Capítulo XXIV - ¡Ambrósio y Jeitosinha frente a frente!
Por treinta segundos, que parecieron una eternidad, Jeitosinha y Ambrósio se miraron fijamente. Ella venía aprendiendo del burdel de Madame Mary todo sobre el arte de la disimulación y consiguió ocultar el miedo, la dorpresa y la confusión mental que le causaban aquella imagen, ahi frente suyo, del hombre que había asesinado.
La expresión de Ambrósio era inocente, casi infantil. El hilo de baba intermitente continuaba bajándole por el mentón. Con su voz pastosa, luego del tenso silencio, el hombre preguntó:
¿Quién sos vos?
Jeitosinha suspiró aliviada. Seguía sin entender lo que estaba ocurriendo. Las marcas de los cortes en los brazos y rostro de Ambrósio indicaban que ella efectivamente lo había herido, pero tal vez no había llegado a matarlo, pensó. Tal vez había sufrido alguna alucinación durante e ataque con la motosierra. Tal vez Ambrósio había conseguido salir de la casa arrastrándose. ¿Pero quién, entonces, había limpiado el piso y los muebles?
Nada de esto era importante ahora que el padre, tal vez por el shock de haber sido atacado por su propia hija, no conseguía reconocerla. “Debe ser algún tipo de defensa emocional”, concluyó.
Mucho más incómodo con la situación estaba Arlindo. Su plan de expltar la hermana se dificultaba, en parte, con la reacción del padre. Si Ambrósio no la reconocía, y además había perdido su caracter opresor, Jeitosinha no tendría nada a que temer.
De hecho, la rubia no tenía nada que perder. Después de la decepsión con su amado Bruno, y con todas las emociones que tomaran por asalto su vida, el futuro se presentaba diferente. Jeitosinha intercambió una mirada con Arlindo. Sonrió, mostrándose superior y él entendió el mensaje: ella estaba libre de su influencia maligna, pero curiosamente, Jeitosinha no pensaba abandonar el burdel de Madame Mary. La misteriosa mujer, que nunca dejaba ver completamente su rostro, había conseguido, de alguna manera, que Jeitosinha recuperara su autoestima. En el cabaret la aceptaban como era, y ahora había encontrado a Laura Croft, la peliroja que le había despertado curiosas sensaciones. Además, venía haciendo un esfuerzo por olvidar a Bruno y se aferraba a la emoción de aquella tarde de placer como si en ella residiera su salvación.
Si Jeitosinha veía ahora el burdel como una bendición, eso no significaba que perdonaba a Arlindo. Al contrario, había planeado para el hermano una terrible venganza... En cuanto a sus padres, el destino se había ya encargado del castigo. Ambrósio era un ser repugnante, débil y deformado. Su madre, que presa de sus convenciones sociales jamás pensaría siquiera en una separación, estaba condenada a vivir junto a ese ser abominable por el resto de su vida. Jeitosinha estaba inmersa en estos pensamientos cuando alguien tocó el timbre. Arlindo fue a atender y se encontró con una morena exhuberante, de más o menos treinta años. Ella tenía cabello negro y lacio hasta los hombros, y los ojos de un azul cristalino que constrastaban con su piel clara. Mostrando una identificación se presentó:
Soy la detective Vanessa, de la Policía Federal. Vine a investigar la desaparición del Sr. Ambrósio.
Todos en la casa, incluso el mismo Ambrósio, se miraron sorprendidos.
Del otro lado de la ciudad, el angustiado Bruno tomaba una decisión. Apuntando el arma a su cabeza, finalmente apretó el gatillo.
Capítulo XXIV - ¡Jeitosinha acusada!
La detective Vanessa se sentó en el sofá que otrora estuviera cubierto por la sangre de Ambrósio. Encendió un cigarro y cruzó lentamente las piernas, parecida a Sharon Stone en “Bajos Instintos”.
Creo que usted llegó tarde - se apresuró a decir Marilena - mi marido ya volvió
¿Él es Ambrósio? - preguntó Vanessa sin poder evitar un gesto de asco - quién o qué le hizo eso?
Seguramente fue un accidente - replicó, nerviosa, Jeitosinha.
