Estamos llegando al final, así que vamos con cuentagotas

JEITOSINHA (¡TRES MÁS!)

Capítulo XXI - El regreso de Ambrósio

El sol besaba el horizonte tiñendo el cielo de rojo. La silueta perfecta de Jeitosinha, su largo cabello rubio, sus senos voluptuosos, los muslos gruesos y la cola parada, recortada contra el cielo del atardecer, era una visión idílica.

La rubia se rascó el culo y escupió en el piso.

- Puta madre... está bueno esto de ser hombre... - murmuró en el jard;in florido de la casa de Madame Mary, con el gusto del sezo todavía en su boca. Desde la ventana, la peliroja que había sido poseída por Jeitosinha, cuyo nombre de guerra era Laura Croft, suspiraba delante de la visión del más radiante y sensual ser humano que había conocido. Y eso que ya se había revolcado con tres bomboneras repletas, eh.

En su departamento, del otro lado de la ciudad, un angustiado Bruno miraba fijamente el revolver que empuñaba. Acabar con su propia vida parecía ser la manera más fácil de traer paz a su alma.

En la casa e Jeitosinha, el hilo de una lágrima bajaba por el rostro de Marilena mientras leía la carta dejada por su hijo Adenair:

“Querida mamá: sin la presencia opresora de papá no veo más razón para negar mi propia naturaleza. La verdad es que, aunque en teoría hayas dado a luz a siete varones, en la práctica tenés dos hijas mujeres. Me siento tan mujer como Jeitosinha. No tuve, como ella, el provilegio de disfrutar de la condición femenina, aunque fuera por algunos años. Mañana extirparán de mi, definitivamente, mi masculinidad. Quiero ser una mujer completa. Así voy a poder conquistar el corazón de Bruno, casarme con él y hasta tener dos hijos: Claudney Felipe y Luana Piovani Aparecida. Besos, Adenaíra.”

Las piernas de la sufrida mujer no conseguían mantener el peso de su cuerpo. Sentada en el sofá, estrujando la pequeña nota entre sus manos, Marilena pensaba en cómo su vida se había transformado tanto en esos pocos dias.

- Dios mio... ¿que más podría ocurrir ahora? En ese momento, un hombre sucio y derformado, vestido en ropas fétidas, rengueando y babeando, abre abruptamente la puerta.

- Querida, ¡ya llegué!

Capítulo XXII - El nacimiento de Adenaira

Marilena despertó en su cama. Su primera visión fue la de Anibal, uno de los hijos menos importantes, de los que sólo sirven para relleno de la historia.

- Aníbal... que sueño horrible, lo vi a tu papá...

- No fue un sueño, mamá, el volvió.

- No pude ser! no es posible!

Al hijo le extrañó la reacción. Ajeno a los problemas de Jeitosinha y Adenair que hacían de la vida de Marilena un infierno, sin saber que Ambrosio era la causa de los sufrimientos, esparaba de su madre una manifestación de alegría.

- Má, no entendés lo que pasa? Papá volvió! Bastante hecho mierda, es cierto, pero está vivo! Deberías estar feliz!

- Si claro - la mujer forzó una sonrisa - por supuesto, mi amor, estoy feliz, sólo fue el susto. En ese instante, ya bañado y vestido con un piyama limpio, Ambrósio entra en el cuarto.

- Marilena...

- Sos vos, viejo? - preguntó la mujer

- Tan deformado estoy? Claro que soy yo! Ambrósio no tenía en la voz la dureza habitual. Parecía frágil, su hablar era lento y pastoso. Uno de los costados de su boca no se movía y un hilo permanente de baba bajaba hasta su cuello.

- Qué te pasó, querido?

- No me acuerdo, no consigo recordar casi nada. Anduve vagando por el barrio y la memoria fue viniendo de a poco: la casa, nosotros, los chicos...

- Pero qué fue lo que te mutiló así?

- Nada. No me acuerdo de nada. Sólo me viene una imagen extraña... aterradora e irreal. No quiero hablar de eso. Los ojos del hombre transmitían el pavor que le provocaba la simple mención de la escena. La imagen que le venía a la mente era la de un travesti, rubio y desnudo, que empuñaba una motosierra.

En el hospital público, Adenair salía de la anestesia.

- ¿C-cómo fue la cirugía, doctor? - le preguntó al hombre de blanco parado junto a su cama

- Fue bien. No pude hacerle una terminación demasiado fina, viste como es, la cirugía plástica es medio complicada, pero no te procupes, ya vi muchas cachuchas mas feas por ahi... je je - El médico amigo de Doña Nair insistía con su humor infame.

