Cerca del fin estamos, así que... guarrrrrrrda

ALGO PUEDE PASAR (Capítulo XXI)

La despedida

En 1318, bajo el amparo de Guido da Polenta, Alighieri se radica en Rávena, tras una larga peregrinación por el norte de Italia junto a sus dos hijos, Pietro y Giacomo. Dante había sido condenado a pena de muerte por la Señoría de Florencia al declararse en rebeldía, en el año 1315.

El poeta Guido da Polenta, amigo de Dante, logra después de una larga negociación con el papa Clemente, el asilo de Alighieri en Rávena, ciudad que estaba bajo su gobierno. En esos años Dante escribe el comienzo de "Monarquía", y redacta una tesis sobre la tierra y el nivel del mar; posiblemente, un trabajo realizado con Polo con motivo de una invitación que habían recibido para participar de una discusión académica sobre el nivel de las aguas, que se desarrolló en Mantua a principios del 1319. Finalmente termina el "Paraíso" entre junio y julio de 1321

La salud de Alighieri había decaído en los últimos años por los duros inviernos que debió sufrir mientras huía. Temiendo otra recaída le pide a Guido que disponga los preparativos de la embajada, que debía realizarse en Venecia, y su envío, al mando de la comitiva. Guido intenta persuadir a Alighieri del peligro que significaba viajar en su estado de salud, pero Dante, lejos de subestimar el consejo de su amigo, sabe que ésta quizá sea la última oportunidad de ver a Micer Marco. Polo ya no podría viajar con sus 67 años, y otro momento difícilmente se daría; la ocasión lo justificaba, compartir el último poema de la trilogía en Venecia. Así tuvieron su postrer encuentro... hablaron, rieron, lamentaron.

Florencia es una mujer sin atención

Micer Marco Polo lamentó ya no poder visitar a Florencia y ver "(...) tus lívidas mujeres vestirse frente a ventanas abiertas, que nada saben de pudor"; ¿pudor? No, nunca fue costumbre de tu Florencia amada. ¡Qué mujeres amigo, qué carácter!

- Costumbre suya de someterlas... ¿para qué?... Ahí las tienen, acostándose con la sirvienta, para llenar la soledad, para mantener el pudor. Esa parece ser la mejor de las suertes cuando ustedes hablan de engaños. Esa es la suerte de los mercaderes florentinos, ¡un buen par de cuernos!

Los hombres de Florencia no son muy distintos de su pan, amigo Dante, aún no le encuentran el sabor, la sal y el sudor al sexo pleno... de cuando se rompen las cadenas que gustan oprimirlas.

No he conocido un florentino que duerma tranquilo, que no tema una venganza... y ¿qué hacen? Más las oprimen, y ellas... más gastan. Lamento haber perdido el tiempo recorriendo el mundo, debí haberlo ocupado en vender cosméticos a tus mujeres; tarde di cuenta. Pero debo reconocer que muchos florentinos algo bueno dejaron al morir... ¡una viuda! En el mundo conocí viudas... tan... tan...

- No sigas Micer!!

- ... ¡Dichosamente libres! ¡Miento, sí conocí en cierto lugar una rara costumbre de los esposos, de entregarle sus mujeres a los viajeros de paso y como si eso fuera poco, dejar la casa hasta que el extranjero decida irse!. ¿Puedes creer que de eso obtenían suerte?

- ¡Ya varias veces te lo he creído, esta es la... tercera... cuarta?

- La memoria empieza a fallar, 64 años Dante, no es poco.

- 67

- 67... si, claro.

- Veo que tanto sabes de vanidad como ellas.

- No, no creo superarlas en el arte del engaño, no pongo manos en el fuego por una florentina, si no hasta verla desnuda.

- ¿Cómo están tus hijas?

- Bien... lejos de cualquiera de tus hijos, a Dios gracias.

- A... Dios lo han vuelto muy permisivo en estos años.

- Italia es un pueblo de fe Dante, qué más quieres?

- Respeto, no hipocresía. ¿De qué sirven las peregrinaciones, los ayunos al salir de los festines, cuántas orgías perdonará Florencia en virtud de la fe?.

- Bien sabes que el frate, el monje, es lo peor de los hombres. Los clérigos poderosos se dan los mejores festines, se embriagan de los mejores vinos, y para qué hablar de su lengua; blanca es la mía, si de ellos es la pureza.

- ...Marco, traje la copia prometida... Este es el paraíso.

- ¡Bueno, parece que dejarás de asustar a la plebe con tus sueños infernales.

- Si de algo sirviera...

- Bueno, debiste dejarlos un tiempo más purgando sus pecados.

- Italia necesita la unidad política, esclarecer su pensamiento...

- Y parece que también pretendes, no dejar otra opción que la lengua vulgar.

- El latín aburre... Pero dime Marco, has sabido algo de Rustichello?

- Hace tiempo no lo veo, supe que estaba realizando algunos negocios con el gobierno de Pisa, creo que comprando algunas esculturas griegas o algo por el estilo. Estilo, por cierto, decadente, ¡al que llaman... arte los italianos!; ya era hora de que importaran algo.

Rustichello... Rustichello... bien recibiría su visita; me adeuda derechos de unas cuantas copias, más de las pactadas por lo que he tenido oportunidad de comprobar... ¡No me lo recuerdes! Malditos copistas, escriben lo que se les antoja, apenas me reconozco; bautizan ciudades, personas, me cambian el recorrido. ¿Por qué no salieron a recorrer ellos el mundo!

- No exageres Polo, ya de bastantes millones nos has hablado en tu libro... deberían llamarlo...

- ¡Te lo juro bolú, hay cosas que...

- ¿Qué... juro... qué...?

