
Hace ya un tiempito escribí una reseña de un DVD de Jamie Cullum, el de su presentación en Blanheim Palace, donde terminé concluyendo que el enano es bueno. Habiéndolo visto en vivo en el Luna Park (¡qué emoción, el Palacio de los Deportes!) la impresión se reafirma: el enano es muy bueno. Toca bien, compone bien, arregla bien y encima es desenvuelto y piola.
El show arrancó muy puntual (21:40), unos minutos después de que una voz desde las alturas nos indicara que estaba prohibido fumar, filmar y sacar fotos (la hostia), advertencia amablemente subrayada por un pequeño ejército de señores de traje negro que se apostaron entre las plateas para amonestar a quienes se desacataran. Por suerte llegó el enanito salvador con una botella de tinto en la mano, invitándonos de entrada a relajarnos, disfrutar del show, bailar a mansalva y tirar ropa interior al escenario. Observando un poco la fauna asistente, no hubiera estado de más que Jamie también pidiera -como John Lennon- que los de la popu batiéramos palmas mientras las rubias chetas y los macanudos de la platea del frente sacuden sus joyas.

En casi dos horas y media hubo de todo: standards de jazz impecablemente versionados, los efectivos malabarismos de percusión con el piano, el uso del piano como trampolín, juguetes electrónicos de ritmo, la camiseta de la selección argentina con el 10 y “CULLUM” en la espalda, un batuque de tambores más bien brasileros, composiciones íntimas con guitarrita, anécdotas y chistes entre canción y canción, amenazas de mosh y hasta una canción a capella con el carismático enano sumergido entre las rubias chetas de la platea preferencial. No es para menos: Jamie Cullum tiene veintisomething y es el rey del mundo; tiene un talento extraordinario y una banda de primerísima clase (Geoff Gascoine en contrabajo y Sebastian De Krom haciendo maravillas con la batería), atrae al público jazzero, a quienes vienen descubriendo que hay algo más que pop y rocanrol y a las veinteañeras más hermosas. Sabe que su actitud despreocupada de jeans rotos, all-stars y remera venden y se divierte con eso.

No lo niego: a algunos nos hubiera gustado que se quedara un poco más sentado al piano, o que al menos hubiera un orden más definido a la hora de presentar tanta variedad. A lo mejor dos funciones: una con el circo y las rubias desaforadas y otra para sentarse con un whiskilín a escucharlo reinventar a Cole Porter, a Carole King, a Hendrix y a Sinatra.
Supongo que deberemos esperar a que el enano llegue a los treinta y defina el rumbo. Supongo que si Gascoine y De Krom lo siguen acompañando tomará la buena senda, que talento no le falta. Supongo que lo estaremos esperando en esa encrucijada y, bueno, si lo pierden las rubias que al menos nos presente alguna.
Rococó
Viernes,15 de septiembre de 2006
Lo vimos
Tábanos molestando:(1)
¡¡¡CÓMO TE ENVIDIO!!!!, SANAMENTE, SOY UN FANA DEL ENANO!!! QUIZÁS, COMO LOS VINOS DE GUARDAR, CON EL TIEMPO, MEJORA AÚN MÁS. ESPEREMOS LA PRÓXIMA BOTELLA ... SALUDOS WALTER
[Molestá con algo]