
Lo del viernes pasado no fue un recital. Fueron postales enviadas por un amigo sensible desde los destinos turísticos más insólitos.
En esta banda hay alma. Una sola: la de todos.
Lo del viernes pasado no fue una mera exposición de cualidades y virtudes instrumentales. Fueron arrullos, como los traqueteos amables y desinteresados que te entrega el tren cuando te estás durmiendo ni bien apagan la luz en el vagón de Turista.

No importa que esté pasando sobre el escenario, si todos van montados sobre el clarinete endemoniado que Moguilevsky pela en “Tal”; ni si el arpegio ultra ostinato de Cardozo en “Toto” sale disparado a toda velocidad, más potente, mágico y penetrante que en la versión de estudio; tampoco importa si es Vazquez el que dirige tres “Generalas” atónicas como si fuera Chaplin disfrazado de Karajan; ni si Dyzenchauz y Nikotián brillan por separados y juntos en la quietud esteparia de una milonga tan extraña como “A”.
Nada de eso importa: porque -por sobre todos los beneficios de poseer 5 instrumentistas descomunales- esta banda nunca deja de ser un alma uniforme, sólida, loca extravagante y sensible. Por eso son aclamados donde quieran que vayan: por la esencia, no por el virtuosismo.

Lo del viernes no fue un recital, fue un golpe bien dado por 5 cómplices chiflados, un momento de hiperventilación para el alma.
Vázquez desarrolló su altura inmensa en “el amor”, con una serie de expresiones tímbricas extra que la grabación de estudio de “Mañana domingo” no posee (increíble, ¿no?). Vázquez es gigante, sutil o vikingo: siempre genial.
Moguilevsky fue como una parra en la que todos se fueron a refugiar del sol, del viento, de la lluvia, del frío. De todo. Fue fluir con los clarinetes, con las flautas, con los silbidos y con la armónica (Marcelo: tenés que tocar más armónicas en vivo, queremos escucharte en ese trance puro swing). Moguilevsky es como el refugio y el color en este permanente paseo de Puente Celeste en vivo. Hasta se animó a cantar en “En este campo”, demostrando que el Chango Farías Gómez es Roxana Amed comparado con él.
Nikotián es el acordeonista más melancólico del planeta, lo demostró en “Vals”, mientras los silbidos de Mogui iban en otro plan, casi distendido. Detrás de sus sonrisas apenas dibujadas o de sus largos cierres de ojos, Nikotián te transporta. Siempre.
De Dyzenchaus solo cabría decir que es el sueño de cualquier agrupación musical, el tipo con el que podés contar para que sea una pared, o para que brille. O para que alterne ambas cosas juntas, a la vez.
Cardozo es un instrumentista, compositor y cantante estupendo, pero ¿por qué casi nadie se detiene en su poesía? Toto y su novia la grandota son dos personajes alucinantes, ¡y encima van en tren!. La decena de personajes que se encolumnan a por el sol en “Mañana Domingo” son como un pequeño muestrario de personajes de Lamborghini, o de Tuñón, pero incrustados en la megalítica Buenos Aires de ahora. “Chiquita” es una canción de amor que es casi una parada de colectivo a las once de la noche, con toda esa gente tratando de entender lo que vos ya entendiste, por animarte a entenderlo: “un dolor así es también el amor”.

Todo esto -siempre unido- funciona en una dimensión musical única. Por eso todos te advierten: "cuando los veas en vivo te van a partir el mate".
Agite
Eso, que parece un concierto, no lo es. Por momentos es una mañana en la que a Piazzolla le pusieron LSD en el cepillo de dientes (última “generala”, la de la intro a “Calma”); por momentos es el olor penetrante de la pampa húmeda cuando deja de llover y sale ese sol que parte las osamentas (“En este campo”, durante todo el tema); por momentos es un paisaje de soledad total (“A”, sobre todo promediando el tema); o una fiesta pagana sobre un carro desbocado (la versión del bis de “Tal”: in-cre-ible).
Así es Puente Celeste en vivo. Tené cuidado: con estos tipos podés llegar a irte a cualquier lado...

Martes,12 de julio de 2005
Lo vimos
Tábanos molestando:(1)


