
01) Spielberg... ¡¡víctimas NO!!
Por Martín Valbuena
El otro día fui a ver “La guerra de los mundos” . Antes que nada debo aclarar que hace mucho que no veo este tipo de películas y reconozco que fue un error, porque sabía con que me iba a encontrar. Para que no les pase lo mismo necesito decirles además, por qué estoy enojado.
Pero bueno, ahora entremos al cine.
La película arranca como cualquier mega producción hollywoodense, los primeros diez minutos encandilan. Pero el mundo, mejor dicho USA, se desayuna con un ataque de extraterrestres nacidos del interior de la tierra que chupan sangre humana y exterminan todo lo que encuentran.
Obviamente no podía faltar el típico loser, casa, auto, licuadora y balón de fútbol americano que está divorciado y tiene hijos. El protagonista, Tom Cruise, pasa de ser un don nadie a ser el elegido, al mismo tiempo que logrará lo que no pudo hasta ahora, “encontrarse” con sus hijos, e intentará además, pertenecer a los actores a los que no se les pide más que una mirada, un ridículo.
Sigamos con la película.
A partir del minuto once -confirmo- las películas de Spielberg son todas iguales.
Después de dos horas de fuego ininterrumpido el protagonista logra escapar junto a sus hijos demostrando que una situación externa, mágicamente puede transformar esa relación íntima. Ahora, la primer lectura “nadie nos vencerá, ni los endemoniados mounstrikers que ahora viven entre nosotros y que en otra época eran buenos y venían del espacio”, pertenece al viejazo sin escala que Spielberg no soportó y se fue trazando a través del rodaje, lo firmo.
Entonces las películas de Spielberg explotan en los trailers, pero cuando empieza a rodar la cinta, aparecen los fantasmas, la historia se empieza a caer a pedazos y ya ni los tiros la salvan.
El film termina como la novela.
Siento, acabo de tirar $10 a la basura...un libro, un disco...tres pibes comiendo.
Personal: Che Spielberg, para cerrar debo decirte algo. Las cosas como son, puedo entender que para mantener el régimen la propaganda sea lo último que se pierde, pero dejar traslucir su imperialismo creyéndose víctimas, es demasiado. Te escribo esto desde el sur de América, desde una tierra invadida que ha sido víctima de todo, hasta de sus propios habitantes, y no puedo dejar pasar este momento, donde ustedes los poderosos, aprovechan la confusión general para seguir alistando hombres.
Nada más, recuerden... $10 en entrada son $10.
Tatu Muganda Vive

02) ¿Y los diálogos?
Por Fernando Barraza
No existe un deporte internacional que se llame “péguele a la superproducción sólo por ser superproducción”, sin embargo muchos comunicadores, críticos, comentaristas o aficionados al cine solemos practicarlo. A veces somos un poco snobs y, enfervorizados con la idea de desaliñar un poco la máquina de hacer chorizos de Hollywood, prendemos fuego a cualquier película que salga más de diez millones de dólares.
Este no será el caso, porque la película de Spielberg como superproducción está bien: cumple con los requisitos del “género” y hasta podría decirse que los dignifica si se compara la película con bofesviolentomachistasrepublicanetos como “Rápido y furioso” (siempre la termino usando como ejemplo de cine terriblemente malo, ¿no?). Pero lamentablemente el punto de comparación inmediato de la última película de Spielberg no es ninguna cinta protagonizada por Vin Pedazodecarneconojos Disel ni por The Inventodelamtv Rock, sino que en el espejo en la que hay que cotejarla se encuentran “La guerra de los mundos”, una de las mejores novelas de anticipación jamás escritas y la otra “La guerra de los mundos”, película que en 1953 dirigió Byron Haskin y que muy bien capitalizaba mucho de los puntos esenciales del relato de Wells.
En este sentido la película de Spielberg pierde -chiste fácil- como en la guerra.