- Mi pene, doctor... ¿que hicieron con él? - Aunque lo consideraba un cuerpo extraño, Adenair sabía que era una parte suya y temía que hubiera ido a parar al basurero del hospital

- Hicimos un transplante. Ahora pertenece a un adicto al sexo bizarro, que perdió su pene cuando mantenía sexo oral con un pitt-bull.

- Mejor asi - se animó Adenair - cuando me dan de alta?

- Si todo sale bien, mañana mismo.

“Todo va a salir bien” penso el ... la joven. “Voy a ser una linda mujer, como Jeitosinha, voy a conquistar el corazón de Bruno”

En su departamento, Bruno seguía mirando fijamente el arma. Se sentía ultrajado, perdido, confundido y traicionado. No conseguía evitar que la imagen de su rubia amada le viniera a la cabeza “dónde estará ahora?” se preguntaba.

Lo que ni se imaginaba era que, en ese momento, Jeitosinha abría la puerta de su casa y se econtraba, fente a frente, con el padre que ella misma matara!

Capítulo XXIII - ¡Ambrósio y Jeitosinha frente a frente!

Por treinta segundos, que parecieron una eternidad, Jeitosinha y Ambrósio se miraron fijamente. Ella venía aprendiendo del burdel de Madame Mary todo sobre el arte de la disimulación y consiguió ocultar el miedo, la dorpresa y la confusión mental que le causaban aquella imagen, ahi frente suyo, del hombre que había asesinado.

La expresión de Ambrósio era inocente, casi infantil. El hilo de baba intermitente continuaba bajándole por el mentón. Con su voz pastosa, luego del tenso silencio, el hombre preguntó:

- ¿Quién sos vos?

Jeitosinha suspiró aliviada. Seguía sin entender lo que estaba ocurriendo. Las marcas de los cortes en los brazos y rostro de Ambrósio indicaban que ella efectivamente lo había herido, pero tal vez no había llegado a matarlo, pensó. Tal vez había sufrido alguna alucinación durante e ataque con la motosierra. Tal vez Ambrósio había conseguido salir de la casa arrastrándose. Pero ¿quién, entonces, había limpiado el piso y los muebles?

Nada de esto era importante ahora que el padre, tal vez por el shock de haber sido atacado por su propia hija, no conseguía reconocerla. “Debe ser algún tipo de defensa emocional”, concluyó.

Mucho más incómodo con la situación estaba Arlindo. Su plan de expltar la hermana se dificultaba, en parte, con la reacción del padre. Si Ambrósio no la reconocía, y además había perdido su caracter opresor, Jeitosinha no tendría nada a que temer.

De hecho, la rubia no tenía nada que perder. Después de la decepsión con su amado Bruno, y con todas las emociones que tomaran por asalto su vida, el futuro se presentaba diferente. Jeitosinha intercambió una mirada con Arlindo.

Sonrió, mostrándose superior y él entendió el mensaje: ella estaba libre de su influencia maligna, pero curiosamente, Jeitosinha no pensaba abandonar el burdel de Madame Mary. La misteriosa mujer, que nunca dejaba ver completamente su rostro, había conseguido, de alguna manera, que Jeitosinha recuperara su autoestima. En el cabaret la aceptaban como era, y ahora había encontrado a Laura Croft, la peliroja que le había despertado curiosas sensaciones. Además, venía haciendo un esfuerzo por olvidar a Bruno y se aferraba a la emoción de aquella tarde de placer como si en ella residiera su salvación.

Si Jeitosinha veía ahora el burdel como una bendición, eso no significaba que perdonaba a Arlindo. Al contrario, había planeado para el hermano una terrible venganza... En cuanto a sus padres, el destino se había ya encargado del castigo. Ambrósio era un ser repugnante, débil y deformado. Su madre, que presa de sus convenciones sociales jamás pensaría siquiera en una separación, estaba condenada a vivir junto a ese ser abominable por el resto de su vida. Jeitosinha estaba inmersa en estos pensamientos cuando alguien tocó el timbre. Arlindo fue a atender y se encontró con una morena exhuberante, de más o menos treinta años. Ella tenía cabello negro y lacio hasta los hombros, y los ojos de un azul cristalino que constrastaban con su piel clara. Mostrando una identificación se presentó:

- Soy la detective Vanessa, de la Policía Federal. Vine a investigar la desaparición del Sr. Ambrósio. Todos en la casa, incluso el mismo Ambrósio, se miraron sorprendidos.

Del otro lado de la ciudad, el angustiado Bruno tomaba una decisión. Apuntando el arma a su cabeza, finalmente apretó el gatillo.

¡¡¡Cómo!!! ¿Se murió? ¿Bruno murió? Sépanlo en el próximo capítulo... aaaahhhjjajajajajajajajaaaaa



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