
Esta película es muy linda, vamos a empezar diciendo esto.
Está dirigida y adaptada por el debutante Liev Schreiber. Debutante como director, porque es un actor conocido: verlo en La Suma de Todos Los Miedos, o en la trilogía Scream. La novela original es del mismo Jonathan Safran Foer, el protagonista de esta historia.
Merece que hagamos un esbozo de la historia, porque es un anzuelo agradable de morder: Jonathan Safran Foer es un coleccionista de recuerdos, especialmente propios y de su familia. Para recordar algo, lo mete prolijamente en una bolsita de náilon y después cuelga esta bolsita en una pared. Viste traje negro y corbata todo el tiempo, usa lentes "culo de botella" y casi nunca sonríe. Es judío, y de familia ucraniana. Al morir, su abuela le da una foto de su abuelo en la Ucrania natal; junto a su abuelo hay una misteriosa chica, pero no hay más datos.
Con su curiosidad de coleccionista, Jonathan se va a Ucrania a descubrir sus raices, y ahí empieza la película.

Se trata básicamente de una historia de contrastes. Jonathan es guiado a través d ela pequeña geografía de Ucrania por Alex Perchov, un ucraniano fanático de Michael Jackson y que quiere ser rapper, y su abuelo que oficia de chofer aunque trate de convencer a todo el mundo de que está ciego. Mientras los mismos ucranianos tratan de no recordar demasiado el paso de los nazis y la persecución de judíos por su país, llega un estadounidense obsesionado con recordar, con interrogar testigos del pasado, y con ganas de saber quién era la mujer de la foto, y quién fue su abuelo en Ucrania.
El personaje de Alex Perchov está a cargo de un cantante punk ucraniano (su banda se llama Gogol Bordello), un tal Eugene Hutz, que le chorea limpiamente el protagionismo a Elijah Wood (Jonathan Safran Foer), con un inglés muy bien chapuceado y una cara de piedra envidiable. Además, para los argentinos cae simpatico que el pibe traiga puesta una camperita de gimnasia a rayas celestes y blancas.

Más allá del casi ya desteñido tema de la persecusión nazi a los judios, esta película lo aborda desde un costado que es más universal: la importancia de no olvidar. Los argentinos tenemos una especie de compromiso con el recuerdo que no siempre es respetado. Aqui se habla de no sólo reconciliarse con el pasado, si no de también remarcar los errores, reconocer los viejos símbolos, para que los demonios no vuelvan. Se trata de saber quiénes somos a través de las vidas de quienes nos precedieron.

Viernes,12 de mayo de 2006
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