- Bolú, bolú, viene de boludo... nada, es un modismo que se me pegó de algún lado. Es lengua vulgar, de un ... vos no lo conocés...

- A tu libro... deberían llamarlo... el libro del millón.

- ¡No hables, no hables pavadas que vos lo más lejos que llegaste fue a Francia. Mucho libro, mucho libro pero poco mundo... ¡Silencio, silencio Italia! Dios nos dirige la palabra: ¡el poeta Dante Alighieri, se dirige al rebaño! ¡Pocos delirios místicos serán más grandes que el tuyo... ¿poema sacro, lo has llamado? ¡Por Dios!, qué... qué... ¿cómo decirlo? ...¡pedante! Después no te sorprendas si un día tus poemas aparecen bajo el título... Divina Comedia... florentino pedante...

- Micer, micer... ¿supiste lo de Casella?; se ha ido... a cantarle a los ángeles, junto a Sordello, cerca de Kublain... y... pronto temo a ellos unirme.

- ¿Así termina tu comedia?

- Ya terminó micer.

The end

Dante permaneció en Venecia durante una semana hospedado en la casa de los Polo, mientras daba cumplimiento a las últimas comitivas de su embajada.

Vuelve a Rávena en la tarde del 13 de septiembre de 1321, con unas fiebres muy altas y durante la noche muere en compañía de su amigo, Guido da Polenta. Lo sepultaron en la iglesia de San Francisco con todos los honores que Rávena y su iglesia pudieron dar a un hombre como él.

Micer Marco Polo se las arregló para llegar a los 70 años, aunque seguía diciendo tener 64. Siempre de buen humor, contando sus historias, travesías y aventuras repetidas. Llenas de fantasías, millones, bestias y peligros.

Extrañas predicciones literarias se manifiestan en el plano físico.

Ya hace un año y medio que estuve en la clínica y en este tiempo siguieron pasando cosas, raras. Me enteré hace tres meses que Horacio murió laburando en el puerto. Se embarcaba en una lancha pesquera, trabajando por dos mangos y lo poco que ganaba lo gastaba en pala, se enroscó demasiado. Me dijeron que fue una sobredosis pero no sé, no le hicieron autopsia, nadie la pidió.

Murió como en su sueño, como en la pesadilla del Dante, en un barco de mierda sacando pescados de una red hedionda. Murió también de olvido, también de dolor, murió de incomprensión, impotencia, de eso si tuvo sobredosis, pero esas cosas no salen en las autopsias.

La última vez que hablé con él fue por teléfono, me dijo que a Verónica la habían dejado a cargo de la limpieza, los tipos de Buenos Aires, los mismos que nos sacaron la ficha a nosotros; volvieron tres veces y parece que al final se dieron cuenta lo de Verónica también; Horacio me dijo que preguntó un par de veces por mi.

Del laburo en el puerto no me mencionó nada, decía que estaba bien; joda, mujeres, vicios; tal vez mintió. Me recordó que habíamos hecho en la clínica una promesa y me preguntó si iba a cumplirla, le dije que sí.

Es extraño, ahora recién me doy cuenta; esto iba a pasar, Horacio recitaba ese verso siempre que yo me reía de alguno de sus viajes, siempre que lo cuestionaba, terminó siendo predicción, la última. Hoy lo descubrí, nada grave por suerte. El libro tenía que terminar bien, eso fue lo prometido. Yo creo que Horacio estará contento con este final, él decía que un buen final tenía que ser como la vida misma, "...con esa dualidad de hospitales, donde a 10 metros de distancia nace y muere gente sin parar; alguien tiene que morir, alguien tiene que reír, me entendés negro"

De micer Marco y de Dante mucho más no sé; supuestos, nada seguro, inferencias de historiadores, no hay datos que sean realmente fiables. Sólo quedan impresiones, fragmentos, destellos del pasado que a veces veo, y no sé ya cuál es la realidad. ¿De qué verdades debería hablar, si es que no sólo una conozco?. Datos, fechas, números, documentos, papeles, puros papeles y nada dicen, y nada comprueban. ¿Qué sentido tiene hoy el pasado; ahí no está micer Marco Polo, tampoco el Dante, es apenas una descripción pasada, vieja y estática, una hoja verde de verano, una porción, no más que eso. Si yo fuese una hoja de un árbol, me preguntaría por qué la vida no es eterna, por qué en el otoño debo morir, pero de las eternidades, más conoce el árbol.

Entonces, sobre su amistad, más seguridades tengo del hoy que del ayer. ¿Qué otro sentido encuentra el árbol, si no el de crecer; y eso fueron Dante y micer Marco Polo, hojas de un árbol perpetuándose en semillas.

Si Marco Polo viviera... quizá hoy describiría el universo... o tal vez ya lo hizo... quizá fue Stanpledon, el que escribió Hacedor de estrellas; o por ahí fue el Dante... no, no, demasiado frío para él. Supongamos que acá están. Supongamos que los he visto y que hoy ya son luz, que al cielo pregunté por ellos y dos estrellas me saludaron, y aún después lo hizo una más.

Papeles, fotos, documentos... ya no tengo muchas ganas de seguir.

De la clínica... o quizá de un par de años adentro, zafamos bien; por esa ficha que Horacio decía tener guardada. El director de la clínica, parece que hacía tiempo necesitaba algo de terapia también, se acostaba con dos de las internadas y una estaba embarazada. Para meternos en cana estaba obligado a admitir que no estábamos enfermos y de hacerlo nuestra denuncia, le dejamos en claro, era un hecho.

Cambié nombres y ciudades donde todo esto pasó, sólo dejé un nombre real y es el de Horacio, por dos motivos, uno es por la garantía de seguridad que mis dos amigas, aún internadas, necesitan. Y el otro, simplemente es porque a Horacio no hubiera podido cambiarle el nombre.



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