¡¡¡Ya pasamos la docena!!!

JEITOSINHA (Capítulo XIII)

La Saga de Jeitosinha comenzó a circular por Brasil hace algunos años a través de e-mails en cadena, como una especie de boca a boca informático. Rastrear el origen fue prácticamente imposible: me lo enviaba un amigo, a quien se lo enviaba otro amigo, quien lo habia recibido... y así como dos espejos enfrentados hasta el infinito. Casi al mismo tiempo que la historia misma, también circulaban las especulaciones sobre su origen y su autor: que se trataba de un escritor famoso que prefería el anonimato, que fue escrita por un guionista de novelones de televisión haciendo una parodia de las mismas, que la fueron escribiendo los mismos lectores agregando partes o capítulos enteros. En rigor a la verdad, nadie sabe si está escrita por un hombre o una mujer.

Lo único cierto es que nadie sabe de dónde salió, y a lo mejor sea éste el detalle que termina de cerrar el círculo de esta historia tan intrigante, bizarra, cómica y misteriosa.

Hoy la Saga de Jeitosinha está posteada en muchos weblogs brasileros. Algunos inadaptados creen que tiene que saltar las fronteras y llegar también a tu casa; asi que buscaron un traductor y un weblog a la altura (o bajeza) de este relato.

Nada más entonces, aqui están Jeitosinha y su historia.

Cordiales abrazos

Rococó

Capítulo I - Nacimiento de Jeitosinha

Ambrosio y Marilena ya tenían seis hijos, pero la inminente llegada de un séptimo creaban un clima de tensión en el hogar. Las seis tentativas anteriores no fueron suficientes para realizar el sueño del hombre: ser padre de una niña. Empleado de una empresa constructora poco importante, individuo de temperamento difícil y habiendo sido víctima de torturas durante su infancia (lo obligaban a vestirse de marinerito y a usar zapatos ortopédicos), Ambrósio vivía como una bomba a punto de explotar. Por eso Marilena no se asombró cuando su marido, con un tono de voz casi dulce comparado con el trato habitual que le dispensaba a la familia, decretó:

- ¡Si es otro varón yo te mato, vaca!

Para suerte de la pobre mujer, Ambrósio estaba trabajando cuando ella entró en trabajo de parto. Al darse cuenta, todavía estando el bebé en brazos de la partera, que se trataba de otro varoncito, Marilena lloró convulsivamente. Doña Nair, la vieja partera, intentó consolarla con las palabras simples y sabias de los humildes:

- Es la depresión post-parto. Se estima que aflije al 10% de las parturientas, puede ser severa y resistente al tratamiento farmacológico, pero el estrógeno - en dosis decrecientes, durante dos semanas, mimetizando el ciclo ovárico - ha sido eficaz en algunos casos, vió mhijita?

- No es eso, Doña Nair - interrumpió la mujer, entre lágrimas - el problema es que Ambrósio me va a matar cuando se entere que es otro varón... Doña Nair era una mujer experta. Con una gran sonrisa, sugirió:

- Si es así, crie al chico como si fuera una nena. Ambrósio nunca sabrá la diferencia

- Usted cree que va a funcionar? - se animó Marilena

- Ya se ha hecho muchas veces... se acuerda de la capitana de Las Leonas?

Aferrándose a ese hilo de esperanza, la madre abrazó cariñosamente la criatura llenándose de ternura.

- Y si... podría funcionar. Si hasta es jeitosinho (modosito)

- Jeitosinha, hija... - corrigió Doña Nair - ¡Jeitosinha!

Capítulo II - La Farsa

No fue difícil esconder del padre la verdad sobre Jeitosinha. Ambrósio era un hombre conservador y moralista, a pesar de que algunos de sus actos no se correspondían con la disciplina rigurosa que imponía a sus hijos y a su esposa. Por esta razón a nadie extrañó que desde el principio la niña fuera criada aislada del resto de sus hermanos, bajo el ojo atento de Marilena. Para Ambrósio y los vecinos la intención de la madre era preservar la inocencia y la honra de la hija.

La nena era el tesoro de su papá. Sin contacto íntimo con otros chicos, la misma Jeitosinha creció desconociendo su real condición de travesti. Los trazos finos de su cara colaboraban, y cuando llegó la adolescencia, Marilena comenzó a mezclar hormonas femeninas con el Actimel que le daba a diario, consiguiendo resultados sorprendentes. A los 20 años, Jeitosinha no era solamente una mujer hecha y derecha, si no además la chica más linda del barrio. Fueron escasos los acontecimientos que amenazaron revelar el secreto de Marilena. El más grave ocurrió cuando la chica tenía 15 años. Era una tarde de domingo cuando Arlindo, el mayor de sus hermanos, entró en el living gritando:

- ¡Vi a Jeitosinha haciendo pis parada!

