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DEBO EMPEZAR A BAJAR

Aterrizar en Cancún luego de casi 20 días en Cuba fue una experiencia diferente que el primer arribo claro, justamente aquí, en una de las capitales del consumismo capitalista. Los carteles publicitarios me agotaron en menos de media hora caminando por allí, y hasta me llamaba la atención la cantidad de autos que había! Demasiados.

De aquí a Playa del Carmen de nuevo donde ni bien llegué conoci a Jaime, un mexicano personaje, profesor de español, a los 10 minutos éramos re compinches y lo acompañé en bici a hacer unos trámites -ya que al otro día se iba a USA a vivir-, y luego me presentaría a Diego, un argentino quien a su vez me presentaría a Maby, una uruguaya para ver de entrar a trabajar en el bar en que ella estaba.

Es curioso esto, el solo hecho de estar tan lejos de nuestra tierra,nos da mas confianza de entrada con un compatriota para pedirle una gauchada pero como si fuesemos viejos conocidos o amigos directamente. Sin ningún tipo de formalidad, que en realidad nunca la hay pero es menos en estos casos, una especie de pacto de “estamos lejos de casa y debemos apoyarnos mas aquí”, es muy interesante. Porque además bien lo podemos hacer con otro latino también, pero es diferente. Con un paisano mío hablo de corrido, usando todos los códigos, gestos, expresiones, frases, caras y lunfardos habidos y por haber y con la total certeza de que seré entendida en un 100%... y esto es mucho.

Cuestión que luego de una semana, con una chamba que no me dejaba ahorrar que era lo que necesitaba y de convivir con un mexicano fumanchi desperté un día y dije “me voy a guatemala” y ahí nomás me levanté con resaca y todo encima, porque la noche anterior fui con una mexicana a recorrer discos y nos quedamos en una que daban canilla libre para mujeres! de no creer. "Pero cualquier cosa pido?" "si!" me contesta Gaby, cualquier cosa, asi que a falta de fernet pues le dimos al Cuba Libre sin asco toda la noche. Bailamos también, desde reggetón tan de moda ahorita, hasta cuartetazo de rodrigo, pasando por Sweet child of mine de los guns! que épocas...

Allí partí rumbo a Chetumal, ciudad en la frontera con Belize donde hacía noche para tomar el bus a Flores de las 6 de la matina del siguiente día. Al atravesar Belize los pinches cabrones me sacaron todo el dinero que llevaba, porque nos cobran a los latinos una millonada aún al estar en tránsito, y a los gringos nada. Encima no llegaba con la plata, tuve que ir a un cajero en Guatemala dejando mi pasaporte en migraciones, muy loco fue eso. Al final el chofer mexicano de nuestro bus me pagó la entrada en Guatemala y encima me regaló un agua fresca porque me vió toda sudada después de mi maratónica carrera en busca de un cajero, y pensé, “estos mexicanos hasta último momento sorprendiéndome y siendo tan solidarios”. Los gringos con quien viajaba yo a todo esto, ni amagaron a prestarme plata cuando les explicaba mi situación en la cola de migraciones (detalle al margen).

Mi primera impresión del país fue la distancia que ponen los indígenas, similar a la que sentí en Bolivia, pero menos. Es como que cuesta llegarles, se abren pero hasta ahí. Son muuuy tranquilos, mi amigo Javier sostiene que no les corre sangre por las venas sino horchatita y me contaba sus múltiples experiencias en el país en relación a esto, y es tal cual.

Por recomendación de mi amigo fuí entonces desde Flores a Cobán, mas al centro del país, a visitar el Parque Semuc Champei, donde hay un río que se mete en una cueva formada por un derrumbamiento de la montaña hace cientos de años y recorre como 300 metros por debajo. El agua empezó a pasar por arriba de la cueva luego formando unos piletones de agua cristalina, fresca y llena de pesces donde uno puede bañarse y refrescarse en medio de la naturaleza.

Era la época de siembra del maiz, con lo que las laderas de las montañas estaban todas con la tierra recién arada y las matas de maiz recién nacidas.

Allí alojé en un hostel en medio de la montaña, donde era la única huesped ese día! a la noche se cortó la luz asi que estabamos jugando dominó con los chapines que trabajan allí a la luz de las velas rodeados de verde naturaleza y mogollón de bichitos de esos que salen luego de la lluvia.

Aqui tuve la oportunidad de ver con mis propios ojos lo que había escuchado en Flores, que hay muchísimos hombres que andan armados por la vida como si tal cosa. El chofer de una de las combis tenia la pistola lo mas bien calzada en el bolsillo izquierdo de sus jeans. No me chocó tanto por estar al tanto de lo normal de dicha situación. Es mas, es normal que cuando beben y quieren festejar alguna cosa, o simplemente porque les gusta la canción que suena ahi nomas se hechan unos tiritos al aire.

De aquí viajé a la colonial Antigua, en el noroeste del país, donde tuve un respiro de "la caló" como dice el gallego, porque es una zona fresca, sobre todo en la noche y en la mañana, donde dormí tapada con dos mantitas y todo!.

El viaje fue como todos en Guatemala, agotador y contracturante por la cantidad de saltos que pega, van rapidísimo en sus viejos buses, agarrando pozos, y manejan de una manera que mete miedo. Agarran las curvas a una velocidad que llega a doblarse el bus, además porque van sobrecargados, son dos filas de asientos para dos personas y meten 3 en cada uno. Aquí como en otros países, los buses de larga distancia son los mismos que los de corta, entonces en un viaje de 5 horas igual van parando juntando gente, a veces desesperadamente, el asistente baja del bus y hasta te sube del brazo si te distraes. Por esto, el pasillo desaparece, es todo el bus un regadero de cabecitas allí, pero esto no molesta al asistente -que es el que cobra tambíen- porque hábilmente sale por la puerta de emergencia de atrás, y aparece en la puerta de adelante cuan mono, con el bus a todo motor cabe aclarar, o sea son unos pequeños suicidas en potencia.

En Antigua me encontré de nuevo con Javier que ese finde semana lo pasaba en su casa de Antigua y justo era la despedida de una amiga de él, otra española, asi que mas ron con coca esa noche, escuchando música, los hits ochentosos pero españoles, con los que ellos flipaban pero para mi no me decían nada.

Todo muy lindo, pero me quería ir de Guatemala ya. “Debo empezar a bajar” pienso mientras miro medio sorprendida en un planisferio la poca distancia recorrida hacia abajo en proporción a la que me falta...Y emprendo dos días de viaje desde Antigua hasta León, en Nicaragua, con parada obligada en Tegucigalpa.



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