrió su rostro y lloró convulsivamente.

- Pero conozco un médico que atiende en el hospital público...

Los ojos del muchacho brillaron con esperanza

- Lléveme con él, ¡por favor!

Capítulo XX - Nuevas emociones

La casa de Jeitosinha era escenario de tiempos extraños. La desaparición del padre parecía preocupar a su madre y hermanos, pero la rubia casi perfecta tenía preocupaciones aún mayores: ¿quién había escondido el cuerpo de Ambrósio y borrado todas las huellas del asesinato? ¿Quién había llamado a Marilena, haciéndose pasar por el muerto?

Jeitosinha no se había olvidado de su venganza. Además, había incluido a Arlindo en la lista negra. Pero el desenlace insólito de su crimen terminó por inhibirla. Era necesario esperar el momento justo, la prioridad era entender todo este lio. Y como si no hubiera suficiente quilombo, estaba esta nueva desilusión con Bruno, el descubrimiento de su nueva sexualidad, los encantos misteriosos de la casa de Madame Mary...

Mientras Adenair buscaba, en el mayor hospital público de la ciudad, el médico indicado por doña Nair, Jeitosinha volvía al cabaret para una reunión con su nueva patrona. Madame Mary dio una larga explicación sobre el arte del placer, una especie de preparación teórica para lo que vendría después. La expectativa de poner en práctica toda esa técnica casi exitaba a Jeitosinha.

Al término de la reunión, se dirigía a la puerta de salida cuando sintió dedos suaves tocando su hombro.

- Hola... ¿vos sos nueva acá? - preguntó una lindísima peliroja de sonrisa seductora.

- Si... - respondió la rubia, tímidamente - pero todavía no estoy trabajando

- Ah, claro, sos la nueva pupila de madame Mary... ¿te está gustando la preparación?

- Y, si... todo es muy nuevo para mi, pero no veo la hora de entrar en acción

La peliroja tomó a Jeitosinha suavemente por la cintura, y mirando profundamente a Jeitosinha a los ojos le propuso:

- A lo mejor podamos comenzar ahora...

La respuesta tuvo un dejo de ironía:

- Cuidado, querida, podés sorprenderte con lo que vas a encontrar

- Mmmhhh ¡Adoro las sorpresas! - se entusiasmó la peliroja, mientras llevaba a Jeitosinha de la mano a la habitación más próxima.

A pocos quilómetros de ahí, un médico sin afeitarse y de guardapolvo mugriento conversaba con Adenair:

- Bueno, vos sabés que la salud pública no cubre este tipo de operación. Pero puedo poner en la historia clínica que se trata de la extirpación de un apéndice, lo que no deja de ser verdad - dijo el hombre riéndose de su propia ocurrencia.

- No se como agradecerle, doctor

- No hay problema, yo nunca hubiera aprendido obtetricia sin la ayuda de Doña Nair... ésta es una forma de retribuir su favor.

La operación de cambio de sexo se haría el día siguiente, Adenair volvió a casa con pasos rápidos.

En el cabaret, Jeitosinha vivía una nueva emoción: su primera vez con una mujer. Se deleitaba con la idea de ir descubriendo las infinitas posibilidades de interacción entre lo cóncavo y lo convexo, tantas veces cantadas por Roberto Carlos.

¿Roberto Carlos? ¿cóncavo y convexo? Mi dios, ¡esta novela empeora cada día! ¡No se pierdan el próximo capítulo de la novela informática más punk!



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  • #1 ..··. Un tábano tímido ··..· 3/10 .·.. 12:35

    POR FAVOR!! CÓMO SIGUE????

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  • #2 ..··. luna ··..· 25/09 .·.. 03:21

    pedro es un capo y si no entienden las peliculas de el no lo juzguen y no las vean porque sus peliculas, dejando atras lo absurdo dejan mucho,venganza pasion amor locura, Antes lo juzgaba porque hay que tenerr ganas de ver un peli de el pero cuando empeze no pude parar ojala que no se retire nunca aguante pedro almodovar

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