Con la velocidad de un rayo, y antes de que Ambrósio tuviera tiempo de pensar en la frase, Marilena le acomodó un sopapo de revés al muchacho

- Con que espiando a tu hermana en el baño, eh, ¡¡degenerado!!

Ante la posibilidad de que la intimidad de su hijita hubiese sido violada, Ambrosio reaccionó dándole al pobre Arlindo una bruta paliza con el cinturón. Después del centésimo quinto cinturonazo le cayó la ficha:

- Pará un poco... ¿cómo es que viste a tu hermana meando de pie? ¿Cómo es la cosa?

Pero para cuando Arlindo salió del coma, una semana después, el padre ya no se acordaba del asunto. Para Ambrósio quedó apenas como una especie de chiste de su jocoso hijo mayor.

Aquellos fueron dias difíciles para Marilena. Pero la crisis que la celosa madre debía enfrentar cinco años después era mucho más grave. Se estaba acercando la hora de contarle la verdad a su hija: Jeitosinha estaba enamorada.

Capítulo III - Trágica Revelación

Sólo la voz de caña tacuara y las sandalias número 41 daban indicios del secreto que envolvia la naturaleza de Jeitosinha. Pero lo que todo el mundo veía era una rubia de 1,70, cabellos sedosos hasta la cintura, cautivantes ojos verdes, cintura fina, muslos gruesos y bien torneados, senos pequeños y una cola perfecta. “¿Como es que esta guacha no tiene celulitis? ¡Parece culo de hombre!” comentaban sus amigas.

En la belleza y femeneidad de su hija era lo que pensaba Marilena cuando la llamó para una charla íntima y seria:

- Querida, tengo algo muy importante que decirte

- ¿Qué es mamá? - preguntó Jeitosinha leyendo la angustia en los ojos de la madre

Marilena respiró profundo y fue directamente al punto central del problema, como si intentase extirpar de un golpe el cáncer moral que atormentaba su existencia:

- Jeitosinha, vos no sos mujer

- ¡Claro que no, mamá!

- ¿V-vos ya sabías? - se sorpredió Marilena

- Claro que si, tengo amigas, mamá. Aunque vos nunca me hablaste de estas cosas, yo ya se que no soy mujer. Marilena respiró aliviada

- Entonces ya sabías que...

- Si, mamá. Yo no soy mujer, todavía soy una chica Por un instante Marilena se dejó abatir por el desánimo. Pensó en desaparecer, abandonar toda su vida, cualquier cosa que la librase de la enorme decepción que debería causarle a su hija. Pero Jeitosinha era una chica dulce y comprensiva. A pesar de ser rubia, debía percibir - asi sea por instinto - que ella no era una chica como cualquier otra.

- Querida, nunca notaste nada extraño en tu cuerpo?

- Bueno, mamá... - respondió Jeitosinha un poco avergonzada - nunca entendí por qué siento un dolor horrible entre las piernas cuando uso pantalones ajustados, o cuando me pegan con la pelota de vólei...

- ¿Y qué más, hijita?

- Mhhhh... en las clases de educación sexual tengo cierta dificultad en entender por dónde es que los hombres depositan en nosotras la semillita... Era la oportunidad que Marilena esperaba para contarle toda la verdad.

Capítulo IV - La Reacción de Jeitosinha

El mundo se derrumbó ante los ojos de Jeitosinha. Todo lo que ella pensaba ser, todos sus sueños de niña y la posibilidad de un orgasmo múltiple clitoriano eran súbitamente arrancados para siempre de su vida! ¿Y qué le iba a decir a Bruno, su amado, un muchacho de buena índole que trabajaba de cajero en el Banco Nación?

- ¡Nunca te voy a perdonar! ¿Por qué, mamá? ¿Por qué hiciste eso conmigo? La furia saltaba de sus ojos color esmeralda, como ondas de fuego verde

- ¡Calma, querida! Todavía puedo corregir error: le contamos todo a tu papá, te compro unos calzoncillos, te cortás el pelo, aprendés a escupir y a rascarte las bolas... en fin, recomenzás tu vida!

