El júbilo de Jeitosinha duró poco. Si en algún momento la idea de haber salvado a toda la humanidad era alentadora, horas después lo que la experiencia le causaba era más confusión y dolor.
¿De qué le servía haber salvado al mundo si no obtenía el más mínimo reconocimiento? Para el resto de la humanidad, ella continuaba siendo aquel ser anacrónico, escapado de los patrones aceptados.
Solo una persona en la ciudad se sentía más angustiado que ella: Bruno.

En un barrio distante, encerrado en su departamento, el joven muchacho reflexionaba sobre la enorme - y recalcamos: enorme - emoción que sintió en su primera noche de amor con Jeitosinha.
“¿Me habrá gustado porque la amo?”, se preguntaba. “¿O será que tan grande placer povino del hecho de que sea ella en verdad un hombre? ¿Soy heterosexual o gay?”
¡¡¡Quién sos vos!!! - Le gritó angustiado a su imagen en el espejo.
Se sentía, de alguna manera, sucio. Sus deseos lo incomodaban, cmo si estuviese probando el mismísimo fruto del pecado.
Pero sabía que Jeitosinha era una vícitma, como él. Podía entender que su novia era un modelo de virtud y pureza, que su gesto al seducirlo era solamente una gran manifestación de amor.
Por un momento, vió el problema desde otra perspectiva, mucho menos dramática: “Jeitosinha es pura, es mi Jeitosinha, en nombre de esta pureza vale la pena continuar juntos”, concluyó.

"Si ella fuera un travesti vulgar... ¡¡pero no!! Ella fue criada como una mujer, bajo rígidos padrones morales ¿Quién sabe si no pueden tener una vida feliz juntos, manteniendo la condición de Jeitosinha en secreto?”
En un fragmento de ensueño, Bruno se vio casado con Jeitosinha, viviendo grandes noches de amor y criando dos niños adoptados - Cléverson Luis y Suelen Aparecida - como si fuesen hijos propios. Pensó en buscar a su dulce amada en ese mismo momento para proponerle casamiento, tan deseado en momentos menos complicados.
Pero antes debería enfrentar su demonio interior. Necesitaba saber si lo que sintió en esa noche mágica fue amor o solo lujuria. Necesitaba, en pocas palabras, ¡hacer el amor con otro travesti y ponerse a prueba!

Bruno decidió que esa misma noche iría un burdel en busca de respuestas. Intentaría revivir, con una vulgar criatura de la noche, emociones tan... ehem... grandes como las que vivió aquella noche con su inocente Jeitosinha.
Pero nunca podría imaginar la gran sorpresa que le esperaba....
Bruno había bebido toda la tarde, buscando en el alcohol el coraje necesario para poner a prueba su masculinidad. Por eso mismo la imagen de Jeitosinha, en aquel burdel de lujo, observándolo en pleno acto de amor con un travesti, pareció una alucinación o un sueño.
Amor... no es lo que estás pensando! - dijo el muchacho, sin mucha inspiración.
Luego, recuperando la sobriedad, fue asaltado por otro tipo de perplejidad.
Pero... esperá un poco... qué hacés vos acá?
Llena de rencor, Jeitsoinha respondió lo primero que se le ocurrió para herir a Bruno.
¿Y a vos qué te parece? Por lo visto te gustan más las morochas... pero nosotras, las rubias, somos expertas en enloquecer a los hombres.
No es posible, mi amor... decime que esto es un mal sueño, por favor pellizcame para sentir dolor y despertar!
Después de lo que vi desde la puerta, ¿estás seguro que ya no te está doliendo algo por ahí? - le retrucó Jeitosinha llena de ironía.
¡No... vos no... no puede ser... no puede ser! - Bruno se tiraba los pelos con violencia y se revolcaba en el piso en una desesperación patética. Jeitosinha se acomodó el pelo hacia un lado, con ese gesto superior con que las rubias acostumbran descartar a los simples mortales, y abandonó la habitación.

Por dentro su corazón estaba destrozado, pero lo que Bruno vio fue la imagen de una mujer fría y distante. Con pasos precisos y la elegancia de una modelo, Jeitosinha se fue por el pasillo y volvió a la oficina de Madame Mary. Una vez dentro y cerrada la puerta, cayó de rodillas llorando amargamente.
No puede ser, Madame Mary... mi amado Bruno... un hombre tan puro e íntegro... ¡aquí! Con esa... esa... - la certeza de que ella misma no era muy diferente de la exótica morena le impedía a Jeitosinha encontrar la palabra correcta.
Los hombres son todos iguales, querida niña - Dijo Madame Mary, acariciando la cabeza de la rubia - unos animales capaces de cualquier cosa por un instante de lujuria. Ellos nunca van a saber lo que es el amor verdadero, es justamente eso lo que hace tan fascinante nuestro arte de seducción...
Elevando la mirada y abrazando las rodillas de la misteriosa mujer, Jeitosinha imploró:
¡AyúdemeMadame Mary, ayúdeme a ser como usted!
Claro que si, querida, claro...
Madame Mary sabía que tenía un diamante en bruto en sus manos. Un diamante listo para ser esculpido con el dolor de un corazón roto.
Ojo, porque la mayoría de nuestros lectores opinan que los extraterrestres no tienen nada que ver con esta historia. Pero aún les quedan asuntos inconclusos, luego de los cuales se irán para siempre... ¡no se pierdan el próximo y electrizante capítulo de la novela seriadad más absurda del planeta!
Comité Central Tabanero
Lunes,1ro de agosto de 2005
Ficcionarios
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