La experta Vanessa percibió un ambiente pesado en el hogar. “Acá, con seguridad, se esconden grandes secretos”, pensó. Fascinada por su oficio, en aquel momento la bella detective supo que no tendría un momento de paz hasta que descubriera cada pequeño detalle de lo que ella misma llamaba “el caso Ambrósio”.
Cuénteme, buen hombre, quién lo hirió?
Ambrosio tembló con el simple recuerdo de fragmentos de la escena, tanto que apenas consiguió hablar.
Nnn... no me acuerdo. No quiero saber. Asi estoy bien.
La mujer tocó a Ambrósio cariñosamente
Procure recordar... esas marcas, sin duda se trata de un arma cortante, tal vez una hoja grande, una sierra...
¡No! - Ambrosio se encogió, presa del pánico, hundiendo la cabeza entre sus brazos
Jeitosinha sintió un escalofrío en la espalda. ¿Y si su padre recobraba la memoria?
La detective Vanessa siguió con sus preguntas:
Trate de recordar, alguna imagen, alguna persona...
Ambrósio finalmente levantó la cabeza. Con los ojos fijos en la linda policía exclamó bajito:
Si... de algo me acuerdo... ¡si!
¿Qué? ¿De qué se acuerda? - La exitación de Vanessa era casi sexual
¡Fue ella! ¡Fue ella! - clamó Ambrósio, señalando a Jeitosinha
¡¡Es mentira!! - gritó la rubia
¡Cállese, deje al hombre finalizar su relato! - dijo la detective. Y luego, volviéndose a Ambrósio.
Siga, señor... ¿ella le hizo esto, y después?
Despues unos hombrecitos verdes, en una nave espacial me devolvieron a la vida.
La detective sonrió con condescendencia, y abrazó al frágil Ambrósio
Hombrecitos verdes? Es una alucianción, sin duda... basta por hoy. Pero voy a volver para hacer más averiguaciones.
Jeitosinha se sintió aliviada. Marilena y Arlindo miraban a Ambrósio y a Jeitosinha con expresiones indescifrables. Lejos de ahí, lo primero que Bruno vio fue una luz blanca e intensa. El rostro de jeitosinha le sonreía, enmarcada en centenas de penes de todos los tamaños y formas... “estoy en el paraiso” susurró.
La visión fue interrumpida por la penetración contundente de una aguja de inyección. Con los ojos bien abiertos, el confuso muchacho vio un hombre de bata blanca, parado junto a la cama de hospital donde estaba acostado.
Naciste de nuevo, muchacho. La bala apenas te rozó la frente.
¿D-dónde estoy?
En la sala de emergencias del hospital público
Bruno recorrió el lugar con su vista y no pudo creer lo que veía. Con una toca cubriendo su cabeza, adormecida en la cama de al lado, se encontraba nada menos que su amada.
¡Jeitosinha! - exclamó
Sólo si ese fuera su nombre artístico - corrigió el médico - él llegó aquí como Adenair y ahora es Adenaíra.
¿Adenaíra? - se sorprendió
Si... se sometió ayer a una cirugía de cambio de sexo. Pero es posible que nunca pueda disfrutar de su nueva anatomía.
¿Por qué, doctor?
El médico respiró profundo antes de explicarle a Bruno el drama del ex-hermano, ahora hermana de Jeitosinha
Capítulo XXV - La Amenaza
Adenaíra contrajo una severísima infección hospitalaria, hijo...
Bruno quedó pasmado con la noticia. El Adenair que él conociera era tan alegre, tan campanita... “asi, dormido y con esa toca en la cabeza, es increíble la semenjanza con Jeitosinha”, pensó. Adenaíra abrió los ojos y vio a Bruno, a su lado, con las vendas en su cabeza.
¿Que te paso, mi amor? - balbuceó
Nada, no te procupes, me caí por la escalera - mintió el muchacho, en una tentativa de minnimizar el sufrimiento de aquella rediente mujer.
Yo... yo hice esto por vos, Bruno. Lo hice por amor...
Los ojos de Adenaíra se volvieron a cerrar.
¿Doctor, qué posibilidades tiene? - preguntó angustiado el muchacho
Depende... ella puede simplemente entregarse a la dolencia, y las chances serían mínimas. Pero si ella se apega a algo que le devuelva las ganas de vivir, y si el antibiótico de la farmacia del hospital no está vencido, tal vez pueda recuperarse.