- ¿Pero no entendés nada, mamá? ¡Yo me siento mujer!

- Entonces miremos el lado positivo: sos un trava y tu mamá lo acepta!

Las justificaciones de Marilena no estaban ayudando mucho. Desesperada, Jeitosinha salió de su casa y vagó, vagó durante horas por las calles de la ciudad. Acabó concluyendo que lo mejor era buscar a Bruno y compartir con él su angustia.

“Si el me ama de verdad, va a aceptarme como soy”, pensó. El joven se sorprendió al abrir la puerta y encontrarse con su amada. Por la rigidez moral de su educación, Jeitosinha nunca iría al departamento de un muchacho soltero.

- ¿Vos acá, mi amor? La chica entró sin decir nada y se sentó en el sofá. Bruno acariciaba su rostro.

- Estás rara... ¿es porque no te llamé? Perdoname, mi amor, es que perdí mi celular...

- No es eso, Bruno - susurró Jeitosinha. Encarando al su amado, ella le pide, con la voz temblorosa - ¡Besame, besame como si éste fuera nuestro último beso de amor! Ondas de calor recorren el cuerpo de los dos. Bruno comienza a explorar el cuerpo de su amada con las manos, con una libertad que nunca había tenido antes.

- Tengo algo importante que decirte, bruno - dice la bella rubia, apartándose en el preciso instante en que el muchacho percibe un inesperado volumen entre las piernas de jeitosinha.

- Ya se, mi amor... - responde Bruno sonriendo

- ¿Ya sabés?

Bruno aprieta suavemente el pene de la rubia

- ¡Claro, querida! Lo estoy sintiendo... encontraste mi celular!

Capítulo V - Bruno y Jeitosinha

Desilución, miedo, vergüenza... varios sentimientos dominaban el pecho de Bruno cuando Jeitosinha le expuso su triste verdad. Sentía que todavía la amaba y hasta comprendía que ella era la víctima de este chiste del destino, pero el amor estaba detrás de un infranqueable muro de aversión.

- No podemos seguir juntos, mi amor...¡yo soy hétero!

- Pero Bruno... ¡yo sigo siendo la misma!

- ¿La misma? ¿Con esa cosa enorme que parece un celular Motorola, de los viejos? No, Jeitosinha, lo lamento, pero aqui se termina todo entre nosotros.

“¿Qué somos, si no gusanos arrastrándonos en el enorme teatro del absurdo?” pensó la rubia dominada por la depresión. Jeitosinha volvió a su casa con pasos lentos, como si llevara el mundo a sus espaldas. Al entrar en la casa se encontró con Ambrosio.

- ¿Dónde estabas, tesoro? Papá ya le dijo que una nena frágil como usted no pude andar callejeando por ahi...! A pesar de ser un hombre violento, Ambrósio era siempre dulce con Jeitosinha. Por eso mismo la chica, hasta ese momento, lo adoraba. Pero ahora, sabiendo que vivía en una farsa, que el origen de todo su sufrimiento era el miedo impuesto a Marilena por ese hombre, sentía ganas de vomitar de sólo mirarloa la cara.

“Venganza” era todo lo que Jeitosinha quería en ese momento. La Venganza penetró hondamente en cada pequeña vena de su corazón, antes ocupado por el amor que sentía por Bruno.

Controlando el tono de voz y fingiendo una sonrisa, Jeitosinha le respondió a su padre:

- Estaba estudiando con unas amigas. Me duele mucho la cabeza, creo que me voy a acostar, papá Luego se encerró en el cuarto y sacó de su mochila una revista porno que había comprado en el camino de vuelta a su casa.

- Entonces así es como son los hombres y las mujeres... - murmuraba mientras hojeaba la revista. Completamente desnuda, vio en el espejo que era una mujer perfecta. Comparó su pene con el de los modelos de la revista... eran muy parecidos, salvo que el de Jeitosinha era mucho más grande. Se tocó como nunca se había tocado, se dejó llevar por el deseo, libre de la represión impuesta por sus padres.

Cuando se acostó para dormir, Jeitosinha estaba muy triste, pero había recuperado las razones para vivir, ella sabía que ahora tenía una misión: Destruir a Ambrósio, Marilena y Bruno.

Capítulo VI - El Plan Macabro

De sus seis hermanos, sólo el mayor no tenía onda con jeitosinha. Todos los demás sentían un enorme cariño por la hermanita menor. Adenair, el menor de los seis y un año mayor que su hermana, era su gran amigo y confidente.