Muchas de las preguntas que se compilarán a continuación, pueden llegar a dejar una idea somera del por qué se recomienda desde aquí no prestarle mayor atención a este film:
¿Se puede hacer una película basada en una novela y no poner casi ningún diálogo sustancial dentro de ella?, ¿puede una niña de diez u once años demostrarle al mundo que la más famosa estrella masculina del cine norteamericano es de madera?, ¿una adaptación de la novela de Wells sin tocar el tema del comportamiento humano en ningún momento es una adaptación de la novela de Wells o es cualquier cosa?, ¿podrá tolerar Spielberg en el futuro que desde los guionistas de South Park a los de Saturday Night Live -pasando por todos los guionistas contratados por los Zucker- le saquen el cuero a los giros personales y ridículos que le imprimió a la historia?, ¿por qué funciona una cámara de video en una ciudad en la que no andan ni los relojes de pulsera?, ¿por qué un avión se cae sobre una casa, destroza e incendia todo el vecindario y la camioneta en la que tienen que huir los protagonistas no se hace nada y sigue andando?, ¿por qué los abuelos de los nenes están limpitos y cambiaditos en medio de una invasión extraterrestre devastadora?... mucho cgi, muy pocas ideas.
La novela de Wells es un muestrario alucinante de conductas humanas, bajezas y grandezas que fluyen en torno a una catástrofe imparable, guiños sociales, comportamientos privados y profundos análisis de la esencia humana. Terminás de leerla y llegás a una sola conclusión: nos creemos demasiado listos y solo somos un pequeñísimo eslabón en la cadena universal.
La película de Spielberg es un show de fx bien logrados protagonizado por un actor malo. En su interior solo trae inoculaciones de miedo: miedo a que nuestros hijos vean (el tipo se pasa tapándole los ojos a su hija durante todo el film) y miedo a todo (tres veces alguno de los personajes pregunta si los ataques marcianos fueron realizado por “los terroristas”). Pero de eso les va a hablar mejor Pablito en el comentario que subsigue al que subsigue a este. Es así: terminás de ver la versión de Spielberg y sólo querés ir a tu casa a dormir.
¿Lo bueno?: que Dakota Fanning trabaje tan bien aunque su personaje sea tan feo y que no le hayan dado tanto texto a Cruise, los veinte minutos en los que sale la primera máquina de abajo del asfalto (continuos, casi de desembarco en Normandia en “Rescatando al soldado Ryan”), la edición de sonido es espectacular, los alaridos de las máquinas de guerra marcianas son escalofriantes (aunque el “uuuuuuhhhhloooooooo” de la edición radiofónica que te regalamos aquí es también muy impactante) y la narración en off de Morgan Freeman... que es lo único que se adapta fielmente a la novela de Wells.

03) El futuro llegó (hace rato)
Por Amanda Frei
2 de la mañana. Vemos que estrenan "La guerra de los mundos", de Steven Spielberg. Dos datos optimistas: recordamos que Orson Welles, allá por el`38, conmocionó a los EEUU cuando se le ocurrió transmitir por radio que los extraterrestres nos invadían... y el recuerdo de la última peli de Spielberg, "La Terminal", una buena metáfora sobre las fronteras y la absurdidad de los controles en un mundo globalizado ... decidimos darle una chance, y ahí vamos... es la madrugada de un viernes de invierno en una caja negra.
Y empieza... promete... dale que promete... hasta que empieza a caer... Y... ¿vieron qué feo es «saber» cuál será la próxima escena? La primera vez que sucede pienso que tuve suerte, la segunda pienso que quizás mi futuro esté en la realización de guiones cinematográficos; la tercera me deprimo, porque debo reconocer que no era yo la iluminada, sino que nunca hubo nada oculto. Y en mi mente se comienza a escuchar -sutilmente en el comienzo- un lamento ahogado: “¡ay, Spielberg! ¿porqué me decepcionas de esta manera???”