Es una pena... quisiera poder ayudar
Podés ayudarla... - le dijo el médico - ¡Ella te ama, dale esperanzas!
Bruno seguía perdidamente enamorado de Jeitosinha, y lo que es peor, de Jeitosinha tal cual era, versión de fábrica. “Si Adenair supiese que su sacrificio al operarse sólo puso más distancia entre nosotros...”, reflexionó. Pero, por otro lado, intentar salvar una vida era motivación suficiente para hacerlo recuperar el amor por su propia existencia, después de la enorme desilución de encontrarse a su amada trabajando en un cabaret. Veía algo más que una simple coincidencia el hecho de que él y Adenair estuvieran juntos en la misma sala del hospital.
Está bien doctor, ¡la voy a ayudar! - dijo Bruno, conformándose con su destino.
En su casa, solo en su cuarto, Ambrósio intentaba reorganizar sus ideas. ¿Habrá sido de verdad víctima de un ataque de Jeitosinha? ¿Y los marcianos? Nuevas imágenes venían a su mente luego del encuentro con la detective Vanessa.
Se acordaba, remotamente, de una chica rubia que él amaba mucho. Si, tal vez se tratara de Jeitosinha... comenzaba a recordarla. Para conservar su salud mental, Ambrósio estaba dispuesto a no asociar su hija amada a aquella imagen dantesca del travesti con la motosierra y olvidar de una vez lo ocurrido.
Pero Jeitosinha no pensaba igual.
Aprovechando que estaban solos en la casa, la rubia entró en el cuarto de su padre para conversar con él...
Papá...
¿J-jeitosinha? - Ambrósio aún tenía miedo en su voz - perdoname por haberte acusado... mi cabeza aún no funciona bien.
Te engañás, viejo podrido. Tu cabeza anda mejor de lo que pensás.
Ambrósio entró en franco pánico. Aquella sonrisa sarcástica y cruel ¡Síííí, no fue una alucinación! ¡Jeitosinha era aquel travesti!
¡No! - gritó el hombre - dejame en paz! Socorro!
Gritá nomás, nadie te va a escuchar
¡No me mates! - imploró de rodillas, abrazando las piernas de la rubia
No voy a ser tan boluda, menos ahora con esa detective metiendo la nariz por acá. Pero te advierto: se me volvés a acusar con quien sea, ¡no voy a pensarlo dos veces antes de terminar con lo que empecé!
¡Si... si! ¡Soy una tumba! - dijo el patético Ambrósio entre lágrimas - soy una tumba! Pero... por favor ayudame, todavía no recuerdo bien... hay algunas imágenes muy surreales... hombrecitos verdes... y... y...
Jeitosinha se rió maliciosamente, se bajó el cierre y expuso su enorme misterio.
Si papá, por lo menos ésta es real. ¿Pero qué historia es esa de los hombrecitos verdes? ¿Qué idiota pondría hombres verdes en nuestras vidas, tan cotidianas?
Ambrosio sacudió la cabeza, confundido. Jeitsonha acarició su cabeza, haciendo que el hombre se encogiera áun más.
Por ahora te voy a dejar tranquilo. Pero me tenés que hacer un favor: me tenés que ayudar en la próxima etapa de mi plan de venganza...
Capítulo XXVI - Entrega
Jeitosinha le entregóa su padre una papel en blanco y una lapicera.
Firmame esta hoja
P-pero hijita... ya te dije que no voy a decir nada...
¡Vos firmá!
Con manos temblorosas, Ambrosio escribió su nombre en el papel.
Listo, ¿estoy libre ahora?
Si... - Dijo la chica, riendo sarcásticamente - que tengas lindos sueños...
Jeitosinha se fue a su cuarto y espero pacientemente que todos volvieran a casa. La madre, que siempre estaba con doña Nair o en la iglesia, volvió de la misa. Sus hermanos, uno a uno, fueron llegando y acomodándose alrededor de la TV, como hacían siempre. Normalmente Arlindo, el más reacio, prefería quedarse leyendo en el estudio hasta que todos se acostasen. Era la hora en que él tenía la TV para sí y se quedaba haciendo zapping.
En el silencio de la madrugada, Jeitosinha se aproximó, vestida como una diva del cine: un largo vestido negro que exhibía sus hombros y parte de sus senos, un tajo por donde podía verse toda la extensión de su pierna izquierda, un par de guantes que le cubrián los antebrazos... todo recordaba a la inmortal Gilda.