- ¿Qué pasa, Jeitosinha? Te ves rara, distante... - le preguntó Adenair en el desayuno Jeitosinha recorrió la cocina con la mirada, cerciorándose de que estaban los dos solos.

- Hermanito... vos podrías guardar un secreto muy importante?

El muchacho se puso tenso. A pesar de que nadie lo sospechaba, Adenair también guardaba un misterio. Él asintió con la cabeza, respondiendo la pregunta.

- Entonces vení conmigo...

La rubia llevó a su hermano de la mano a su habitación. Cerró la puerta con llave y se desabotonó el pantalón.

- ¿¿Qué es eso?? ¿Qué estás haciendo, Jeitosinha? Sin decir una palabra, Jeitosinha exhibió su miembro masculino a Adenair.

- ¡Ah no! ¡No puede ser! Decime que eso es de goma, que hoy es 28 de diciembre, por favor...!!!

- Es lo que estás viendo, hermanito... soy hombre!

- No no no, Jeitosinha, eso de ahí no quiere decir gran cosa... - la mirada de Adenair se puso extraña - yo también tengo algo para decir... eh.... Jeitosinha entendió enseguida. Ahora le cerraba por qué su hermano tenía todos los discos de Celine Dion y leía los libros de Jorge Bucay.

- Adenair... ¿sos gay?

- ¡SI (con voz de loca), pero mi situación es mucho peor que la tuya..! - confesó el hermano - vos por lo menos podés usar ese vestidito pink ma-ra-vi-llo-so! Jeitosinha abrazó a Adenair y se secó las lágrimas con los dedos.

- Adenair... mi Adenair... sólo me queda una duda...

- Si, fui yo... - interrumpió el hermano - tu Barbie está en el fondo del cajón de las medias... - y se aferró a Jeitosinha con una enorme sensación de alivio.

Capítulo VII - La Venganza

No fue dificil para Jeitosinha convencer a Adenair de unírsele en sus planes de venganza. El sabía que su padre, violento y castrador, jamás lo dejaría salir del placard. Con Ambrósio muerto, un nuevo horizonte, mucho más colorido, se presentaba ante él.

- ¿Te das cuenta Jeitosinha? Voy a poder comprarme un Ka dorado... ponerme piercings en los pezones... cantar canciones de Natalia Oreiro en el karaoke... Adenair sólo desaprobaba la muerte de la madre. Marilena siempre fue una mujer atenta y muy cariñosa con los siete.

- ¿Vos creés que el error de mamá es tan grave? - preguntó

- ¿Si yo creo? - se indignó la rubia - ¡Toda mi vida fue una farsa!

- Pero nunca es tarde para recomenzar... podés hacerte una operación de cambio de sexo

- No es tan simple, yo me gusto así como soy... el problema es que el mundo no está preparado para aceptar a los que somos diferentes

- ¡Pero la puta madre! El mundo aceptó a Michael Jackson - insistió Adenair Pero Jeitosinha estaba decidida.

- La venganza está por comenzar. Papá va a ser la primera vícitma.

- ¿Cuál es tu plan?

- Mañana es sábado. Como siempre todos van a salir de joda por ahi, mamá se va a jugar a las cartas con Doña Nair, papá y yo nos quedamos a ver tele. Adenair oía con atención el plan trazado por Jeitosinha la noche anterior

- Papá va atener una muerte violenta. Sangrienta. Algo tan horrible que nadie va a sospechar que el crimen fue cometido por una personita como yo, una rubiecita frágil y tierna...

- ¿Y cómo te puedo ayudar yo? - preguntó Adenair

- ¡Conseguime una motosierra!

Capítulo VIII - Falsa Rubia Desnuda

Adenair, que trabajaba en la Secretaría de Medio Ambiente de la municipalidad, consiguió, sin llamar la atención, retirar una motosierra del taller. Como al dia siguiente sería domingo, él tendría tiempo de limpiar la herramienta y devolverla a su lugar antes de que alguien notara su falta.

Al caer la noche, nadie de la familia se imaginaba el drama que se desarrollaría en las próximas horas. Unoa uno los hermanos fueron saliendo, como cualquier joven en un sábado a la noche.

Adenair fue el último en dejar la casa. Controlando las emociones, se despidió de su padre sin despertar sospechas. Finalmente, ya solos, Jeitosinha y Ambrósio veían el noticiero de las ocho. Ella usaba un vestidito corto, balanceaba provocativamente las piernas, mostrando toda la extensión de sus muslos bien torneados. La rubia sabía que el padre, siendo tan moralista, iba a protestar por la ropa.

