
01. Portales son portales
La mejor manera de definir este film es llamándolo por su nombre: esta película es un portal.
“Charlie y la fábrica de chocolate”es el último largometraje de Tim Burton, otrora niño maldito del mainstream hollywoodense, hoy devenido en experimentado realizador de un circuito que lo ha corrido hacia los márgenes de la atención monetaria de los grandes estudios y lo ha vuelto a poner en el centro ya varias veces.
“Charlie y la fábrica de chocolate” es una película alucinada; un festival de derroche de ingenio en tanto dirección artística y fotografía; un petardo a la mente adormecida de quienes estamos ya demasiado acostumbrados a los convencionalismos en materia de forma y contenido dentro del cine.
“Charlie y la fábrica de chocolate” es un auténtico portal de iniciación al cine grande para todos aquellos niños que nos rodean. Estén atentos, ustedes, adultos conocedores del cine arte. No desaprovechen la oportunidad de interesar a nuestr@s pib@s en otros horizontes, los que trasciendan la linealidad de toooodas esas historias que día día consumen como si fuera el único cine que pueden ver. En este sentido “Charlie y la fábrica de chocolate” es un buen rito de iniciación, una película fundacional para el futuro imaginario cinéfilo de nuestr@s pendej@s.
02. Psicodélico héroe trágico

Sí, “Charlie y la fábrica de chocolate” es una remake. Tal vez lo que más haya interesado a Burton para acondicionar a su gusto esta vieja historia es redescubrir la figura de un héroe tan interesante como polémico: Willy Wonka (interpretado magistralmente por el fetiche de Tim, el genial Johny Depp). Si bien los personajes de los chicos son notables y cada uno de ellos esconde un comportamiento perfectamente tipificable, quien está todo el tiempo en el centro de la acción es el gran Wonka, artífice necesario en esta historia en la que se desnudarán virtudes y (en mucho mayor grado) miserias. Willy es inmenso (si visualmente se parece o no a Michael Jackson ¿a quien le importa?...), un autodidacta, un rebelde de la norma familiar establecida, un talentoso megalómano redimido. Excéntrica, pero atractivamente desarrollado a lo largo de la película, el personaje de Wonka se muestra completo durante el transcurso del metraje. No hay arista de la compleja -y un poco torturada- personalidad de Willy que no conozcamos al finalizar el film. Y eso es un placer. Lo delicioso es que todo está planteado en el guión con un poco de surrealismo (la secuencia del salón de las banderas es sencillamente brillante en este sentido) y muchísima sutileza: todo sobre Wonka nos es revelado, pero ojo eh... si bien sabemos que piensa y siente el héroe, nada sabemos sobre su propósito al convocar a l@s cinco chic@s/estereotipo a su fábrica. Genial, una suerte de thriller hitchconeano para niños se desarrolla frente a nuestros ojos. Como en “North by northwest”, o “la ventana indiscreta”: conocemos pelos, mañas y modo de pensar del héroe, pero poco sabemos de las peripecias que le tocan vivir, o -como es el caso puntual de Wonka- las que él mismo construye.

¿Por qué Willy Wonka invita a pasear por su exuberante fábrica a una pequeña bestia ultracompetitiva, a una caprichosa sin razones, a un hiperinformado frívolo y violento niño, a un angurriento nato y a un pibe de la clase trabajadora sin expectativas de progreso? Ese es el nudo de un argumento brillante, la excusa para adentrarnos en el mundo de Wonka, un héroe trágico -en el sentido más clásico del término- que atraviesa por una peripecia tan extravagante como sabrosa, tan alucinada como intensa y -finalmente- nos arroja catárticamente sobre un final anunciado pero poderoso, donde las actuaciones son expresionismo puro, la música un típico trip “elfmánnico” y la dirección de arte más trabajada por un tipo (Burton) que siempre ha cuidado ese punto con detallismo casi perversillo.
Mientras tanto nuestros pibes miran con atención total. No deberíamos perder la oportunidad de dejarles ver este precioso relato, una dulce enajenación que conduce directamente hacia un planeta único y emocionante: el cine grande, ese que queda para siempre.

Miércoles,28 de diciembre de 2005
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