Arlindo se sorprendió con la madurez de la belelza de su hermana, que traía un vaso de whisky on the rocks.
Sabes, hermanito, a veces la felicidad llega por caminos extraños...
¿Qué querés decir?
Quiero decir que encontré mi verdadera vocación en el cabaret de Madame Mary, y eso te lo debo a vos.
Jeitosinha bebió un gran trago y le ofreció el vaso a Arlindo.
Brindemos. Sellemos con este whisky la paz entre nosotros.
Arlindo miró el vaso con desconfianza, pero como su hermana acababa de tomar de él, descartó l aposibilidad de que la bebida estuviera envenenada. Un poco nervioso, se tomó todo el whisky y le devolvió el vaso a su hermana. Jeitosinha tomó un cubito de hielo y se lo pasó provocativamente por el cuello y el escote. Después se inclinó sobre Arlindo y apenas rozando con sus labios el oido de su hermano murmuró:
Mañana, hermanito, todos comenzaremos una vida nueva...
Luego de esta enigmática frase, la rubia se retiró. El cruel Arlindo llegó a pensar que su hermana estaba tan desequilibrada como su padre. Pero enseguida se entretuvo con una película de cuarta hasta que se quedó dormido.
En el hospital público, Adenaíra abría los ojos
B-bruno... pensé que había sido un sueño
Estoy aquí, te estoy esperando - la frase brotó sin ninguna convicción
¿Esperándome a mi? - preguntó la nueva hermana de Jeitosinha
Si. Es necesario que luches, que recuperes tu salud, yo voy a acompañarte
¡Ay Bruno! ¿Me vas a dar una opotunidad?
El tiempo dirá. Por ahora, te prometo mi amistad y mi atención.
¡No sabés la felicidad que me das! - dijo la muchacha, ya con una débil luz en sus ojos.
A la mañana siguiente Arlindo despertó en el mismo sofá donde bebiera con Jeitosinha. Pero estaba rodeado de policías y lo estaban esposando. Al comando de la operación, al detective Vanessa se dirigió a él, mostrando en el rostro la satisfacción del deber cumplido.
Quedás arrestado, Arlindo
P-pero.. ¡yo no hice nada! - gritó el muchacho - ¿de qué se me acusa?
¡Homicidio!
¡¡¡¡Nooo!!!! - el grito de Arlindo llenó la sala...
Capítulo XXVII - El destino de Arlindo
¡Yo no maté a papá!
Arlindo gritaba con la convicción de los inocentes, pero la detective Vanessa estaba impasible.
Le vas a explicar eso a un juez. Tenemos evidencias más que suficientes para apresarte
¿Qué evidencias? ¿Cuales son? - preguntó, en desacuerdo
Tu padre amaneció muerto y todo indica que fue envenenado. Tu mamá lo encontró esta mañana y nos llamó. Mientras vos dormías buscamos pistas por toda la casa y encontramos en el cajón de tu ropero un frasco de veneno muy eficaz...
¡No puede ser! - interrumpió Arlindo - ¡alguien me puso eso para incriminarme!
Vanessa sonrió con su frialdad habitual.
No sirve de nada, Arlindo... es mejor confesar. Vos no contabas con esto, pero tu papá, previendo su trágico destino, escribió una carta...
La mujer hizo una señal con los dedos y uno de sus asistentes le entregó una hoja de papel. Vanessa continuó:
Estaba en el bolsillo del piyama de Ambrósio. Mirá lo que dice: “Si alguien encontró esta carta, probablemente yo estaré muerto. El hecho es que recobré mi memoria. Arlindo, mi hijo mayor, fue el responsable de la primera tentativa de asesinarme. Todavía no se qué voy a hacer, pero como temo que lo intentará de nuevo, dejo registrada esta denuncia. Arlindo nunca me perdonó por una paliza que le di en su adolescencia, y nunca me perdonó por preferir a Jeitosinha. Percibiendo que yo comenzaba a recuperar mi memoria, comenzó a amenazarme. Tengo miedo de hablar con la Policía.
Además, como me volví un monstruo, me da lo mismo estar vivo que muerto. Todo lo que deseo es que, si logra asesinarme, Arlindo sea castigado”... Ambrósio firma la carta. Claro que vamos a hacer un examen grafotécnico...