- ¿Hace falta que uses un vestido tan corto? Andá a vestirte con propiedad! Ordenó Ambrósio, señalando el cuarto de Jeitosinha

Era la se señal que la chica esperaba. Entró en su cuarto y reapareció pocos minutos después, causando la última y peor visión que aquel hombre rudo jamás tuviera: Su hija, su mejor tesoro, estaba completamente desnuda, portando una motosierra. Pero el pero susto para Ambrósio fue constatar la presencia de la otra herramienta, colgando entre las piernas de la bella rubia.

- ¡¡No puede ser!! ¿¿¿Qué es eso??? - alcanzó a balbucir el hombre, con una expresión patética, señalando el miembro de Jeitosinha

- ¡Esto soy yo, papá! ¡Soy el mostruo que creaste!

El sonido ensordecedor de la motosierra apagó los gritos desesperados del hombre, que de la sorpresa ni siquiera tuvo fuerzas para luchar.

Minutos después, todo era silencio y calma. Jeitosinha se tomó todo el tiempo del mundo para ducharse, se vistió, escondió la motosierra en el baldío de al lado según los planes previamente trazados con su hermano, dejando en el líving un escenario dantesco.

La primera etapa de su venganza estaba concluída. O al menos es lo que creía Jeitosinha...

Capítulo IX - Dudas

Era más de medianoche cuando jeitosinha volvió a su casa. Su coartada era perfecta: pasó las últimas horas estudiando geografía con una amiga, como acostumbraba hacer.

Ella estaba impresionada con su propia frialdad: consiguió concentrarse en los libros y hablar de frivolidades como si nada hubiera pasado. Pero aún sentía en las manos el temblor de la motosierra, los gritos de Ambrósio aún hacían eco en sus oídos. Y eran sensaciones sorprendentemente placenteras.

De lo que se arrepentía era de haberse perdido la novela de las nueve. “A mamá la voy a matar a la hora del noticiero”, se juró a si misma.

Las luces del living estaban encendidas. Vio por la ventana la sombra de sus familiares. Entró por la puerta principal preparándose para fingir dolor y desesperación al encontrarse con los pedazos de carne y huesos de su padre desparramados por la sala... pero el espanto fue enorme al notar que no había en la casa ni un solo vestigio de su horrible crimen.

Cuatro de sus hermanos, incluyendo a Adenair, estaban viendo televisión tranquilamente. Marilena estaba en su cuarto.

- ¿Dónde está papá? - preguntó

- Fue a pescar - respondió Amarildo, el segundo hijo

- ¿¿A pescar??

- Si, le dejó una nota a mamá, diciendo que se había decidido a último momento y que vuelve mañana a la noche Las bellas piernas de jeitosinha se estremecieron y ella sintió un extraño vértigo. Es verdad que su padre acostumbraba a irse casi sin avisar y su desaparición repentina no sorprendía a nadie. “Habrá sido todo una alucinación?” Se cuestionó la rubia.

Pero no. Observando detenidamente el forro de plástico del sofá, notoó olor a detergente y marcas de paño, que sugerían una limpieza reciente. Jeitosinha tomó a su cómplice, Adenair, del brazo y se lo llevó al cuarto.

- ¿Qué está pasando?

- ¡Es lo que yo me pregunto! - retrucó el hermano - ¿No ibas a matar a papá?

- ¡Lo maté! ¡Yo lo maté! Alguien escondió los restos, limpió todo el living y encima dejó una nota para mamá! Adenair dio un gritito ansioso e histérico. Jeitosinha lo abofeteó y le dijo, resuelta:

- ¡Calma! Ya esperaste más de 20 años, esta no es la mejor hora para hacerte la maricona!

Capítulo X - El Cuerpo

En la mañana del lunes, la madre y sus siete hijos se sentarona desayunar en la alrga mesa de la cocina. Era tradicionalmente el moento en que la familia ponía sus asuntos al día.

Pero un silencio extraño pesaba en el aire.

Jeitosinha sondeó cada rostro, buscando en alguno de ellos una señal que indicase quién había escondido el cuerpo de Ambrósio. Era más que evidente que el padre no había vuelto a casa la noche anterior, ¿por qué nadie parecía estar preocupado?

Disimulando el nerviosismo, la rubia se animó a preguntar a su madre

- ¿Papá no volvió de pescar?

