
Hay que felicitar (nuevamente y van...) al equipo de Pixar. Esta vez -llamativamente- han logrado hacer una de las películas más originales de los últimos tiempos con materia prima sumamente remanida y architrillada.
Si yo te digo que “Los Increíbles” es la historia de un superhéroe y su familia de superheroes y que ese héroe/protagonista, en una ronda casi casual de desprecio y desinterés, le termina dando vida a quien luego será su archivillano, ¿vos que me decís?. Digamos que estás en todo tu derecho de decirme “pará un poco, yo esta película ya la vi”. Sí, sí, porque esto que te cuento -vos lo sabés- ya sucedió con Batman y el Guasón, con el Hombre Araña y el hijo de Osborn, el de la corporación, el chetito ese que le disputa la novia a Peter Parker... ese que nunca recordaré como se llama.
La lista es larga, mucho más que larga: cada supehéroe que nace -víctima de la violencia que sufre- genera “sin quererlo” (pero “no one is innocent”, decían los Pistols, con justa razón y sabiduría intuitiva...) su contracara. Este principio fundamental del comic (y de la tragedia toda) está muy clarito en “The Unbreakeable” de Night Shyamalán, que si no la has visto... acabo de contarte el final.
Y éste que acabamos de señalar -dentro de “Los Increíbles”- es solo el recurso trillado número uno, porque hay otros, muchos más.
También está la camaradería entre héroes expresada hasta el hartazgo por Marvel y DC a través de sus ligas de la justicia, superamigos y otros recursos mercadotécnicos disfrazados de recursos narrativos en los que se nucleaba una buena cantidad de héroes en una sola historia para hacerla rendir a tope.
Y asoma también el calor familiero que Robert Rodriguez supo imprimirle a los tres capítulos de su serie “Miniespías”.
Todo está allí: puesto para contar esta gigantesca historia, la de un familiar puñado de héroes modernos que no temen ser parte del recurso dramático clásico y el esteticismo rigurosamente normal de los de su raza.
¿Y?
"¿Y entonces dónde está la gracia?", me preguntarás. La gracia está, te diré, en el buen uso de los recursos preestablecidos que esta gente utilizó para confeccionar este film. La gracia es la de servir el mejor pan, horneándolo en tu novedoso horno, pero utilizando la más clásica de las harinas y evocando a la perfección aquel viejo, sustancioso e irresistible sabor: el de los mejores panes.
Esto te va a parecer medio descolgado, pero seguime: en 1919, Alphonse Alais sorprendía al mundillo de la crítica literaria europea inventando un beodo y ultracarismático héroe en papel: El Captain Cap. Hubo quienes encontraron en este personaje al más insólito de los héroes posibles en un mundo moderno -en ciernes hacia la postmodernidad-, una suerte de personalidad inédita capaz de revelar desde su peculiar desparpajo, su alegría etílica y su delirante plataforma política, la mentalidad de un hombre nuevo por coimpleto. Sin embargo Alphonse Alais, fiel a su yo más sarcástico, dijo alguna vez acerca de su personaje más famoso: “Captain Cap es el producto de la más vulgar sumatoria de la personalidad de mis amigos más vulgares”. Tomá mate...
Cito a Alais no por mero capricho. Viendo “Los Increíbles” llegué a pensar sin rodeos que, precisamente, la belleza de estos personajes radicaba en ser tan vulgares en su esencia.
Vulgaridad, o cándida normalidad (llámenlo como quieran) es lo que persigue el escritor/autor que quiere acercarnos de corazón a sus personajes. Busquen donde quieran: en las miserias más comunes y ordinarias de un inquilino llamado Raskolnikov, en los pedos que Shrek se tira en la bañera, en las decisivas sesiones de acicalamiento y chismorreo que la Fedra de Racine lleva a cabo en la tragedia homónima.
Busquen, busquen... el factor de acercamiento definitivo a los héroes siempre ha sido su costado más vulgar.
Sam Raimi lo entendió y mandó al Hombre Araña a lavar su traje a un laverap, la Rowling también lo entendió y le dio superpoderes a Harry Potter, pero también muchas actitudes y razonamientos bien pero bien muggles.
La muchachada de Pixar llevó este postulado de la apologñia de la vulgaridad aún más lejos y profundizó un poco en la temática más difícil de profundizar: la que ya está remanida.
Un tipo clásico

Lo primero que hay que destacar es que en este caso -el de “Los increíbles”, claro- cuando hablamos de “la muchachada de Pixar”, estamos hablando del equipo habitual más el agregado de lujo del mentor del guión y los caracteres de los personajes: Brad Bird, un amante de los más clásicos cómics entre los más clásicos cómics. Ese amor por el tono clásico se nota a cada minuto de película, por más que el equipo innovador de Pixar juegue increíblemente sus cartas más asombrosas. La mezcla es deliciosa.
La familia increíble es terriblemente vulgar: un varón adulto que vive añorando los viejos tiempos, una mujer adulta que (¡por suerte!) no termina de sentirse satisfecha en su rol de ama de casa, un niño fastidioso, una adolescente retraída.
Entonces ¿qué los hace especiales?, ¿sus superpoderes?... no específicamente.
Tal vez en la posibilidad de re descubrir sus potenciales personales (en el caso de los adultos) y descubrirlos (en el caso de los chicos) bajo una situación de amenaza familiar esté la clave de la chispa y la sustancia de esta gran historia.
En "Los Increíbles", la sociedad -a través de sus despiadados abogados, sus chismosos y malintencionados “comunicadores” y esa masa bovina conocida como “la opinión pública”- han empujado a los superhéroes en general -y a la familia Increíble puntualmente- a abandonar sus poderes, ocultarlos, dejar de utilizarlos en beneficio de la sociedad misma.
Pues esa condición original de poder pasa a ser sinonimia de castigo. Los adultos de la familia tratan de inculcárselo a sus chicos todo el tiempo. Pero: ¿cuánto tiempo puede uno vivir ocultando lo que uno realmente es? A esta pregunta, sumamente sencilla y hasta si se quiere cursi, el bueno de Brad Bird le pone el pecho por completo. Y este sencillo acto de honestidad filosófica es lo que hace original la película.
La familia increíble no es puro entretenimiento, pero tampoco es disertación existencial del tipo Batman del Futuro. El medio suele ser el camino adecuado. Esta película es el medio, por eso es estupenda.
Que los integrantes de la familia se esfuercen todo el tiempo por escaparle a sus rasgos más vacíos y vulgares es un acierto, que Bird ponga el tono clásico y los muchachos de las computadoras el desparpajo innovador es brillante.
Todo esto junto es “Los increibles”, una aventura sensible y maravillosa que no habría que dejar pasar por alto así como así. ¿Qué esperás?: andá y buscate un niño de coartada para ir al cine ya mismo.
PD: celebramos la iniciativa de que las películas para chicos que se dan en Argentina se empiecen a doblar en Argentina, pero pedimos por favor a los responsables de esto que nos dejen de subestimar: existe una treintena de millones de argentinos que NO HABLAMOS COMO SI FUERAMOS PORTEÑOS. Ténganlo en cuenta a la hora de doblar

Miércoles,15 de diciembre de 2004
Cuadrito x Cuadrito
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