En términos muy poco técnicos: la peli es muy fantasma. Pero esto no es lo peor, hay un montón de pelis fantasmas entretenidas, atrapantes, con desarrollos y finales inteligentes; o que, al menos, no intentan decirte cómo tenés que vivir. En mi opinión, éste es el lado más flaco de la re-visión de La guerra de los mundos: el panfletarismo grosero de banderitas rojas, blancas y azules con unas estrellitas (¿les suena?) Nada más compatible con la cadencia de estos tiempos.
Hay un “otro”, diferente, extraño, desconocido, que viene sin abrelatas y en bandada. Y son malos, muy malos, malísimos, y nos atacan... y lo que es peor: sin ninguna razón... Porque “nosotros” (los humanos de las banderas con estrellitas y franjas) somos buenos, buenísimos... es más, el paradigma de ese “nosotros” es nada más y nada menos que Tom Cruise, con esa cara de nada, de chico WASP (blanco, anglosajón y protestante) medio torpe, pero bueno al fin. Él luchará, no para salvar al mundo, sino para salvar a sus hijos. En fin, al menos allí, en un gesto de asombrosa sinceridad, se revela la disposición individual, el sálvese quien pueda, también tan acorde con esta época...
La versión siglo XXI de "La guerra de los mundos" no pasará a la historia, excepto quizás como recordatorio del futuro que ya llegó, al menos al mundo occidental y cristiano: miles de nacidos inocentes ahora culpables, amenazados por un monstruo que en cualquier momento los sorprende en el autobús o en el metro; surgiendo desde las profundidades de la tierra, desintegrándolos. Sería bueno que al menos alguien se preguntara qué hemos hecho para merecer esto.

04) Una película de miedo
Por Pablo Scatizza
Seguimos teniendo miedo. Mucho miedo. Hacemos desaparecer de la tierra a dos naciones a puro bombazos, pero nosotros, los buenos, igual tenemos miedo.
Y queremos contagiarlo, queremos que todos tengan miedo; queremos socializar el terror.
Cuando en plena Guerra Fría se estrenó la primera versión cinematográfica de "La Guerra de los Mundos", el enemigo venía de afuera. Y era malo, muy malo. No perdonaba a nadie porque era realmente maléfico, como los comunistas que nos amenazaban desde la otra punta del planeta. Ya lo dijo el historiador Eric Hobsbawn: la Guerra Fría se basó más en el miedo a un enfrentamiento entre nosotros y la URSS (en especial, a un ataque de éstos últimos) que a la posibilidad concreta de que ese enfrentamiento se realizara verdaderamente. Para incrementar ese miedo, pocas cosas fueron -y son- tan efectivas como las películas. Ellas nos demostraron con imágenes lo que eran capaz de hacer los malos bien malos -los de afuera- para destruir los logros que hemos conseguido como buena humanidad capitalista que somos.
Ahora, nuestro querido Spielberg nos demuestra que el enemigo no viene de afuera. Esta vez, está adentro. En las entrañas mismas de nuestra sociedad. Como los terroristas que tiraron abajo las Torres de Babel, esta vez los malos bien malos estuvieron siempre entre nosotros, y nadie fue capaz de verlos. Les dimos de comer, los educamos, ¡hasta amor les dimos con nuestra tolerancia!. ¿Y para qué? Para que destruyan todo lo que hemos logrado construir con tanto esfuerzo.
Hoy el enemigo es interno. Puede ser tu compañero o tu compañera de trabajo; ese que dice ser tu amigo, esa vecina nueva que llegó al barrio. Y hay que tener cuidado. O mejor dicho, miedo. Hay que tener miedo, porque a la primera de cambio se abre un agujero en la tierra y los malos bien malos atacan. Y destruyen nuestras vidas, nuestros logros, nuestra tranquilidad.
Tengamos miedo. No dejemos entrar a nadie que no sea de la casa. No hablemos con extraños. Cerremos bien las puertas. El enemigo acecha, y esta vez está muy cerca nuestro.

Viernes,15 de julio de 2005
Cuadrito x Cuadrito
Tábanos molestando:(20)