- No, querida - respondió Marilena - llamó ayer diciendo que se cayó un puente y que no puden salir de la villa dodne fueron a pescar.

- ¿Era la voz de él? ¿Estás segura?

- Que pregunta... claro, hijita. Se escuchaba muy mal, habia mucho ruido en la linea, ¿pero quién más iba a ser si no?

Arlindo, el celoso hermano mayor, esbozó una sonrisa enigmática, que Jeitosinha captó inmediatamente, como un indicio de culpa. “Si, ¡fue Arlindo! ¡Sólo pudo ser él!”- Pensó. “Arlindo siempre desconfió de mi, nunca perdonó a papá por el cariño que me tenía. Él sabe, de alguna manera, que fui yo quien mató a papá y seguramente borró las evidencias... pero ¿para qué? ¿Por qué escondió el cuerpo en vez de entregarme a la policía?”. Las preguntas atormentaban la mente confundidad de nuestra heroína rubia. Volvió a su cuarto, se tapó la cara con la almohada y comenzó a llorar bajito. Al principio lloraba de miedo, por lo confuso de toda la situación. Pero luego el dolor se fue transformando en tristeza, y Jeitosinha comenzó a llorar por Bruno, por la angustia de no tenerlo más a su lado. Recordaba las manos de su amado recorriendo su cuerpo... sintió un escalofrío y una ola de excitación de sólo imaginar el toque suave de sus dedos.

Justo en ese momento, Arlindo abre la puerta abruptamente. Jeitosinha alcanza a enjuagarse las lágrimas, pero no logra ocultar la bestial erección.

- ¡¡¡Ajá..!!! ¡¡¡Yo sabía!! - Gritó triunfal su hermano, mientras una descarga de adrenalina hacía desaparecer el bulto comprometedor.

Capítulo XI - ¡Descubierta!

- Yo sabía, nunca pudiste engañarme, Jeitosinha... - La voz de Arlindo destilaba rencor y odio - Le voy a contar tu secreto a papá cuando vuelva de pescar... es más, ¡le voy a contar a todo el mundo!

- ¿Contarle a papá? - Se sorprendió la muchacha.

¡Entonces Arlindo no sabía que su padre estaba muerto! No fue él quien escondió el cuerpo... Jeitosinha estaba tan agottada y confundida que terminó por asumir su bizarra condición ante su hermano.

- Si Arlindo. Soy una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre. Pero soy la víctima de esta situación! Te lo ruego: No me descubras, no le digas a nadie!

- Lo lamento, Jeitosinha - retrucó su amargado hermano - toda la vida tuve que jugar con pelotas de trapo y caballitos hechos con palillos clavados en una papa mientras la princesa tenía los mejores juguetes. Toda mi vida tuve que dormir apretujado en la cama con los pies de Amarildo pegados a mi cara, mientras vos tenías tu cuarto y tu cama para vos sola....

Arlindo tomó a Jeitosinha por lo brazos y la miró profundamente a los ojos

- Pero lo que más me duele es aquella paliza que me dio papá cuando descubrí tu verdad - Arlindo temblaba de odio.

- ¡Pero si ni yo misma sabía! - trató de defenderse la rubia - ¡No me acuses más!

Riéndose con malicia, Arlindo dió media vuelta y se fue rumbo a la puerta. Su hermana, desesperada, saltó detrás de él y abrazándolo por las piernas le pidió de rodillas.

- ¡No Arlindo! Por favor! ¡Hago lo que me pidas!

- ¿Lo que sea? - El tono de su voz era horrible - empezá por sacarte la ropa... quiero verte desnuda.

Vacilante, Jeitosinha se sacó la ropa y reveló su cuerpo perfecto de mujer. Bueno, casi perfecto.

- No es justo - Arlindo negaba con la cabeza, mientras señalaba el apéndice que hacía de Jeitosinha un cuadro surrealista - hasta la tenés más grande que yo!

- Por favor, no me lastimes, se suave conmigo...

- ¡¡¡Que!!! ¿¿¿Vos creés que te quiero siquiera tocar??? Estás loca

- Entonces... ¿qué es lo que querés? - Preguntó la rubia mientras se vestía de nuevo

- Me vas a hacer ganar mucho dinero, hermanita... ¡¡¡mucho dinero!!!

