
01) El mal enfoque
La desmesura no es problema alguno dentro del universo cinematográfico de Almodóvar. Es más: es uno de sus aciertos mayores, su firma, su toque visible. Lo ha hecho de joven, cuando un asesino torero clavaba espadas en la nuca de sus víctimas antes y/o después de masturbarse frente al televisor buscando estímulo en las violentas imágenes de los canales de noticias. Lo hizo al entrar en lo que él mismo llamó de manera muy romántica su “otoño creativo” (en referencia a la madurez que había sentido que alcanzaba al seguir cumpliendo años), cuando contó la historia de aquel encumbrado funcionario de la justicia que por las noches cantaba convertido en una hermosa drag queen y así, travestidamente bella, amaba salvajemente a la hija de su estrella imitada mientras ésta colgaba de un caño del vestuario del cabaret. Todo sin mencionar en profundidad a la mujer del monoblock suburbial que tenía sexo con alguien a quien ni conocía en las duchas del gimnasio en el que limpiaba, o a la cosmetóloga que maquillaba muertos y los resucitaba con el portalámparas de un velador sin bombilla, o al padre del adolescente muerto en un accidente de autos que tenía unas tetas de silicona de como 100, o al más reciente enfermero introvertido que amaba hasta la locura a la jovencita en coma y tenía un hijo con ella sin que ella se enterara. Almodóvar -felizmente- siempre fue desmedido, y en esta ocasión lo vuelve a ser. ¿Cual es el problema entonces?: el foco.
Pocas veces en su carrera (dígase nunca) Almodóvar ha errado tanto en el foco del asunto que intentaba mostrar detrás de sus historias desmedidas. Porque si algo hace grande al cine de este tipo es esa corriente de identificación con los sentimientos claramente expuestos en las historias. Sabemos cuando sus personajes son movilizados por el desamor, cuando adoran o temen a la soledad, cuando van de cara a la muerte o cuando intentan esquivarle a su presencia. Si le miramos a los ojos a esos freaks que Pedro planta frente a la pantalla sabemos siempre que es lo que quieren y hacia donde irán en el transcurso de la narración podrá ser una sorpresa, sí, pero nunca un desacierto. Desacierto es otra de las palabras/sensación que rondan en torno a “La mala educación”.
¿Hacia dónde va Almodóvar y adónde van sus personajes dentro de esta historia? Nadie lo sabe, y ese nadismo descabezado parece ser el feeling y motor de un film confuso y por momentos atolondrado.
Cuando se dio a luz la información que daba cuenta de que Almodóvar filmaría una película ambientada en los ochentas, más de un fanático de este gran hombre del cine (este cronista se incluye, claro) pegó un alarido de alegría al cielo. La oportunidad era un lujo total: tras el golpe revoltoso, también intimista y tremendamente humano de “Hable con ella” Pedro nos traería hasta la sala una postal de los ochenta, esa década que lo forjó, que lo hizo brillar y que lo colocó en el podio mayor de quienes mejor han radiografiado aquella década de spandex, colores irritantes, cocaína, yuppies anodinos y rebeldes con causas más que justificadas.
Si él había sabido fotografiar tan bien la década, aún siendo un inexperto jovenzuelo montado sobre las caderas de Pepy y Lucy, ¿cómo no esperar una maravilla ahora que es un tipo grande y que ya tiene el pulso, la experiencia y la solvencia narrativa para hacerlo? Pues vale decir que la espera ha sido infructuosa: Pedro se ha atolondrado y nos ha bombardeado con pocos personajes pero terriblemente confusos, seres con demasiadas motivaciones acumuladas para ser quienes son y sin ninguna motivación para llevar adelante el relato en esa actualidad en la que transcurre el film. Es decir: Almodóvar malgasta granparte del tiempo de la película contándonos por qué es que sus personajes son quienes son; algo que casi nunca necesitó hacer. Una mala tentación, un error de foco: explicar algo tan pasional y abstracto como la desmesura puede llegar a ser de lo más confuso y aburrido. Parece que Pedro no se ha dado cuenta de ello.
02) La mala edición

