Mi infancia terminó el día que mi madre se enteró de que yo la engañaba haciéndole creer que todavía creía en Papá Noel. ¡Cómo envidio la perspicacia de aquellos prodigiosos años en los que el pensamiento filosófico y la comunicación directa con el Universo eran cosa de ir al patio y dialogar con el propio raciocinio! Por ejemplo:
¿Será cierto que si me trago una pepa de mandarina me crecerá un árbol de mandarinas en la panza? Mmm… no suena lógico. Con semejante riesgo las mandarinas seguramente deberían estar prohibidas. Descarto la posibilidad, además de que ya me tragué muchas pepas y nunca sentí siquiera una plantita en las entrañas. Lo mismo ha de ser aplicable a los chicles, tragárselos no puede tener ningún efecto trágico, de lo contrario no me dejarían comerlos.
Recuerdo que quería la moto de Mag Dog, uno de los “malos” de Rambo (ya de pequeño que prefería a los malos). Simplemente me quedé simulando el sueño hasta las cuatro de la mañana y a esa hora vi (con los ojos semicerrados) a mi mamá entrar en puntillas de pie y depositar el juguete en el suelo, cerca de la cama. Tenía cuatro o cinco años, no más de eso. Esperé una media hora más, y cuando la ansiedad llegó al límite de lo humanamente posible “me desperté por casualidad” brincando de felicidad por “la llegada de Papá Noel”. Estaba claro que me convenía mantener el mito, por más que la tarde anterior había podido deducir la imposibilidad de que un sujeto sea “omnipotente”, y al mismo tiempo un gordo boludo, que se ríe por todo. La teoría de los duendes ayudantes era contradictoria y lo de los renos voladores un absurdo sin comparación. Yo sabía de animales, y no había renos que volaran. Ni mi casa tenía chimenea, ni la de los vecinos. Pero, tras pensarlo bastante, se me ocurrió que podría pisotear un poquito la verdad encontrada, en pos de la conveniencia que me aparejaría en un futuro mantener la apariencia de mi creencia en Papá Noel. Porque como él era una especie de “Dios omnipotente”, no tendría excusas para no comprarme lo que mis caprichos manden. No le veía ninguna ventaja a manifestar públicamente mi descubrimiento en el ámbito familiar. Eso sí, en el jardín hacía lo imposible por explicarle a los tontitos más grandes que Papá Noel (y con más razón los Reyes Magos), de existir, sería una especie de fantasma o ser espectral. No podían sostener lógicamente que no existían los fantasmas y que existía Papá Noel: o creían en ambos, o no creían en ninguno (me aprovechaba del hecho conocido de que todos los padres dejan bien en claro a sus hijos que los fantasmas no existen, para que no les den miedo las películas de terror). Siempre había algún retrasado que me discutía a muerte que lo había visto. Y yo le decía que estaba confundido, que era alguien disfrazado, que no sea tonto. El resto del grupo se quedaba confuso, en especial luego de mis inquisitivos interrogatorios acerca de la supuesta e imaginaria aparición:
¿Vos lo viste? ¿Lo tocaste? ¿Le tiraste la barba? ¿Tenía los renos? ¿Se fue por la chimenea? ¿Lo viste volar? ¿Seguro que no se parecía a algún tío o abuelo tuyo?
Hasta que intervenía algún adulto -la señorita, la mamá o algún adolescente inoportuno-, y me querían retar por andar “revelando mentiras”. O me llevaban aparte y con cara de cómplices me decían que tenía que respetar la ilusión de los demás, que si yo “ya sabía”, no le diga a mis compañeros, que esa decisión correspondía a los padres.
Dada mi integridad moral en aquellos felices primeros esbozos del entendimiento (cuán poco duraron mi integridad moral y mi capacidad filosófica…), no estaba a mi alcance el “negociar” una solución con los adultos, chantajearlos, exigirles precio a mi secreto. Así que simplemente me indignaba, y a la menor oportunidad volvía sobre el tema, hasta que se armaba de nuevo un revuelo en el jardín y me volvían a censurar. Una Navidad, calculo que la séptima desde mi nacimiento, fui demasiado “evidente” al señalar a mi mamá el juguete que quería que le dijese a Papá Noel que “me comprara”.
¿Anotaste bien má? Tiene que ser marca Joycis, y tener este certificado, porque sino es trucho… No te vayas a equivocar y pedir un Rambo made in China…
¿Cómo dijiste? En todo caso será Papá Noel el que te traiga el juguete… ¿no? ¿Vos creés en Papá Noel?
La falta de experiencia en mentiras rápidas me sorprendió en mi buena fe. De ahí en más, la economía (y no un estúpido gordo todopoderoso), decidiría la factibilidad de mis regalos navideños, todo por confiarme demasiado en que mi fe no sería nunca cuestionada por ningún adulto. En pocas palabras, jamás creí en Papá Noel. Desde que tuve memoria y la capacidad suficiente para “creer”, también tuve la de “descreer”, atando dos ideas bastante simples, pero que son el alfa y el omega de toda estructura de pensamiento. Me llevó un par de años más darme cuenta de que “el niñito Dios” también era un invento comercial… ¡pero todavía cuando se lo cuento a alguien me pasa igual que a los cinco años! Se enojan, patalean, y siguen creyendo en cualquier verdura, por más ilógica o ridícula que pueda parecer.
Exequiel
Lunes,24 de diciembre de 2007
Ficcionarios
Tábanos molestando:(2)
Excelente, conmovedor, muy tierno
[Molestá con algo]Jaimito le escribe a Jesús:
Querido Niñito Jesús:
Me he portado MUY BIEN este año y quiero que, por favor y si es posible, me TRAIGAS una bicicleta nueva.
Atentamente, Jaimito-
Coloca la carta debajo del árbol de navidad y ve la figura de la Virgen Maria, que desde el pesebre lo mira fijamente .
Arrepentido, rompe la carta y escribe nuevamente :
Querido Niño Jesús CREO que me he portado Bien este año, por favor TRAEME una bicicleta.
Cordialmente, Jaimito.
Nuevamente se dispone a poner la carta cuando siente la mirada de la Virgen Maria que lo observa fijamente.
De nuevo rompe la carta y vuelve a escribir:
Niño Jesús: NO ME HE PORTADO BIEN este año, pero si me traes una bicicleta prometo portarme bien el que viene.
Sin mas, Jaimito.
Va con la carta de nuevo al arbolito y otra vez la mirada de la Virgen Maria sobre él, penetrante.
Rompe otra vez el sobre y desesperado agarra la figura de la Virgen Maria, la pone en una bolsa y la mete en el placard cerrándolo con llave. Vuelve a escribir:
Jesús: TENGO A TU VIEJA . Si queres volver a verla, deja una bicicleta debajo del árbol .
No hagas la denuncia .
Jaimito
[Molestá con algo]