
• Que te caiga semen en el empeine del pie es muy tibio, suave y lindo. Seas del sexo que seas.
• El se excitó mucho porque ella se arremangó la pollera (no llevaba bombacha, claro), y se puso como una gatita en cuatro patas en la escalera. Intentó penetrarla, pero solo conseguía rozarle los labios de la vagina con el pene. Ella suspiró entrecortadamente y acabó con un orgasmo caliente como gol en un estadio. El se sentó, la acarició y se masturbó. Los dos reían cuando él -diez segundos después de que ella dejara de jadear- acabó sobre la remera de ella, rápido e intenso: como un perrito que quiere culear feliz en una tarde de verano.
• Si se ha prestado atención correctamente (sea en una masturbación o en un coito realizado en la ducha) habrá notádose que el semen en contacto con el agua se corta.
• Ella tenía fantasías con un negro brasileño. Cuando viajó a Porto Alegre tuvo un orgasmo salvajísimo con un rubiecito de boedo que trabajaba en el delivery de una pizzería de cuarta. Se enamoraron, ella se mudó inmediatamente a Porto Alegre y al poco tiempo tuvieron un pibe. Su vida es buena: la pareja sigue cogiendo con la ventana abierta y a los gritos.
• El olor a semen es una mezcla de olor a tiza, cerámica fresca, clavo de olor y crema de leche al borde de vencer.

• Ella -un tanto ausente- chupaba su helado con fruición. El la miró y le dijo: “¿por qué no chupas un poquito esta?”. Ella sonrió. Hace falta mucha confianza mutua para que algo así divierta, entusiasme... ¡y excite!.
• El semen corre por la piel con la velocidad del rayo.
• Ella insistió y él presto y encantadoramente servicial se la puso corriéndole apenas el shortcito azul de algodón tipo jogging. Fue medio rápido, pero estuvo bueno. Había mucha humedad como para que todo fuera una celebración. La humedad es al sexo lo que el limón a un buen pollo. La humedad en el sexo es festejo y coparticipación.
• El gusto del semen no se comenta... porque a algunos le da asco.
• A ella le encantaba ver a los perros coger en las plazas. La excitaba mucho. Volvía a su casa y se masturbaba suavecito, con esas tocaditas que hacen ver a los dedos como si fueran en tablitas de surf por los labios de la vagina. Un día se lo contó a su novio. El se asustó y la dejó. Ayer conoció a uno que paseaba a un bull terrier... fue amor a primera vista. Las medias naranjas existen, aunque usted no lo crea.
• El semen en los dedos: alegría de púber que se lame solo, risa de muchach@ adolescente que recién está amigándose con el coito celebrado con el torpemente bello pene de su noviecito.

• Ella le había enseñado a ella que un beso podía ser más disparador que mil pijas apuradas. No era del todo cierto. O sí. Nunca lo sabremos. Pero ellas fueron felices, que es lo que importa en estos casos.
• El semen es tibio.
• Esta es la historia de un cuarentón que cuando era chico miraba Titanes en el Ring con sus hermanos más chicos. Después se encerraba en su pieza e imaginaba que él era la Momia Negra y que el Ancho Rubén Peucelle se la ponía bastante fuerte, agarrándolo por atrás, bien a lo macho. El se resistía al principio, pero después, cuando la ancha de Peucelle le entraba toda, se ponía a gemir como un gatito. Sus hermanos tocaban la puerta y él se hacía el pelotudo. Con el tiempo perfeccionó su fantasía. Se quedaba solo en casa y, mientras se masturbaba enérgicamente, abría los cantitos y se metía la punta del pasamanos de la escalera despacio (tampoco era cuestión de lastimarse...). Era un luchador feliz de ser tan rudo.
• Él tenía la pija como un puente, y ella tenía la concha como el río. Que pareja mis amig@s... ¡que pareja!
• El le dijo: “mirá, yo te cojo así para que vos aprendas que el dominio también es placer”. “Callate, date vuelta y mové las caderas”, le contestó ella, mientras y le metía de a poco su fino desodorante de tubo por el culo; él gemía y ella se reía sin parar. Eran tal para cual.
• Habían tenido una intensa jornada de sexo anal por primera vez los dos... y ahora él era feliz. Jamás había imaginado antes que era así... tan homosexual. Luego se enamoró y su familia lo echó de casa: "me voy, feliz y con mi culito bien activo" se dijo; y brindaron por eso en la intimidad de su cuarto.

• Ella se la chupaba con maestría absoluta. Él quería chupársela a ella en un 69 fallido. Y no podía hacerlo bien. Estaba tan excitado que lo único que hacia era agarrarla de las caderas y jadear sobre su coño con los ojitos cerrados. Él pensaba que el acto era incompleto, mientras ella -sin sacarse esa pija de la boca- resoplaba y acababa con los tiernos alientos de su novio, que le humedecían el clítoris en una lluvia/rocío de amor incomparable.
• Ella le metía el dedo en el culo y -a pesar de los prejuicios machistas del resto- así eran felices noche por medio.
• Ella logró que él venciera la timidez y lo convenció de que se la cogiera allí, en plena oficina, sobre una silla de esas con rueditas. La silla enloqueció con ellos y pasearon por toda la oficina. Tiraron una computadora mientras acababan y todo. Cuando volvieron en sí nada fue lo mismo.

• A él le volvía loco que ella se desnudara, pero le pedía por favor que se dejara las medias puestas. Luego supo que a eso le llamaba fetichismo. La gracia a partir de ese instante ya no fue tanta. El intelecto suele ser pacato, ¿no?
• Dicen que ver coger a los gays no es tan excitante como ver coger a las lesbianas. Pero debo confesar que ver a estos dos cogiendo suave pero con fuerza en el asiento de atrás del auto fue realmente hermoso.

• A que no no nos creen ésta: ellos tenían sexo oral mientras escribían esto.
• Miren que postal: dos chic@s, dos lenguas, mil besos y una zanahoria.

Jueves,10 de marzo de 2005
La importancia de llamarse inclasificable
Tábanos molestando:(25)


