
En el 2005, nuestr@s amig@s (aunque ell@s no lo sepan) de lavaca.org le hicieron una excelente entrevista a nuestra amada (aunque ella no lo sepa) Lucrecia Martel.
Entre muchas cosas interesantísimas y profundisísimas de la charla, lavaca le preguntó a lalucrecia, así como quien no quiere la cosa: "¿Qué es la felicidad?". Cualquiera, empezando por el pedante de Maslíah, se hubiese levantado de la mesa del café o donde sea que haya sucecido esa entrevista, y se mandaba a mudar. Pero la Martel es tan pero tan dulce, talentosa, inteligente, sensible, valiente y desinformada de nuestro amor absoluto por ella que contestó más tranquila que si le hubiesen preguntado qué había comido al mediodia.
En su respuesta, arranca con algo tan pero tan pituco como esto: "Mi experiencia de la felicidad es sumamente parcial y estoy segura de que no voy a conocer nunca la extrema felicidad. Creo que la felicidad extrema es un bien común. Si es exclusivo no es entero. Quizás sea egoísta pero yo no estoy peleando solamente por los que sufren, yo peleo por mi propia felicidad que quisiera que sea un poco más extensa."
Y ahí, en ese mismo instante, se le ocurrió el documental (aunque lo sabría meses después) que compartimos en esta nota.
Es que para ejemplificar (o mejor dicho contraejemplificar) su concepto de felicidad como bien común saltó con el tema de las piletas y los barrios privados. "Si el bienestar es tener un paraíso privado estamos poniendo esos deseos en los pequeños niños bienaventurados de zona Norte".
Y siguió: "En esas reclusiones del agua límpida que son las piletas de natación en la casa y esa aspiración a tener tu propio lago impoluto, tu propia reserva personal de agua, para mí hay una idea aterradora y que va a serlo cada vez más en la medida en que más escasee ese elemento. En cierta forma creo que dentro de 20 años va a ser tan vergonzoso como haber tenido un esclavo en el siglo XVII. "
Y excarvó: " Porque un pequeño paraíso privado es una escenografía donde tu percepción no tiene ninguna contradicción, ningún cuestionamiento. A lo sumo te llamará la atención que en determinados horarios se prendan los regadores automáticos y dirás: "¿Es esto la lluvia?".
Y acertó: "Porque una villa miseria es algo que puede no existir, esas casas se podrían desarmar y hacer casas buenas. Esa realidad no es definitiva, se puede modificar. Si no uno empieza a naturalizar la pobreza y a naturalizar la riqueza, a dar por hecho que las cosas son así. Las cosas no son así. Todo es como queremos que sea. La realidad es una construcción que se puede transformar voluntariamente. Tenemos el mundo que hemos querido tener, no el único que se puede tener."
La ciudad que huye retrata la proliferación de los barrios privados en las grandes ciudades del mundo. . Se pasea por los alrededores de Buenos Aires, donde se han multiplicado exponencialmente esos espacios de privilegio voluntariamente segregados, máximos exponentes de la anti-ciudad.
Click al play entonces. Y a discutirla con el vecino.
De yapa, comparto con ustedes el cortometraje Rey Muerto, filmado en 1995 por Lucrecia Martel.
TiN
Lunes,3 de marzo de 2008
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