CHICO EL GRANDE

El teatro hizo un silencio bastante notable cuando Chico subió a escena. Nada indicaba que el desalineado muchacho pequeño que entraba a escena fuera el Chico César superproducido de los afiches de promoción de su concierto. Sacando porcentajes intuitivos, un 65 por ciento de la sala no tenia mucha (por no decir NADA) de idea de lo que el pequeño gran hombre de Paracaiba venía a presentar a la ciudad. Solo algunas referencias de mentas y alguna canción suelta en pasada en algún programa de radio.

La sorpresa fue enorme cuando el muchacho que subió a escena (¡que parecía recién salido de alguna actividad superinformal y hasta deportiva!) se puso al frente de un raro instrumento ubicado sobre un extremo del escenario, una mezcla entre un berimbau y una cítara nordestina que el mismo Chico inventó para pasarla luego por un pedal de efectos, y tocó y cantó. A su lado, o convendría decir en el extremo opuesto del esenario, la gigantesca y carismática Priscilla Brigante comenzaba a demostrar el tamaño de su poder musical. Ella sería la segunda gran sorpresa dentro de la gran grata sorpresa toda.

Chico y Priscilla ya en escena, la magia no tardaría en desatarse...

Y la magia se desató a tracción sanguínea. En época como esta, tan dada al show bussiness en escena, a la multiprocesadora multimedia y al efectismo alla Hi-5, lo que lograron estos dos sobre escena no es poco...

Claro que la receta suena fácil, pero el preparado es de laboratorio. No da para que cualquiera logre espolvorear carisma así como el dúo lo hizo la otra noche aquí en Neuquén. A ver, que se entienda: sí da para que la gente vuelva a la raíz misma de la canción, pero no le resultará a todos, eh. Bien expresado sería: hace falta talento compositor, sentido estético en la búsqueda de lo que mostrás (¡concepto!) y la máquina perfectamente aceitada para conmover a ese montón de gente que no te conoce en una sala colmada.

Chicoy Priscilla trajeron todo como para que el por lo general apático y desertoso público neuquino cante y ría toda la noche.

No hay mucho más que explicar.

Brigante es deliciosa, posee espíritu y técnica, cualquier instrumento de percusión o accesorio que pase por sus manos (¡por su cuerpo todo!) sonará como caído de un cielo pagano, espirituoso y cálido.

Chico tiene la voz y las canciones, una técnica callejera pero impecable para tocar la guitarra, desparpajo y control. No hace falta mucho más para conmoverte así.

Beleza, así, en portugués. Esa es la palabra que define un concierto del que todos los presentes hablaron durante días.



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  • #1 ..··. Monica ··..· 10/04 .·.. 08:09

    Es totalmente cierto: Chico y Prisila estuvieron grandiosos. Ojala toquen de nuevo antes de fin de año como dicen!!!!

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  • #2 ..··. Martin ··..· 10/04 .·.. 21:42

    Beleza, estoy completamente de acuerdo

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