Capítulo XII - No lo creo, no lo creo, no lo creo

Jeitosinha no podía creer lo que escuchaba. Desde la revelación de su trágico secreto, se sentía en una pesadilla de la que no podía despertar. No basta con todo el odio en su corazón, con la extraña desaparición del cuerpo destrozado de su padre, la pérdida de Bruno, su amado, y ahora nuestra heroína era chantajeada por su cruel hermano!

- ¿Vos querés prostituirme?

- Si - dijo lo más campante su hermano - hay un cabaret de lujo acá cerquita... las putas exóticas como vos pueden tener un gran valor en el mercado.

- P-pero.. ¡yo soy virgen! ¡Soy inocente! - retrucó Jeitosinha llorando

- Bueno, tenés hasta mañana para aprender lo necesario Arlindo se fue del cuarto de la rubia dando un portazo. Adenair entró enseguida, curiosos por saber lo que pasaría. Jeitosinha le contó apresuradamente los hechos.

- Pero no puede ser... vamos a tener que matarlo también - se desesperó Adenair, retorciéndose las muñecas

- Si, pero no ahora. No con esta extraña desaparición del cuerpo de papá. Priemro tenemos que revelar este misterio - dijo Jeitosinha recomponiéndose.

- Entonces...

- No hay otra alternativa, Adenair. Tendré que someterme a los caprichos de Arlindo. Pero podés estar seguro: para mañana voy a estar más preparada de lo que cree.

Por pirmera vez desde su separación, Jeitosinha volvió aquella noche al departamento de Bruno. Lo encontró en total estado de depresión, tomando vaso tras vaso de whisky barato.

- ¡Me arruinaste la vida! - se lamentó el joven

La rubia, usando una minifalda cortísima, se sentó en su falda. En una explosión de lujuria, lo besó metiendo su lengu en la boca de Bruno antes de que él pudiera reaccionar.

Al principio él retribuyó las caricias, pero luego recordó que en realidad estaba besando a un hombre. Rechazo y deseo se sucedían como olas en el pecho de Bruno, pero él había bebido bastante y, para ser honesto, aún amaba a Jeitosinha...

Al día siguiente, consumada una completa y loca noche de amor, la rubia despertó y vio a Bruno, de pie, contemplándola. Ella le sonrió, pero él seguía serio.

- Sos tan linda... - murmuró Bruno, con un gesto que más parecía de lamento que de amor

- ¿Te gustó lo de anoche, mi amor?

- Yo... no se... estoy confundido... fue todo muy diferente, hice cosas de las que no me creía capaz...

- Tranquilo, amor... - respondió dulcemente Jeitosinha - sentate aquí conmigo, hablemos.

- Bueno... - respondió Bruno con una sonrisa sin gracia - hablar podemos, ¡pero sentarme no...!

Capítulo XIII - Los Visitantes

La familia finalmente asumió que Ambrósio estaba desaparecido. No había vuelto de pescar ni había dado señales de vida. Marilena llamó a la policía, quienes no dieron muestras de gran preocupación. Los dos agentes hicieron pocas preguntas, anotaron las respuestas en una libreta y se fueron en pocos minutos, llevándose una foto de Ambrósio.

Jeitosinha llegó a casa casi a la hora del almuerzo. Los hermanos no había notado la ausensia de la rubia durante la noche, pero la madre si.

- ¿Dónde estabas?

Jeitosinha la ignoró

- Tenés suerte que tu padre no está acá, a él no le gustan estas cosas - insistió Marilena, con un tono seco de reprobación en la voz.

La respuesta de la hija estaba cargada de ironía:

- ¿Y qué te preocupa, mamá? ¿Que pierda la virginidad y vuelva a casa embarazada?

Marilena intentó acariciar el rostro de su hija, pero ella la rechazó con un gesto brsuco.

- ¡No me toques! ¡Te odio!

Una lágrima bajó por la mejilla sufrida de su madre.

- Querida... sos tan joven... ¡tenés la vida por delante! ¡Todavía tenés tiempo de encontrar la felicidad!

- ¿Cómo puedo ser feliz, mamá? ¡Soy una mujer en el cuerpo de un hombre!

- Ya te dije, ¡mirale el lado positivo! No vas a sufrir la menstruación, no vas a tener que sentarte en los inodoros hediondos de los baños públicos... tenés que resignarte... seguro vas a encontrar a un hombre que te acepte como sos.

“Si”, conjeturó Jeitosinha, “Ese hombre tal vez sea Bruno. Pero ¿cómo se estará sintiendo después de nuestra noche de amor?”. Ella pensó durante todo el día en su amado, reuniendo fuerzas para enfrentar su primera noche en el cabaret.