¡No puede ser! ¡Esa carta es un fraude! Ya van a ver! - dijo el primogénito de Ambrósio y Marilena.
Todavía hay una tercera pista - completó Vanessa - este vaso, encontrado junto a l acama de tu padre, con el mismo veneno que hallamos en tu cuarto, disuelto en jugo de naranja. En él hay huellas de dos personas diferentes.
“Si”, pensó Arlindo, “ahora entiendo.. ¡Fue Jeitosinha; ella me dio el vaso de whisky ayer mismo!. ¡Como ella usaba guantes, sólo las marcas de mis dedos están en el vidrio!”.
En completo pánico y odio, Arlindo señaló a su hermana
¡Fue ella! ¡Es todo una farsa! ¡Es una travesti maníaco y asesino! ¡Usted misma oyó a mi papá diciendo lo mismo!
Tu papá estaba muy confundido, ese tipo de reacción es común... sin querer, Jeitosinha era el apoyo emocional de tu padre, tal vez por eso mismo él creyo verla en sus delirios. Ahora... ¿qué es eso del travesti? - Vanessa dirigió la pregunta a Marilena
Arlindo está tratando de confundirla - la madre no perdió la oportunidad de defender a su hija en aquel momento dramático.
¿Quiere comprobarlo? - Preguntó Jeitosinha, segura de la negativa de la detective
No es necesario, querida. Se muy bien cómo son los hombres, siempre intentando encontrar defectos en las mujeres bonitas...
Vanessa se dirigió a sus asistentes y ordenó:
Llévenselo. Vamos a esperar el examen de grafología en la carta y de las huellas en el vaso. Vos vas a esperar el resultado en una celda, Arlindo. En caso de que se confirmen mis sospechas, no vas a salir de ahí por mucho tiempo.
Debatiéndose y gritando, Arlindo fue arrastrado al patrullero. Los policias dejaron la casa y Marilena finalmente demostró su dolor con un llanto convulsivo. La verdad es que se sentía aliviada por el fin de Ambrósio, pero no soportaba la idea de que hubiera sido asesinado por uno de sus hijos.
Jeitosinha... ¿por qué trató de incriminarte Arlindo?
Vos sabés que él me odia, mamá
Jeitosinha estaba calmada y segura. Beso suavemente el rostro de su madre y se fue a su cuarto, ya pensando en el próximo acto de su circo de horrores.
Capítulo XXVIII - Madame Mary
Pasaron algunos dias desde la muerte de Ambrósio. Adenaíra se recuperaba de la infección hospitalaria. Bruno se la había llevado a su casa y la convivencia era amigable. La chica se esforzaba por transformar ese departamaneto de soltero en un hogar, y al muchacho le gustaba su compañía. Pero no conseguía olvidarse de Jeitosinha y aún sentía... digamos.... un “vacío” por dentro, no se si se entiende.
Como era de esperarse, el examen caligráfico comprobó que se trataba de la letra de Ambrósio en la carta, del mismo modo que las huellas digitales del vaso eran las de Arlindo. Impotente frente a la trampa montada por su hermana, y sumando las pésimas condiciones de la vida carcelaria, Arlindo simplemente enloqueció.
En la casa de Jeitosinha todos se esforzaban para retomar la rutina de sus vidas. Adenaíra escribió contando de su operación y de cómo estaba feliz con su nueva condición. Omitió, sin embargo, que estaba viviendo en la casa de Bruno. En el burdel de Madame Mary, Jeitosinha buscaba superar la pérdida de su amado en brazos de Laura croft.
El entrenamiento de la rubia continuaba. En la penunbra de su escritório, Madame Mary continuaba instruyendo a Jeirosinha sobre los misterios del amor y el sexo, pero eran solo clases teóricas, lo que ya comenzaba a impacientar a nuestra heroína.
Hay veces en que me parece usted, deliberadamente, está demorando mi debut profesional - cuestinó un día Jeitosinha
Por primera vez la seguridad de Madame Mary parecía resquebrajarse
Qué tontería, querida... ya te dije que tengo una reputación que cuidar... todo a su tiempo.
Jeotsinha se venía abriendo cada vez más con su patrona. Llegó a confesarle el atentado con la motosierra, el plan que incriminó a Arlindo y el deseo de vengarse de su madre. Madame Mary escuchaba sin emitir ninguna opinión.