Y no solo hay aquí un problemita con un guión que explica demasiado por qué sus personajes son lo que son (¿y qué son?), sino que también tenemos aquí otra actitud inédita en la obra de Almodóvar: la narración se tropieza, se atolondra, se dispara climáticamente hacia cualquier lado. Nunca antes le había sucedido esto a alguien tan temperamental y genial conductor como Pedro. En “La mala educación” por momentos da la sensación de que Almodovar ha tenido un problemilla con el acelerador de su auto/película y éste se ha quedado pegado en las curvas, doblando el carro a toda velocidad, a punto de volcar, y se ha despegado en las rectas y al manchego le ha dado un poco de miedo acelerar nuevamente para que no se achanche el relato (por temor al vuelque en las curvas quizás...) Aquí hay un problemilla de edición bastante serio, las escenas y las secuencias son desparejas, la continuidad (no el sentido de verosimilitud, que es perfecto, sino en el sentido estético que es desprolijo) es espantosa por momentos, hay un par de fundidos a negro y de cambios exterior/interior que son chocantemente precarios. La resolución del film, por ejemplo, es como una sola viñeta que llega a destiempo, cuando la historia ya está demasiado dilatada y ese destape final se presenta en la explicación de uno de los personajes, que escupe todo tan rápido que da la mala sensación de que hay apuro por terminar el film. Una edición de este tipo es letal para la poética almodovariana, porque Pedro es un tipo que siempre se maneja al filo del abismo el clima pasional de sus películas, él es un maestro en lo sentimental. Si Pedro sabe llevar las riendas del tiempo/edición de sus películas consigue momentos que son como lanzas (recuerden a Chavela cantando en la tele mientras la Paredes llora con las gafas puestas en el bar), si Pedro tropieza sin darse cuenta contra la complejidad de sus propios personajes y encima no maneja los tiempos con solvencia, cae inevitablemente en la cursilería anodina de -por ejemplo- la trunca carta de Ignacio en el último segundo de ésta, su última película. Problemitas insostenibles de la mala edición...
03) La mala actuación

Almodóvar siempre ha sido un excelente director de actores. Supo quitarle los tics recurrentes a la Roth, supo dotarle una expresividad fuera del personaje dandy a Bosse, puso en llamas a la Maura como nadie lo ha logrado (bueno, tal vez lo ha empardado De la Iglesia en “La comunidad”), consiguió la esencia venal de alguien un poco frío como Banderas y sacó el brillo más diáfano de la mirada de Victoria Abril. Pues este mismo tipo ha contratado a Fele Martínez para uno de los protagónicos y no sabemos bien por qué. El personaje que encarna Fele es aparentemente sensible, aparentemente inseguro, aparentemente talentoso. ¿Quién sabe? Martínez es una heladera y no alcanza a mostrarte casi nada. Sus caras de asombro son... asombrosas. Sus caras de duelo son... asombrosas. Sus caras de consternación son... asombrosas. Y así.
Esta es la primera vez que Almodóvar deja que uno de sus actores principales haga agua. Y bien que la hace...
Así, imagínate tu, con uno de los protagonistas descuidado, con una edición descuidada, con un guión demasiado explicativo de los sentimientos, a Pedro le ha fallado su muñeca kitsch y profunda a la vez. Si esta era probablemente una película esperada en tanto temática (iglesia, homosexualidad, abuso infantil, década del ochenta, etcétera), Pedro la ha zambullido a la pileta sin antes enseñarle a nadar. No caeremos aquí en proclamar el acabose de un gigante del cine... tan frívolos no podemos ser. Tomemos a ésta como su película más floja. Una en la carerra de un hacedor de grandes films.
Solo rogamos que Almodóvar se rescate y no abuse tanto de los propios clichés que él mismo ha inventado hasta vaciarlos de contenido emotivo (mira a Woody Allen, Pedro, míralo una y otra vez). Dicen que ahora está filmando con la Maura, y que vuelve a los suburbios de Madrid. Eso nos entusiasma, porque la última vez que anduvo por los suburbios fue en "Carne Trémula", y le fue de perillas.
Vamos Pedro, enciende tu propia luz y recupera tu alocada pasión otoñal. Tu puedes manejar tu universo, contrólalo. Ve y hazlo Pedro, los que adoramos tu punto de vista lo estamos esperando.

Jueves,12 de mayo de 2005
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