Curiosamente, la perspectiva de tener que entregarse a extraños no la incomodaba. Desde la revelación de su condición, se sentía extraña en ese cuerpo, como si no tuviera la necesidad de celar de él.

Eran las nueve de la noche cuando Jeitosinha subió al auto de Arlindo, rumbo a la casa de citas. El local no estaba lejos, pero para llegar era necesario recorrer una calle muy poco transitada. Justo cuando pasaban por la parte más oscura y desierta del camino, una luz surgida de la nada los cegó, obligando a Arlindo a frenar bruscamente. Antes de poder reaccionar, las puertas del auto se abrieron por si solas, y los hermanos fueron retirados del auto por una fuerza poderosa.

Poco antes de recibir una especie de descarga eléctrica y perder el conocimiento, Jeitosinha alcanzó a ver la cara de sus raptores: eran hombrecitos verdes vestidos con trajes plateados.

Capítulo XIV - ¡En manos de los ETes!

Lentamente Jeitosinha fue reciperando la conciencia. En los primeros minutos, aquel escenario de película de ciencia-ficción parecía apenas un sueño extraño. Pero a medida en que las imágenes ganaban contorno y color - aflorando también en su memoria los últimos segundos en el auto - un indescriptible pánico se apoderó de nuestra heroína.

Su grito agudo despertó a Arlindo que, como ella, se encontraba atado a una placa metálica que estaba dispuesta casi verticalmente.

La sala estaba desierta, pero minutos despuésdos de las critaturas verdes entraron por una puerta. A pesar de ser de una raza muy diferente, Jeitosinha notó que aquellos seres estaban muytristes; sus enormes ojos revelaban esa condición. Usando un extraño aparato, que acopladoasubocafuncionaba como traductor, la criatura que parecía ser el líder se dirigió a los hermanos:

- Creo que les debemos explicaciones... Jeitosinha y Arlindo estaban paralizados por el miedo. El hombrecito verde continuó:

- Mi planeta está sufriendo una crisis terrible: Contruimos una civilización poderosa y avanzadísima, controlamos toda nuestra galaxia, pero estamos condenados a la extinción.

Los rostros de los hermanos no movían un músculo, mientras el extraterrestre narraba su historia.

Él explicaba que, por un capricho de su biología que la ciencia no lograba desentramar, en su planeta estaban naciendo cada vez menos mujeres, y ya eran muchísimas menos que los hombres. Según los cálculos de los científicos, en no más de quinientos años su raza habría desaparecido, a no ser que encontraran una forma alternativa de reproducción.

- En un primer análisis - continuó la criatura - percibimos que es muy probable utilizar a las terráqueas para gestar nuestros hijos. Si la teoría se confirmaba, nuestra intención era exterminar a todos los hombres humanos y llevarnos a las mujeres. La misión que yo personalmente comando nos trajo a la Tierra con el propósito específico de analizar la anatomía femenina y finalmente dar curso o abortar la operación.

El hombrecito verde bajó su cabeza, en un gesto de derrota
- La mantuvimos dormida por seis horas - dijo, dirigiéndose a Jeitosinha - y descubrimos, después de estudiarla, que la biuología humana es mucho más compleja de lo que pensamos: ustedes, las mujeres terráqueas, son muy parecidas a los hombres!

Jeitosinha tuvo que esforzarse para disimular su alegría: al ser confundida con una mujer completa, sin querer ella había salvado a la humanidad.

- En unos momentos vamos a liberarlos para irnos en busca de otros mundos - concluyó el extraterrestre. Ya de vuelta en el auto, aún atónita por aquel torbellino de emociones, Jeitosinha abrazó a su hermano y enemigo:

- ¿Ves Arlindo? Mi vida ahora tiene sentido! Qué son nuestras mezquindades mundanas frente a esta experiencia tan avasalladora?

- Y si, hermanita, fue muy emocionante - Arlindo se separó del abrazo de su hermana - está amaneciendo y tenemos que vover a casa... pero como la vida debe continuar, mañana te llevo al burdel.

¿Qué vinieron a hacer los ETes en esta historia? ¿Se irán de la misma manera estúpida en que llegaron? ¡Sépanlo en el próximo capítulo!



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  • #1 ..··. mumm ··..· 13/07 .·.. 16:26

    Jajajajajajaja!!!! muy bueno! quiero mas!!!

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