Aquella tarde, sin embargo, encontró a Jeitosinha más deprimida y frágil que de costumbre.
¿Que pasa, mi niña? - preguntó la madama
No se qué pasa conmigo, Madame Mary... - contestó la rubia, con la voz quebrada - tal vez sea la falta de Bruno, o el remordimiento por haberle quitado la vida a mi padre... pero me siento cada vez más débil. Comienzo a pensar que tal vez mamá no es tan culpable de mi destino. Tal vez sea ella la mayor víctima, guardando por tantos años un secreto para salvarlos a todos de la ira de Ambrosio.
¿Que querés decir con esto? - Preguntó Mary
Quiero decir que estoy cansada de tanto odio y sufrimiento. Voy a buscar mi felicidad. Voy a buscar a mamá y decirle que la perdono...
No creo que te haga falta ir a buscarla... - dijo Madame Mary con un tono de voz muy familiar.
La mujer se aproximó a la tenue lámpara que iluminaba el escritorio. Con las lágrimas bañando su rostro, se mostró por primiera vez...
¡Mamá, sos vos! ¡¡¡No puede ser!!!
Claro que soy yo, querida... ¿vos creés que con el sueldo de tu papá podíamos criar siete hijos y encima comprarte la colección completa de Barbie?
¡Entonces es por eso que mi etrenamiento nunca terminaba! No querías prostituir a tu propia hija
Si... éste es apenas otro de los sacrificios que hice por vos. Fui yo quien sacó de la casa los restos de Ambrósio y limpié el enchastre del living. El llamado telefónico y la nota que hablaban de la excursión de pesca también fueron inventos mios.
Entonces... ¿papá realmente había muerto!
Si. No me preguntes cómo fue que volvió a la vida. Tal vez haya sido un milagro del cielo para protegerte, Jeitosinha. Ya habías sufrido demasiado, y ese plan de la motosierra era simplemente ridículo... dejaste tus huellas digitales deparramadas por todo el living. El segundo crimen fue mucho mejor planificado y ejecutado, y además castigaste al chantagista de Arlindo.
Jeitosinha abrazó a su madre, emocionada (imaginen aquí una música melosa de fondo, ejecutada por violines).
Finalmente, casi todo parecía encajar.
Eran tiempos de recomenzar. De pronto Jeitosinha se dio cuenta que el burdel nunca fue su lugar. Lo que le atraía era justamente el magnetismod e madame Mary, quien no era otra que Marilena, su propia madre.
Si no fuera por la nostalgia que sentía por Bruno, todo estaría perfecto en su vida. Al final de aquella tarde, Jeitosinha se despidió de sus colegas del cabaret.
Voy a tomarme un tiempo para mi. Necesito repensar mi vida... a lo mejor vuelva a esta casa a ayudar a mamá, no se... lo importante es que hice muchos afectos aquí.
Laura Corft lloraba copiosamente:
¿Entonces todo está terminado entre nosotras?
Si, Laura... no da. Bruno es mi único amor. Necesito olvidarlo antes de recomenzar mi vida sentimental con otra persona...
Laura parecía entender. Tanto que le dio a Jeitosinha un consejo práctico:
Si lo amás tanto, por qué no intentás una reaproximación? Todo bien, el piensa que vos sos una de nosotras, pero vos, en contrapartida, lo encontraste en brazoas de Katia Trovoada...
Katia, el trava moreno que había poseído a Bruno, se asombró:
¿Ese chico era tu machito? Ay, mi amor... estás sufriendo al pedo...
¿Cómo es eso? - se sorprendió Jeitosinha
Katia comenzó a narrar el diálogo que ella y Bruno sostuvieran antes del acto de amor...
Último capítulo - Al fin el fin
¿Qué fue lo que Bruno te dijo esa noche, que fue tan importante? - le preguntó Jeitosinha a la travesti Katia Trovoada
Bueno, preciosa... él llegó aquí hecho un pollito mojado. Estaba super borracho, pero no había perdido la timidez...
Si... ¿y entonces? - la rubia apenas controlaba sus emociones.
Entonces le pregunté cómo lo quería hacer, y él me dijo que era su primera vez en un lugar como éste, y probablemente la última...
¿¿Y qué mas??
Me contó que él no venía por placer, que se estaba poniendo a prueba, por amor. En su momento no entendía nada, pensé que era charla de borracho, pero ahora voy entendiendo...
Los ojos de Jeitosinha brillaron
¡Si! Cómo no pensé en eso antes? ¡El quería saber si conseguía adaptarse a mi particular modo de amarlo!
No es ningún tonto si lo que quiere es adaptarse a vos - dijo Katia con un gesto afectado.
¡Voy a buscarlo ya mismo!
Mientras Jeitosinha corría a los brazos de su amado, Bruno daba un punto final a su relación con Adenaíra. Fue una larga conversación, que terminaba en un clima cordial:
No lo tomes a mal... pensé que podía olvidar a Jeitosinha, pero... es imposible. De alguna manera, siento que cuando estoy con ella todo parece encajar.
De haber sabido antes no me cortaba la chota...- se lamentó Adenaíra - de cualquier manera, te debo mi vida. Estoy agradecida por los dias que pasamos juntos y por haberme cuidado. Espero que un dia Jeitosinha y vos se arreglen.
No creo que sea posible...
¿Qué secreto guardás vos sobre ella? ¿Existe algo más, además de su particularidad anatómica?
No me obligues a decirlo. Solo puedo adelantarte que tu hermana no es quien parece ser.
En ese momento la puerta del departamento se abrió dramáticamente:
Si, Bruno, sí, mi amor ¡Soy tu Jeitosinha! ¡Jamás fui tocada por otro hombre que no fueras vos!
A esta altura del campeonato hablar de Laura Croft era completamente al pedo... sin contar con que era una mujer.
Pero... ¡pero yo te vi en ese lugar deplorable!
Estaba ahí porque fui chantajeada por Arlindo... ¡pero no llegué a entrar en acción! Es una larga historia, mi amor...
Bruno comenzó a romper su cascarón de rencor
Yo... yo también fui al burdel ese día porque...
Ya se... olvidemos eso, Bruno.. no me digas nada.... besame!
Cabizbaja, Adenaíra dejó el departamento de Bruno y caminó sin rumbo por las calles de la ciudad.
Jeitosinha y su hombre se amaron locamente, como estaban predestinados a amarse por muchos, muchos años.
No muy lejos de ahí, una nave espacial se posaba en un terreno baldío.
¿Por qué volvimos, jefe? - preguntó una de las criaturas verdes.
¡Vea con sus propios ojos... compramos gato por liebre!
El ET le entregó a su colega una edición de Playboy
¡Epa! La chica que trajimos tenía algo de más...
¡Mas vale! ¡Era un hombre disfrazado!
¿Como se dio cuenta?
Bueno, ya habíamos salido de esta galaxia cuando me dieron ganas de ir al baño y me llevé una de las revistas que nos habíamos traído de recuerdo de este planetita atrasado. Fue ahí que me econtré con estas fotos de mujeres desnudas y me di cuenta: las mujeres de aquí son, aparentemente, ¡igual a las nuestras! Todo indica que son aptas para reproducir nuestros hijos
¡¡Qué bien, jefe!! ¿Que hacemos ahora?
Obvio: raptamos otra mujer, nos cercioramos de que no tenga ningún apéndice indeseable y volvemos a nuestros experimentos
Entonces aprovechemos jefe - dijo uno de los hombrecitos verdes mirando por la ventanilla - ahí viene un hembrón.
Y fue asi que Adenaíra acabó en manos de los ETes. Por mucho que los científicos extraterrestres se esforzaron, continuaron sin entender el mecanismo de reproducción de los humanos.
Adenaíra nunca más fue vista. Y como Jeitosinha prefirió guardar el secreto sobre su experiencia con los ETes, el planeta Tierra nunca supo que dos hemanas, en una sorprendente maniobra del destino, salvaron a toda la humanidad.
Hoy, quien ve en la misa dominical a Jeitosinha y a Bruno, con sus dos bellos niños adoptados, ni se imagina que detrás de aquella aparente normalidad se esconden un secreto y una historia sorprendentes.
Y si ustedes creen que los hombrecitos verdes son el ingrediente más absurdo de esta saga, es porque no vieron a Bruno y a Jeitosinha en la intimidad...

Viernes,21 de octubre de 2005
Ficcionarios
Tábanos molestando:(1)


